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Café para todos

El artículo de hoy va a ser un poco diferente ya que no vamos a hablar de metodologías ni de tecnologías, sino de algo menos concreto o práctico, aunque de vez en cuando no viene mal reflexionar sobre aquellas ideas que rondan en nuestra cabeza y que nos pueden ayudar a seguir mejorando como personas y como profesionales.

El tema sobre el que queríamos reflexionar es la razón por la cual en nuestra sociedad se valoran más las respuestas que las preguntas o dicho de otra forma, por qué aceptamos muchas respuestas como válidas sin haber pensando si eso es lo mejor para nosotros o para los que nos rodean.

Por ejemplo en lo que se refiere a valorar más las respuestas que las preguntas lo vemos claramente en el sistema educativo convencional, donde los alumnos aprueban si aportan las respuestas correctas pero no se valora ni se fomenta para nada que sean capaces de formular buenas preguntas. Del otro lado, en lo relativo a aceptar muchas respuestas como válidas vemos situaciones como la vuelta al trabajo presencial en empresas cuyos trabajadores realizan trabajo de oficina, que podrían seguir haciendo de manera remota, pero no se plantean cómo organizar el trabajo para enfocarse en objetivos que se puedan medir y no en tareas que se puedan supervisar.

Como te puedes imaginar, esta forma convencional de aprender y de trabajar, donde son más importantes las respuestas que las preguntas, están mucho más cerca de un modelo taylorista, donde la educación y el trabajo se organizan de manera supuestamente racional para maximizar su eficiencia, pero cometen el error de base de pensar que las personas somos como máquinas cuando aprendemos o trabajamos, lo cual dista mucho de la realidad.

Volviendo a hacernos preguntas, tendríamos que pensar al respecto de por qué todos cuando vamos a la escuela tenemos que aprender las mismas cosas o por qué cuando estamos en una empresa tenemos que trabajar 8 horas al día 5 días a la semana.

Pero como no somos capaces de responder satisfactoriamente a estas preguntas proponiendo modelos alternativos que realmente resulten satisfactorios para mucha gente, preferimos quedarnos como estamos y asumir las grandes limitaciones que para muchas personas suponen estos modelos basados en realidades e ideas que se han mostrado claramente obsoletas.

Por verlo con algunos ejemplos, en el sistema educativo tenemos desde hace años alternativas como el unschooling, el flipping classroom o el learning by doing, pero apenas se utilizan o incluso algunas no están permitidas por las autoridades, porque delegan demasiada responsabilidad en el aprendiz frente al que se ha otorgado el derecho de enseñar lo que considera que procede o es más conveniente.

En el ámbito del trabajo se produce la misma situación, porque por ejemplo desde que Tim Ferris publicó el libro La Semana Laboral de 4 Horas mucha gente ha sido consciente de que para tener éxito a nivel profesional no es necesario trabajar exactamente 8 horas al día 5 días a la semana, lo cual tampoco quiere decir que todo el mundo pueda ser exitoso trabajando muchas menos horas, pero al menos podemos plantearnos que puede haber otras opciones válidas más allá de la socialmente establecida en la era industrial.

Entonces el problema que nos encontramos en este punto es quién tiene la clave para salir de esta situación y evolucionar a un modelo mucho más flexible, adaptativo y personalizable, al que podríamos llamar modelo evolutivo, porque se parece mucho más a una visión de la persona que aprende y que trabaja, como ser vivo y racional, que como la máquina que muchas veces se espera que actúe siguiendo unas instrucciones u órdenes preestablecidas.

En este punto vale la pena recurrir a la filosofía para entender por qué se produce esta situación y especialmente tenemos que referirnos a las ideas de Thomas Hobbes que han tenido una gran influencia en cómo se ha organizado la sociedad occidental en los últimos siglos, especialmente en lo relativo a como se ostenta la autoridad, pero también en cómo se percibe la responsabilidad personal. Porque Hobbes abogaba por una idea mecanicista del ser humano, es decir, como una máquina natural sometida a la sucesión estricta de causas y efectos, teniendo como propiedades naturales el desear y obrar, deliberar y moverse, en función de la primera circunstancia que es el deseo.

Por lo tanto frente a esta visión de que las personas somos máquinas que aprendemos o máquinas que trabajamos, es lógico que haya mucha gente que piense que la mejor forma de organizar eficientemente el sistema educativo o el mercado de trabajo sea dando instrucciones, como se hace con una máquina, en lugar de pidiendo responsabilidad y facilitando la autonomía, como debería hacerse con las personas.

Esta situación ha llegado a ser tan extrema que algunos científicos aseguran que todo lo que ocurren en el ser humano es cuestión de química, que son las hormonas y otras sustancias químicas las que nos gobiernan, rechazando incluso que esto nos deje algún tipo de margen para actuar de la forma que comúnmente se ha denominado como racional. Y aunque es cierto que en nuestra actitud influyen infinidad de aspectos químicos y físicos, tanto internos como externos, por lo que no debemos destacar la influencia que por ejemplo tiene sobre nosotros nuestra propia microbiota, el error es reducirlo todo al extremo de que somos como máquinas con un manual de instrucciones del que algún día conoceremos todas las claves de su funcionamiento.

Por suerte la vida nos va a poniendo a cada uno en nuestro lugar y cada vez que se produce un descubrimiento, por ejemplo de cómo funciona el cerebro, este nos lleva a ser conscientes de todo lo que aún os falta por conocer, hasta el punto de pensar que sabemos mucho menos de lo que realmente nos queda aún por descubrir. Así por ejemplo vemos cómo cuando estudiamos al cerebro cómo una máquina gobernada por la química, poco a poco nos vamos dando cuenta de que hay otros fenómenos muy relevantes que pueden determinar su funcionamiento, como es el caso de la mecánica cuántica, ya que cada vez parece estar más claro de que ciertas funciones cerebrales no están determinadas exclusivamente por reacciones químicas sino que también influyen en ellas determinados fenómenos cuánticos que aún no conocemos.

