Descubre el interesante mundo de los satélites

Artículo realizado con la colaboración de Pablo Morillo ingeniero de pruebas aeroespaciales en Elecnor Deimos Satellite Systems.

En 1945, el escritor británico de ciencia ficción Arthur C. Clarke escribió un artículo llamado Wireless World en el que consideraba la posibilidad de crear una red de satélites de comunicaciones y para ello describió la logística de un lanzamiento de satélite, las posibles órbitas y otros aspectos para la creación de la red, señalando los beneficios de la comunicación global de comunicaciones de alta velocidad. También sugirió que tres satélites geoestacionarios proporcionarían la cobertura completa del planeta, pudiendo ser reemplazados cuando agotaran su vida útil. De esta forma la ciencia ficción estaba anticipando lo que tardaría más de 10 años en comenzar a convertirse en una realidad, cuando La Unión Soviética, desde el Cosmódromo de Baikonur, lanzó el primer satélite artificial creado por la humanidad, el 4 de octubre de 1957, a través del programa Sputnik, marcando con ello el comienzo de la carrera espacial. Esto provocó una reacción inmediata por parte de los Estados Unidos que en 1960 lanzó el Echo I como primer satélite de comunicaciones pasivo, ya que no estaba equipado con un sistema bidireccional sino que funcionaba como un reflector. Posteriormente en 1962 se lanzó el Telstar I, como primer satélite de comunicaciones activos, creando el primer enlace televisivo internacional. Desde entonces más de 26.000 objetos creados por el hombre han orbitado sobre la tierra y por lo tanto pueden ser considerados satélites, aunque en estos momentos se calcula que son unos 8.000 los que permanecen en órbita, de los cuales unos 1.419 son satélites y el resto forma parte de la temida basura espacial, objetos que miden más de 10 cm, ya que por debajo de esta cifra se estima que pueda haber unos 700.000 objetos orbitando la tierra.

Con esta introducción nos adentramos en el interesante mundo de los satélites, una tecnología que ha resultado fundamental para que la humanidad haya podido avanzar de una forma tan impresionante en aspectos como las comunicaciones, el conocimiento del planeta Tierra y la exploración espacial. Lo que vamos a ver a continuación es una explicación sobre qué son los satélites, sus tipos y utilidades, para posteriormente poder entender mejor las innovaciones que se están realizando en estos momentos para potenciar esta tecnología y las oportunidades de negocio que esto va a generar.

Tipos de satélites

Los satélites artificiales pueden clasificarse de distintas formas en función de la misión que realizan, de su tamaño o de la órbita que ocupan. En lo que se refiere a la misión que realizan o la finalidad para la cual han sido diseñados, que quizás sean los aspectos más interesante de cara a considerar las posibilidades de desarrollo de esta tecnología, encontramos los siguientes tipos:

Satélites Científicos: en donde se enmarcarían los satélites meteorológicos, que se encargan del estudio de la atmósfera, como el  famoso sistema Meteosat, que consiste en una serie de satélites geoestacionarios construidos y lanzados por la ESA, operados por la Organización Europea para la Explotación de Satélites Meteorológicos (EUMETSAT) y que proporcionan información meteorológica a Europa y África. También en esta categoría se clasifican los Satélites Astronómicos, que son utilizados para la observación de planetas, galaxias y otros objetos astronómicos, y donde se encuentran el conocido Hubble y su futuro sucesor llamado James Webb que será lanzado previsiblemente en 2018.

Satélites de Comunicaciones y Navegación: que se encargan por un lado de la transmisión de radio, televisión, telefonía e Internet a nivel mundial. Aquí encontramos satélites de tipo geoestacionario como los de la empresa francesa Eutelsat, que proporcionan acceso a unas 4.500 cadenas de televisión y otras 1.000 de radio, además de la famosa red de telecomunicaciones Iridium, creada por Motorola con 66 satélites de órbita baja LEO. Y por otro lado encontramos los satélites que se encargan de de proporcionar las señales para conocer la posición exacta del receptor en la tierra, por medio de los sistemas de geolocalización GPS, GLONASS y Galileo.

Satélites de inteligencia y defensa: que realmente fueron los primeros en desarrollarse y donde se encuentran los satélites espía, que son son satélites de observación o comunicaciones utilizados por militares u organizaciones de inteligencia y sobre los cuales los gobiernos mantienen la información como secreta.

Satélites de observación: donde podríamos enmarcar también los satélites meteorológicos y los de inteligencia, pero que merecen especial atención por las posibilidades de futuro que ofrecen a la hora, por ejemplo, de lograr un mayor conocimiento de la superficie terrestre, para aspectos como el estudio del impacto ambiental, el desarrollo de infraestructuras, la producción agrícola, y otras muchas utilidades que están incentivando el desarrollo comercial de esta tecnología por parte de startups ,que se clasifican dentro de lo que se ha denominado como NewSpace o Space 4.0. La mayoría de satélites de observación de la tierra disponen de instrumentos pasivos que se limitan a recoger la radiación, principalmente en el espectro visible, para lo cual van equipados con lentes similares a las de un telescopio terrestre y una cámara CCD, pero también existen satélites de tipo activo que van equipados con radares de tipo SAR (Synthetic Aperture Radar) o LIDAR (Laser Imaging Detection and Ranging), que pueden aportar nuevos datos que complementan y enriquecen la información captada por los radiómetros y otros sensores de tipo pasivo, ya que las imágenes radar ofrecen la posibilidad de cartografiar zonas del planeta que las nubes hacen inaccesibles para los satélites ópticos y permiten medir con gran precisión los cambios de la naturaleza de un terreno o sus movimientos.

Finalmente, y tal y como hemos comentado en Futurizable al hablar de nuevas fuentes de energía, se han empezado a desarrollar iniciativas para el lanzamiento de satélites de energía solar, que consisten en satélites con una órbita excéntrica, que cuenten con grandes paneles solares para captar energía que puedan enviar posteriormente hasta antenas situadas en la Tierra, de esta forma aumentaría de manera significativa la eficiencia en la captación de energía del sol, aunque como os podéis imaginar aún hay mucho por hacer en lo que se refiere a lograr que esa energía pueda aprovecharse en la Tierra.

Por otro lado los satélites también se pueden clasificar en función de la posición que ocupan en el espacio o más bien de la altura de su órbita:

  • Órbita baja terrestre (LEO): los satélites de órbita baja están a una altura de 700 a 1.400 km y tienen un periodo orbital de 80 a 150 minutos.
  • Órbita media terrestre (MEO): los satélites de órbita mediana se sitúan a una altura de 9.000 a 20.000 km y tienen un periodo orbital de 10 a 14 horas. También se la conoce como órbita circular intermedia. Aquí encontramos por ejemplo los satélites de la constelación GPS.
  • Órbita geoestacionaria (GEO): los satélites con una órbita a una altura de 35.786 km sobre el ecuador terrestre. Tienen un periodo orbital de 24 horas permaneciendo siempre sobre el mismo lugar de la tierra.

Otras formas de clasificar los satélites en cuanto a su posición puede ser por la excentricidad, la inclinación, la sincronía y por el astro al cual orbitan, donde es interesante saber por ejemplo que el satélite artificial astronómico Kepler tiene una órbita heliocéntrica.