Este es solo un ejemplo de la falacia del conocimiento, porque reducir el cerebro a una máquina química nos puede llevar a cometer el error de pensar que podemos controlarlo simplemente sabiendo que sustancia suministrarle, por ejemplo para mejorar su capacidad para aprender, cuando la realidad es muchísimo más compleja de lo que parece a primera vista y por eso debemos evitar la arrogancia de pensar que todo se puede controlar por el mero hecho de creer que es posible.

A esta situación que nos lleva la realidad en la que vivimos en la que cada vez sabemos más sobre muchas cosas, podríamos llamarla inflación del conocimiento, porque frente a la manera de pensar que nos lleva a considerar que cuanto más sabemos mayor control podemos tener sobre las cosas y sobre las personas, la realidad nos devuelve como contrapartida que aún nos queda muchísimo por descubrir y mucho más por entender.

De esta forma lo que hasta ahora hemos denominado como sociedad del conocimiento debería pasar a llamarse como sociedad del desconocimiento, algo de lo que nos habló Félix Lozano en la presentación de la nueva era de TeamLabs y que representa muy bien la importancia que tiene saber hacer las preguntas en lugar de tener las respuestas.

Lo malo es que hablar de desconocimiento suena peyorativo y de hecho es terrible que haya aún mucha gente que no quiera aprender, que se acomode en la ignorancia, pero por otro lado los que amamos aprender y consideramos que la vida es un viaje de aprendizaje, tenemos que partir de la idea de que gracias al desconocimiento, o de la ignorancia, evitamos el error de basar nuestra estrategia en respuestas preconcebidas en lugar de en las preguntas que nos ayudan a avanzar.

Aprender a transitar la incertidumbre, es de lo que nos hablaba también Félix Lozano, como el remedio a ese engaño que supone pensar que tenemos las respuestas, en lugar de desarrollar la habilidad de explorar nuevas opciones, de experimentar nuevas formas de hacer las cosas, de ver el error como parte del aprendizaje y el obstáculo como parte del camino. Porque cuando aprendes a ver los problemas como oportunidades se derriban muchos prejuicios y se abren muchas puertas a una nueva forma de hacer las cosas.

¿Cómo puedo aprovechar esto a mi favor?

Ahora ya dejamos de filosofar y vamos a proponer algunas ideas prácticas para enfocar esta nueva forma de pensar:

  • Dale la vuelta: si alguien te hace una pregunta, no le des una respuesta, sino hazle una pregunta, como si fueras gallego. Qué mejor forma de entender realmente lo que te está preguntando y por qué lo está haciendo, que entablar una conversación. Si te preguntan y das una respuesta, se acabó la conversación. Si te preguntan y haces una pregunta, se inicia un diálogo y un proceso de entendimiento fundamental para llegar conjuntamente a obtener la mejor respuesta posible.
  • Haz lo contrario: como comentamos hace un tiempo convertirse en un «optimistic contrarian» puede ser una forma muy buena de progresar personalmente y profesionalmente, porque como dice la canción: solo los peces muertos siguen la corriente, o dicho de otra forma, dejarse llevar por lo que hace la masa es una de las mejores formas de navegar a la deriva. Así que cuando veas que todo el mundo sigue la corriente, te debes preguntar qué camino debes tomar tú en su lugar.
  • Explora la incertidumbre: exponte a nuevas experiencias, a nuevas personas, elige el camino menos transitado, ponte en situaciones incómodas, aprende lo que nadie quiere aprender, trabaja en lo que nadie quiere trabajar, aprende como si no hubiera un mañana, estudia filosofía, psicología, neurociencia o física cuántica, porque las respuestas no están en los libros de texto, la Wikipedia está aún por escribir.
  • Exponte a los estresores naturales: la naturaleza tiene mucho que enseñarnos, porque siempre nos hace más preguntas que las respuestas que nos ofrece. El Universo es tan vasto y complejo que el hombre nunca acabará de entenderlo en su totalidad. Si lo que nos hizo progresar como especie fue luchar contra la naturaleza hasta encontrar la comodidad, ahora nos hemos pasado de la raya, no solo por destruir la naturaleza sino por el exceso de comodidad ante todo, lo cual nos ha acabado amuermando.
  • Aprende como un niño: otra idea de Félix Lozano, los niños nacen con una capacidad infinita para aprender, pero la estructura social en la que les hacemos vivir poco a poco va coartando esa capacidad de aprender porque nos empeñamos en que memoricen las respuestas en lugar de dejarles que se sigan haciendo preguntas y vayan obteniendo las respuestas por sí mismos en ese fantástico proceso de aprendizaje que implica caerse una y otra vez hasta que aprendes a caminar. Volvamos a la infancia, cambiemos experiencia por experimentación.
  • Observa e imita: la humanidad no ha llegado tan lejos exclusivamente por su capacidad de innovación, sino sobre todo por su capacidad de observar lo que le rodea e imitar aquello que resulta exitoso, porque lo cierto es que hay muchas cosas que tenemos comprobado que funcionan, que conocemos perfectamente que ofrecen una utilidad y que vale la pena aprovechar. Con esta idea de hacerse preguntas y transitar la incertidumbre no se trata de empezar de cero todo el tiempo, porque podemos aprender muchísimo de lo que otros han aprendido en los miles de años de evolución del ser humano.
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