Y la última forma de clasificación de los satélites artificiales sería por su tamaño, o más bien por su peso, de forma que encontramos los femtosatélites, que pesan de 100 gramos a 1kg, los nanosatélites que tienen entre 1 y 10kg, los microsatélites de 10 a 100 kg, los minisatélites de 100 a 500 kg, donde estaría por ejemplo el satélite español Deimos 2, para encontrar finalmente los grandes satélites de 500 a 1.000 kg como los correspondientes a la constelación Eutelsat. Como os podéis imaginar este aspecto del tamaño va a resultar de gran relevancia en el futuro del desarrollo de esta tecnología, ya que al reducirse el tamaño se minimizan también los costes correspondientes al lanzamiento, lo cual resulta determinante a la hora de facilitar el acceso a esta industria a nuevos emprendedores que puedan aportar ideas novedosas para potenciar el uso de satélites para todo tipo de utilidades, muchas de las cuales aún ni siquiera somos capaces de imaginar en estos momentos. Y es aquí donde los CubeSat, que son satélites de muy reducido tamaño, rondando entre 1 kg y 10 kg de peso, están tomando un mayor protagonismo gracias a su uso para investigación espacial y la posibilidad de usar componentes comerciales para su electrónica. El diseño referencial del CubeSat fue propuesto en 1999 por el profesor Jordi Puig-Suari de la California Polytechnich State University y el profesor Robert Twiggs de Stanford, con el objetivo de que los estudiantes pudieran diseñar, construir, probar y operar un satélite en el espacio con capacidades similares al del primer satélite Sputnik. Aunque este tipo de satélite no buscaba convertirse en un estándar, con el paso del tiempo lo ha logrado gracias a su versatilidad. Los primeros CubeSats se lanzaron en junio de 2003, en un Eurockot ruso y en 2008 se habían colocado en órbita unos 75 CubeSat. El nombre Cubesat, es debido a que la unidad básica de este satélite es una estructura cúbica de 10x10x10 cm. A esta unidad se le conoce como 1U. Por lo tanto, un cubesat de 3U está formado por tres de estos cubos (30x10x10) y un 6U por seis cubos (por ejemplo 30x20x10).

Un ejemplo de lo accesible que se está volviendo la actividad de diseño y fabricación de pequeños satélites es el concurso CanSat promovido por la Agencia Espacial Europea en el que reta a los estudiantes a crear satélites del tamaño de una lata de refrescos. En la séptima edición del concurso ha resultado ganador el equipo llamado La Burgoneta Espacial formado por alumnos del instituto El Burgo de Las Rozas, en Madrid, liderados por el profesor Francisco Viñas, con un proyecto en el que gracias a la ayuda sensores, se miden distintos aspectos ambientales con el objetivo de determinar la zona más apta para un posterior aterrizaje de una nave tripulada o una sonda espacial.

Startups destacadas en la industria Space 4.0

Una vez que hemos conocido con detalle el mundo de las satélites gracias a sus distintas formas de clasificación, vamos a descubrir algunas iniciativas novedosas que demuestran el gran potencial que tiene esta industria para el futuro.

Satellogic es una de las startups más representativas en esta industria de los satélites, sobre todo en el marco del Newspace o Space 4.0. Se trata de una empresa fundada en Argentina por Emiliano Kargieman y dedicada la fabricación y puesta en órbita de nanosatélites de captura de imágenes de alta resolución y a muy bajo coste. La empresa ha realizado en 2017 una ronda de inversión por valor de 27 millones de dólares en la que han participado varias empresas y fondos de inversión, entre los que destacan la tecnológica china Tencent, el fondo brasileño Pitanga y CrunchFund, con sede en California. La empresa se ha posicionado como el único proveedor de imágenes hiperespectrales de alta resolución en el mundo, para lo cual tiene actualmente en órbita 5 satélites, además de tener previsto el lanzamiento de dos más en los próximos meses. Gracias al despliegue de su constelación de satélites de observación de la tierra la empresa persigue desbloquear el valor del análisis de información geográfica en vivo para mejorar la toma de decisiones diarias por parte de los gobiernos y las empresas. Para ello utiliza la imagen hiperespectral que permite la identificación avanzada tanto de los materiales como de los procesos moleculares, y es especialmente adecuada en actividades como la agricultura, el medio ambiente, el estudio del cambio climático, la clasificación del uso de la tierra para la industria y la planificación gubernamental, el descubrimiento mineralógico y la gestión forestal.

OneWeb es una de las propuestas más ambiciosas en esta nueva actividad empresarial en el ámbito del diseño, desarrollo, lanzamiento y explotación de satélites. Su objetivo principal es proporcionar acceso a Internet a las zonas más recónditas del planeta por medio de satélites y para conseguirlo pretende crear una constelación formada por 648 satélites. Un proyecto titánico que sería imposible acometer si la empresa no contase con un importante apoyo financiero por parte de inversores como Richard Branson y empresas como Airbus, Qualcomm y Softbank, que también apoyan la iniciativa, aportando un total de 1.700 millones de dólares de inversión para su desarrollo. Dentro de este ambicioso objetivo el primer proyecto que va a acometer la empresa es conectar a Internet vía satélite a todas las escuelas de las zonas rurales de Estados Unidos antes del año 2002, para lo cual ya cuenta con el permiso de la Federal Communications Commission. La empresa tiene previsto fabricar sus satélites en Toulouse y Florida, para posteriormente realizar su lanzamiento por medio de cohetes Soyuz.

Planet cuenta con un total de 149 satélites en órbita, el 14 de Julio lanzó 48 nuevos satélites Dove a bordo de un Soyuz, por lo que opera la flota privada de satélites más grande de la historia. Esta gran infraestructura le va a permitir cumplir su misión de tomar fotos de toda la superficie de la Tierra a diario, en el rango de 3 a 5 metros por pixel de resolución, algo que ninguna otra empresa ha hecho hasta ahora. 96 de estos satélites fueron puestos en órbita en una única misión realizada por la Agencia Espacial India ISRO a comienzos de este año. Sus clientes actuales incluyen empresas, gobiernos y organizaciones sin ánimo de lucro de más de 100 países. Gracias a un software que automatiza la clasificación del flujo masivo de imágenes procedentes de los satélites, la empresa puede elaborar rápidamente conjuntos de datos indexados para muchas industrias, en actividades como la monitorización del tráfico portuario, para estimar las reservas de petróleo, para monitorizar operaciones de minería ilegales y las tasas de deforestación de un país. Para conseguir este gran despliegue técnico la empresa cuenta 183 millones de dólares de inversión, de los cuales una parte importante proviene del multimillonario ruso Yuri Milner, quien también es promotor de Breakthrough Initiatives donde se ha asociado con Stephen Hawking para la búsqueda de vida extraterrestre.

Terran Orbital es una startup especializada en el diseño, desarrollo y lanzamiento de nanosatélites, que ha recibido una inversión estratégica por parte de Lockheed Martin Ventures a través de un acuerdo que incluye inversiones en efectivo y en especie, ampliando una colaboración anterior entre las dos empresas para misiones con el Departamento de Defensa y la NASA. La empresa desarrolla pequeños satélites que cuentan con sensores que resultan de utilidad en labores de asistencia por catástrofe natural, en el rastreo y seguimiento de contenedores de transporte, aviones y barcos, además de para la monitorización medioambiental.

SpaceX no podía faltar en este artículo en el que tanto estamos hablando de Newspace y es que la empresa liderada por Elon Musk, además de ser una de las principales responsables del lanzamiento de satélites al espacio, también tiene planes para desplegar su propia constelación de satélites y como viene siendo habitual en las iniciativas ideadas por Elon Musk, también en esta ocasión será un proyecto impresionante, ya que la empresa tiene previsto que la constelación esté formada por 4.425 satélites capaces de ofrecer banda ancha para conexión a Internet. El plan previsto es comenzar a lanzar los satélites en cohetes Falcon 9 a principios de 2019 y completar el despliegue de la red satelital en 5 años, funcionando a máxima capacidad en 2024. Los satélites estarán situados en 83 órbitas diferentes a una distancia de la Tierra de entre 1.110 y 1.325 kilómetros y, además de facilitar la conexión a Internet, serían capaces de comunicarse entre ellos desde el espacio.

Startups españolas que trabajan en el ámbito de los satélites y que recomendamos conocer

A lo largo de los artículos que hemos ido realizando en Futurizable, en relación con el estado de desarrollo de las diferentes tecnologías exponenciales, hemos ido viendo cómo en España y América Latina se trabaja de manera desigual en cada campo, en lo que a startups se refiere. Pero en este caso de la industria espacial todo apunta a que se está generando un interesante ecosistema de innovación, lo cual no cabe duda de que es un indicativo del interés que tienen los emprendedores españoles por posicionarse en la vanguardia de la tecnología.

Solar Mems  es una spin-off en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de la Universidad de Sevilla, fundada por parte de un grupo de ingenieros dirigidos por el catedrático José Manuel Quero Reboul. Gracias a su experiencia con la tecnología de Microsistemas (MEMS, Micro-Electro-Mechanical Systems) y en el desarrollo de sistemas electrónicos, la empresa se dedica a producir sensores solares para aplicaciones de alta tecnología. Por medio de estos sensores es posible determinar la posición del sol para aprovechar al máximo los beneficios que ofrece la luz solar, lo cual reporta una mayor eficiencia y un ahorro de consumo en los sectores aeroespacial, aeronáutico, producción de energías renovables e iluminación. La empresa cuenta con importantes clientes y partners tecnológicos por todo el mundo, como la Agencia Espacial Europea (ESA), China Head Aerospace Technology (HEAD), el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), la NASA (EEUU), el Centro Aeroespacial de Alemania (DLR) y la multinacional Airbus Defence & Space. Sus líneas principales de comercialización son los sensores solares para el espacio que son utilizados para orientar a los satélites en su órbita y situar sus paneles solares de la forma más eficiente.

Satlantis es una startup fundada por Juan Tomas Hernani y Rafael Guzmán como una spin-off de la Universidad de Florida. La empresa fue incubada por la consultora Science & Innovation Link office (SILO), y pronto contó con el apoyo accionarial del grupo Elecnor-Deimos. Su principal producto es iSIM, una óptica de imagen de alta precisión con fotografías submétricas (menos de 1 m por píxel) para satélites que orbitan en el rango de 500 kilómetros de altura. Esta tecnología compite en el mercado contra la que utilizan satélites valorados en centenares de millones de euros de inversión, y que están dotados con cámaras de grandes dimensiones. Para ello la empresa ofrece una miniaturización de la cámara hasta los ocho kilos de peso y una inversión muy inferior a los actuales precios para este tipo de dispositivos. Para potenciar su desarrollo la empresa realizó en 2016 una ronda de inversión por valor de 2,3 millones de euros, en la que han participaron Telefónica, Everis, la Diputación Foral de Bizkaia y el Gobierno Vasco.

Crop.live es una startup que utiliza imágines del satélite Sentinel- 2 de la ESA para monitorizar la evolución de los cultivos agrícolas en tiempo real. Un servicio que permite a los agricultores identificar a tiempo problemas en los cultivos, predecir flujos de caja al obtener más visibilidad sobre el estado general de los cultivos y pronosticar su rendimiento; acceder a fotografías y datos inaccesibles hasta el momento, para saber realmente qué está pasando en los campos de cultivo, y predecir variaciones de precios para poder incrementar los beneficios.

Karten Space trabaja en el desarrollos de sus propios nanosatélites, llamados KEOSat. Para ello utiliza procesos ágiles que incluyen la ingeniería avanzada de requisitos y la fabricación aditiva, lo cual les permite reducir la masa de las estructuras de los nanosatélites, mejorar su eficiencia volumétrica y aumentar la flexibilidad en el diseño de la distribución de los componentes dentro de la plataforma de KEOSat. Todo hace posible disponer de nanosatélites con tiempos y costes de desarrollo reducidos. Cada KEOSat lleva incorporado un doble sensor de observación, que consisten en un instrumento óptico para la toma de imágenes de la Tierra con una precisión entre 3 y 5 metros, y un lector de los  Sistemas de Identificación Automática (AIS) que detecta las señales enviadas por los sistemas AIS que todos los buques y barcos del mundo llevan de manera obligatoria. El objetivo de la empresa es desplegar en los próximos años una constelación de KEOSat equipados con lo último en tecnología aeroespacial que permita reducir los tiempos de revisita de días a tan sólo unos minutos.

PAZ es una satélite español desarrollado por la empresa Hisdesat y gracias al cual el Instituto de Ciencias del Espacio (ICE-CSIC) y el Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña (IECC-CSIC) tienen previsto llevar a cabo a finales de este año un experimento para probar un nuevo sistema de observación y predicción meteorológica, más preciso que los modelos numéricos actuales. Se utilizan las señales de posicionamiento global GPS para sondear la atmósfera lanzando otras señales, que cuando atraviesan capas de lluvia, sufren pequeñas modificaciones que a su vez son captadas una antena instalada en el satélite. Gracias a ello se pueden medir perfiles verticales de lluvias intensas, porque al atravesar las gotas de agua la señal se despolariza y se torsiona por las variaciones en la presión, temperatura y humedad de la atmósfera. Esta técnica permitirá caracterizar las estructuras de lluvia intensa, conjuntamente con sus propiedades termodinámicas (presión y temperatura) y mejorar su conocimiento, su modelaje y la predicción de la evolución de este tipo de fenómenos en la perspectiva del cambio climático. El lanzamiento de este satélite estaba previsto realizarlo a bordo de un cohete Dnepr, pero el conflicto entre Ucrania y Rusia ha paralizado los lanzamientos, al ser el fabricante ucraniano Yuzhmash, pero la encargada de lanzarlos es la proveedora de servicios rusa Kosmotras. Por lo tanto posteriormente se ha decidido que Paz sea lanzado por SpaceX y su Falcon 9.

Aistech nació en la incubadora de empresas impulsada por la Agencia Espacial Europea y tiene el objetivo de generar información geoespacial de todo el planeta a partir de 25 pequeños satélites en constelación, que estarán operativos en 2020La empresa se focaliza en tres áreas de negocio: seguimiento de activos y comunicación bidireccional; imágenes térmicas desde el Espacio, y seguimiento de aviones y manejo de la posición (ADS-B) Aistech integra sus propios satélites, que estiman sean 100 veces más baratos que los satélites tradicionales, gracias a  utilizar el estándar CubeSat.

Celestia Aerospace que quiere cubrir el mercado de lanzamientos para CubeSats usando cazas de combate reciclados, como alternativa al modelo actual en el que se utilizan cohetes. Para ello quieren utilizar un caza Mig-29UB desmilitarizado, al que han llamado Archer 1 y que desde una altura de 20 kilómetros lanzará los nanosatélites usando misiles desmilitarizados, llamados Space Arrow. En cada vuelo el Archer 1 podrá lanzar hasta cuatro Space Arrow SM en una configuración en la que cada uno puede llevar hasta cuatro satélites o bien un solo Space Arrow CM capaz de llevar 16 satélites en su interior. El conjunto del Archer y los Space Arrow se llama Sagitarius Airborne Launch System y será capaz de colocar los satélites que lance en órbitas de entre 400 y 600 kilómetros de altitud. Además de los lanzamientos de satélites la empresa quiere desarrollar un área de negocio para el diseño, construcción, mantenimiento y operación de nanosatélites para terceros.

Zero 2 Infinity es la primera empresa española que ha lanzado un satélite pequeño para su posterior puesta en órbita. Para ello la empresa utiliza globos estratosféricos monitorizados desde tierra en tiempo real. Este tipo de transporte permite elevar toneladas de peso durante un tiempo muy amplio, desde horas hasta semanas. Así, consiguen elevar las cargas de sus clientes a unas condiciones similares a las que se dan en el espacio. De esta forma ofrecen a las empresas la posibilidad de probar sus prototipos. Los servicios de vuelos suborbitales comercializados además incluyen servicios como la grabación de contenidos o la transferencia de datos en tiempo real.

PLD Space tiene como objetivo el desarrollo de lanzadores espaciales de bajo coste, para lo cual está desarrollando dos modelos de cohetes denominados ARION-1 y ARION-2 para los mercados suborbitales y orbitales. Los objetivos comerciales de la compañía se enfocan en el lanzamiento de nanosatélites, investigación científica en microgravedad y tecnologías asociadas a defensa. La empresa tiene previsto realizar su primer lanzamiento comercial en el año 2018, para lo cual cuenta con el apoyo de la multinacional tecnológica GMV que ha ha entrado a formar parte del accionariado de la startup. Actualmente el proyecto cuenta con una inversión de 6.7 millones de euros, entre inversión privada a través de un fondo de inversión y un family office, ambos ubicados en la Comunidad Valenciana, y financiación pública, con la contribución de CDTI, ENISA, SUMA Teruel, IVF e Instrumento Pyme, de la Comisión Europea.

El gran problema de basura espacial ocasionada por los satélites

El problema de la basura espacial se está volviendo realmente preocupante, precisamente por el auge de los CubeSats y muchas de las iniciativas de Newspace que hemos comentado en este artículo, a través de las cuales se están poniendo en órbita multitud de objetos a una velocidad alarmante. Las órbitas LEO Heliosíncronas, que se encuentran aproximadamente a 600Km de altura, son actualmente de las más congestionadas y ahí las posibilidades reales de impacto de la basura espacial con otros satélites es cada vez más altas. Es por esto que cuando una empresa lanza un satélite, tiene que darse de alta en el servicio JSpOC del NORAD, que se encarga de monitorizar todos y cada uno de los objetos (inclusive tornillos) que están en órbita y alertan de las posibilidades de colisión, para que la empresa tome las medidas oportunas, aunque algunas veces, si el objeto es clasificado como secreto o no dispone de sistema de propulsión, puede que no sea posible localizarlo y evitar el impacto. Para mitigar esta problemática existe un memorándum que pide voluntariamente a los diseñadores de satélites que reserven parte del combustible para asegurar la reentrada en menos de 25 años. Pero esto no siempre se cumple al ser algo voluntario y requerir que el satélite transporte un extra de  combustible, lo cual resulta muy caro. Por otra parte, la mayoría de CubeSats y pequeños satélites ni siquiera tienen sistema de propulsión, por lo que la única manera de decelerar para re-entrar es desplegar algún tipo de vela (drag-sail) que acelere el proceso de reentrada, lo cual a su vez encarece la misión. En resumen, prácticamente nadie sigue las indicaciones del memorándum, por lo que la basura espacial sigue creciendo a un ritmo preocupante. Es por esto por lo que nos encontramos en un momento en el que si se quiere seguir avanzando a este ritmo, en lo que se refiere al desarrollo de la industria New Space, será necesario que empiecen a desarrollarse también nuevas ideas para resolver el problema que supone la basura espacial.

El futuro de los satélites

Para finalizar con este artículo vamos a conocer algunas iniciativas novedosas que muestran el camino para el futuro de una industria que está resultando muy relevante para el desarrollo de la humanidad, tanto en lo relativo a comunicaciones o investigación de la tierra, como para todo lo que tendrá que ver con la exploración del espacio que ahora está en sus inicios.

Dido es un nanosatélite o CubeSat, desarrollado por la empresa suizo-israelí SpacePharma y que funciona como un laboratorio en el que pueden realizarse experimentos en microgravedad, como puede ser por ejemplo para el estudio de cultivos celulares en el espacio o el desarrollo de nuevos medicamentos. El satélite fue lanzado en un cohete Falcon 9 de la empresa SpaceX, como parte de una colaboración con la agencia espacial India, orbita a 500 km de altura y cuenta con tecnología ASML (Automated Space Microgravity Laboratory), lo cual permite que los investigadores puedan realizar experimentos en microgravedad por períodos prolongados. Este satélite actualmente realiza cuatro experimentos, el primero de ellos correspondiente a un instituto de investigación alemán. La empresa tiene previsto para este año un segundo lanzamiento, también con cuatro experimentos e incluye investigación para una compañía farmacéutica de primer nivel. Para el próximo año espera comenzar a enviar cuatro satélites con unos 160 experimentos contenidos en cada uno. Hasta ahora los experimentos en microgravedad se realizaban habitualmente en la Estación Espacial Internacional o en vuelos parabólicos de avión que registran cortos periodos de ingravidez. Gracias a ello empresas farmacéuticas como Eli Lilly han podido realizar mejoras en los diseños de sus medicinas y empresas de alimentación como Nestle lo han utilizado por ejemplo para perfeccionar algunos de sus productos, como es el caso de la espuma en su mousse de chocolate y café.

Micius es el primer satélite de comunicación cuántica, ha sido desarrollado por la Academia China de Ciencias y recientemente ha logrado realizar con éxito la primera comunicación por medio de cifrado cuántico entre el satélite y la tierra. Para ello se ha utilizado el entrelazamiento cuántico de dos fotones, que permite el envío de información de manera segura, ya que es imposible interceptar uno de ellos sin que el ataque altere el otro fotón, una tecnología que sirve por ejemplo para garantizar la comunicación secreta de gobiernos, ejércitos y empresas. Se espera que la utilización de satélites para la comunicación cuántica por medio de láser ofrezca mejores condiciones que la comunicación a través de cables de fibra óptica donde se produce una importante pérdida de señal cuando la información tiene que recorrer largas distancias.

Mayak es un proyecto que desarrolla un equipo de estudiantes de la Universidad Politécnica de Moscú, que ha obteniendo la mayor parte de la financiación necesaria para su desarrollo mediante el crowdfunding y que tiene como objetivo colocar en el espacio una especie de faro, gracias a cuyo brillo se pueda estudiar mejor la forma de calcular la magnitud aparente de las naves espaciales, por medio de la medida que indica el brillo de los objetos en el espacio, visto por un observador desde la Tierra. Para ello desplegará unos reflectores solares que le convertirán en el tercer objeto más brillante del firmamento, por detrás del sol y la luna, superando la magnitud de todas las estrellas. Su lanzamiento se ha realizado el 14 de julio, despegando desde el cosmódromo de Baikonur​ sobre el cohete Soyuz-2.1A. Tras alcanzar la órbita, con sus velas desplegadas en forma de pirámide, recubiertas por una película metalizada reflectante, servirá durante los siguientes 25 días para poder calcular la magnitud aparente de otros objetos espaciales. Durante el experimento se estudiarán las capas superiores de la atmósfera, obteniendo nueva información sobre la densidad del aire a gran altura. Transcurrido el tiempo previsto para el experimento en órbita, el satélite plegará velas para probar un nuevo sistema de frenado aerodinámico para entrar en la atmósfera, lo cual ayudará a tener un mayor conocimiento sobre la entrada de deshechos espaciales a la atmósfera.

Asgardia-1 es el proyecto para desarrollar un satélite de tipo cubesat, con un tamaño de apenas 10 cm en cada arista y de un kilo de peso, que sirva para albergar un disco duro cargado de datos, que sirva para comprobar cómo funciona el almacenamiento de datos a largo plazo en órbita terrestre baja. Se trata de una de las primeras iniciativas del proyecto Asgardia, promovido por el científico y empresario ruso Igor Ashurbeyli, que tiene como misión crear en el espacio un lugar para el desarrollo científico y tratar de impedir que los conflictos se trasladen al espacio. Los promotores de este proyecto han realizado la solicitud correspondiente a la Federal Communications Commission’ (FCC) para el lanzamiento del satélite, que previsiblemente se realizará este año como parte de una misión de suministro a la Estación Espacial Internacional. Asgardia-1 también contendrá detectores de partículas internos y externos para determinar la dosificación de radiación que la electrónica interna está recibiendo. La misión tiene la intención de demostrar el almacenamiento a largo plazo de datos en órbita terrestre baja, aunque el satélite en sí se mantendrá en órbita tan sólo cinco años antes de que la fricción atmosférica lo arrastre y lo acabe quemando.

Como hemos podido comprobar a lo largo de este artículo, son muchísimas las iniciativas que están trabajando en todo tipo de aspectos relacionados con la nueva industria espacial, sobre todo en lo que se refiere a la utilización de satélites artificiales, especialmente para la observación de la tierra desde el espacio. Y aquí es donde podemos considerar que van a surgir oportunidades de negocio asociadas, ya que todas estas constelaciones de satélites que ahora se están desarrollando, van a ofrecer una infraestructura y unos contenidos, sobre la que a su vez se podrán plantear todo tipo de servicios relacionados con las comunicaciones y por ejemplo también para luchar contra uno de los principales problemas que afronta en estos momentos la humanidad, el calentamiento global.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *