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El momento que estábamos esperando para transformar la educación

16 April, 2020

Richard Buckminster Fuller fue uno de los mayores genios del siglo XX. Entre sus ideas podemos encontrar grandes inventos como la cúpula geodésica y propuestas tan radicales como la necesidad de cerrar las universidades durante 10 años para repensar su modelo educativos.

Cuando escuché por primera vez esa idea de Fuller a través del podcast Curiosidad Radical, me pareció que sería algo que valdría la pena probar, por la necesidad de transformación y renovación del sistema educativo actual, pero también pensé que sería imposible que ocurriese algo así, considerando la gran inercia que llevan las instituciones educativas, lo cual hace inviable que se planteen parar para repensar su forma de trabajo.

No han tenido que pasar muchos días desde que escuché ese podcast, para encontrarnos en una situación completamente diferente, en la que un cisne negro ha obligado a prácticamente todo el sistema educativo mundial a frenar en seco y sobre todo le ha dejado con la gran incertidumbre de no saber cuándo podrá volver a reanudar la marcha.

Precisamente ha sido a través de otro podcast donde he conocido una idea que me hace pensar que el cierre de las escuelas y las universidades puede demorarse mucho más en el tiempo de lo que podrías pensar, ya que parece ser que como los niños y jóvenes no se ven tan afectados por virus como el de la gripe y el COVID-19, al seguir con su vida normal se convierten en grandes transmisores de los virus hacia personas mayores, padres y abuelos, que sí que se ven mucho más afectados cuando son infectados por los virus. De esta forma podría ocurrir que de cara a frenar la expansión futura de los virus, una vez se haya superado esta primera oleada de la pandemia, se tenga que optar por minimizar aquellas actividades que suponen una alta concentración de niños y jóvenes, como son las aulas de los colegios y universidades.

Esta situación podría llevarnos a un escenario en el que cada cierto tiempo y de manera más o menos prolongada, sea necesario cerrar las aulas, para evitar o minimizar los contagios por virus y de esta forma evitar que se saturen los sistemas sanitarios, por el gran perjuicio que esto conlleva para la sociedad en general.

En este contexto se hace absolutamente necesario repensar el sistema educativo, no solo cambiar el modelo en el que se imparten las clases, que es en lo que se está trabajando ahora, sino también lo relativo a los sistemas de evaluación y, lo que es más importante, los modelos de aprendizaje, porque lo que no puede ocurrir, sobre todo en lo relativo a educación primaria y secundaria, es que los niños y jóvenes pierdan el valor, mucho o poco, que hasta ahora han estado recibiendo en el colegio.

Un nuevo y mejor sistema educativo

Me gustaría proponer que aprovechemos el momento que estamos viendo para construir un nuevo modelo educativo, que no solo solucione los problemas que tiene el actual, sino que además ayude a resolver algunos de los grandes retos actuales a los que se enfrenta la humanidad y a los que se tendrá que enfrentar en el futuro.

La propuesta es la siguiente:

Construyamos un sistema educativo que se asiente en los valores de la sostenibilidad y la innovación.

Sostenibilidad encaminada a educar a personas que vean como una prioridad el respecto al medio ambiente y la búsqueda de soluciones al que hasta hace tan solo 3 meses se consideraba el mayor problema de la humanidad: el calentamiento global.

Innovación que fomentará que las próximas generaciones vean como una prioridad estar preparadas para afrontar los nuevos retos a los que se tenga que enfrentar la humanidad y para ello recurra a la mejor herramienta que tenemos para ello: la ciencia.

Para ayudar a que esta idea se convierta en una realidad podemos recurrir de nuevo a la genialidad de Richard Buckminster Fuller quien en 1968 propuso la idea de Nave Espacial Tierra, lo cual puede servir como hilo conductor para armar este nuevo modelo educativo basado en la Sostenibilidad y la Innovación.

La Tierra es una nave espacial, el Sol es su fuente de energía y todos somos astronautas. También somos responsables de mantenerla en perfecto estado de funcionamiento, porque si deja de hacerlo, perderá su función. Podemos garantizar el éxito de toda la humanidad a través de una evolución industrial planetaria dado que no somos tan estúpidos como para continuar agotando en una fracción de segundo de la historia astronómica las reservas de energía que han sido depositadas en el depósito bancario que garantiza la regeneración de la vida de nuestra Nave Espacial para usarlas sólo en funciones de auto-arranque.

Si enseñamos a los niños que la Tierra es una nave espacial y que las personas somos los tripulantes que la manejamos y mantenemos en funcionamiento, su visión al respecto de la importancia de respetar el medio ambiente cambiará por completo. Sin duda es muy diferente la visión del mundo que una persona puede tener cuando se cría viendo “El Hombre y La Tierra” de Félix Rodriguez de La Fuente o “Cosmos” de Carl Sagan, frente a la persona que crece viendo “Guardianes de la Galaxia” de Marvel o jugando a “Fortnite” de Epic Games, sin tener nada en contra de estas dos cosas, creo que es momento de equilibrar la balanza y mostrar a los niños que hay un mundo apasionante por descubrir en la Naturaleza que tenemos a nuestro alrededor y en el Universo que nos enseña la ciencia.

Enseñar a los niños que vivimos en una nave espacial y que viajamos en ella a lo largo del Universo (lo cual podríamos decir que es verdad), puede ser además una buena forma de que entiendan y lleven mejor el confinamiento que tenemos que mantener para evitar los contagios por el virus. Al igual que los astronautas saben cómo comportarse y entrenan para ello, antes de pasar una temporada aislados del mundo en la Estación Espacial Internacional, parece que si la ciencia no encuentra pronto una forma de parar el Coronavirus en seco, el aislamiento social tendrá que repetirse a lo largo de los próximos meses y años en varias ocasiones.

Por lo tanto tenemos una oportunidad de oro para enseñar a los niños que son protagonistas de la situación que estamos viviendo en la actualidad y que el cómo se enfrenten a ello tendrá una gran importancia en el futuro de la humanidad.

Dejemos de pensar en los niños como pasajeros y empecemos a considerarlos como tripulación

En la serie de televisión “Perdidos en el Espacio” se muestra cómo los niños de la familia que explora el Universo en busca de una alternativa a la Tierra para vivir, también tienen una función como tripulantes de la nave en la que viajan, no se limitan a ser meros pasajeros, sino que, por ejemplo, una de las niñas realiza las funciones de médico y ha sido entrenada correspondientemente para ello.

Imaginad qué diferente sería el mundo de la educación si en lugar de dedicarnos a obligar a los niños a aprender cosas que no les van a ofrecer ninguna utilidad en el futuro, les ayudemos a aprender aquellas habilidades que les pueden resultar valiosas cuando se enfrenten a retos como el que ahora está afrontando la humanidad. Y no digo que no sea importante conocer la historia, la lengua o la geografía, creo que son cosas que hay que saber, por ejemplo leyendo muchos libros sobre ello, pero de ningún modo me parece necesario memorizarlo y que eso suponga que los alumnos y profesores dediquen la mayor parte de su tiempo a actividades que realmente no aportan valor para su futuro.

Debemos dejar de ver a los niños como receptores de conocimiento para ayudarles a que se conviertan en protagonistas de su propia educación

Es una verdadera pena que el sistema educativo actual marque sus estándares de calidad en la capacidad de los niños para memorizar contenidos. Como explican algunos expertos en educación: tragarse durante meses lo que el profesor les cuenta y lo que aparece en los libros, para regurgitarlo tal cual el día del examen.

Es cierto que cada vez existen más alternativas a ese modelo inventado en la revolución industrial para adiestrar a personas para que trabajasen como máquinas. Por ejemplo se están desarrollando nuevos modelos educativos, como el aprendizaje basado en proyectos, que a mi me parece de lo más interesante entre todos los modelos que he conocido hasta ahora, pero la realidad es que en la mayoría de las escuelas se sigue funcionando con el modelo tradicional, el profesor explica la lección a los alumnos y cuando acaba la clase el niños se va a casa con un montón de deberes que tiene que entregar al día siguiente y posteriormente enfrentarse a un examen para demostrar lo que ha aprendido al respecto.

Debemos dejar de enseñar a los niños lo que queremos que sepan y que aprendan por ellos mismos lo que es importante

El mejor trabajo que podría hacer un profesor en estos momentos es ayudar a los niños a descubrir su vocación y cómo a través de ella pueden servir a la humanidad. Los profesores deberían convertirse en mentores.

No cabe duda de que la crisis sanitaria por la que estamos atravesando va despertar muchas vocaciones en niños que quieran convertirse en profesionales de la sanidad. Cuando por fin la sociedad empieza a valorar la importancia que tienen los profesionales de la salud, hasta el punto de considerarlos héroes, como está ocurriendo ahora, esto es una oportunidad fantástica para darle la vuelta al sistema de valores que ha predominado últimamente en la sociedad y para que volvamos a poner la salud como primera prioridad en nuestras vidas.

Pero no debemos quedarnos aquí, porque la primera línea de batalla en esta guerra contra el virus la están librando los profesionales de la salud, pero hay otra línea de batalla que es igual de importante y que se encuentra en los laboratorios, con miles de científicos que trabajan a marchas forzadas para encontrar una vacuna contra el virus o tratamientos que ayuden a mitigar sus efectos. Con más de 24.000 papers sobre el COVID-19 publicados en los últimos meses por científicos de todo el mundo, se está generando una gran ola que deberíamos aprovechar para poner a los científicos en el lugar social que se merecen, porque también son héroes en esta guerra y esto lo tienen que ver los niños como un ejemplo a seguir.

Aprovecho aquí para hacer un inciso e insistir en la precaria situación por la que tienen que pasar nuestros científicos, que tienen todas las ganas del mundo de ayudar en esta lucha, pero no pueden hacerlo por falta de recursos: Las tijeras que sobran. Sin ciencia no hay futuro.

Próximos pasos

  1. Mostremos a los niños cómo estamos luchando contra el virus, lo que se está haciendo desde los ámbitos de la sanidad, la ciencia y la tecnología para contener su propagación y minimizar su impacto en la salud de las personas. Por ejemplo, que vean cómo los científicos de datos trabajan en modelos que ayudan a tomar decisiones al respecto de cómo debe desarrollarse la estrategia para evitar las infecciones y al mismo tiempo cómo lograr que esta situación provoque el menor impacto posible en la economía.
  2. Hablemos a los niños de La Nave Espacial Tierra. Que sepan que lo que está ocurriendo con el virus es solo uno de los muchos problemas que hay en nuestro planeta y que ellos pueden contribuir a resolverlos. Porque seguimos amenazados por el calentamiento global, en muchos países sigue habiendo escasez de alimentos y de agua potable, además los océanos siguen estando enormemente contaminados por los plásticos.
  3. Ayudemos a los niños a desarrollar la capacidad de pensar a largo plazo y a desarrollar las habilidades necesarias para ponerse a trabajar en resolver los problemas que se van a encontrar en su futuro. Dejemos de llenar su mente de contenidos que no van a poder utilizar, hablémosles de valores, consigamos que lean mucho, que viajen, fomentemos su creatividad y que cuanto antes tengan capacidad para tomar su propio camino, tanto en lo personal como en lo profesional.
  4. Enseñemos a los niños a entender cómo funciona la información, a desarrollar un espíritu crítico, a diferenciar los bulos de las noticias reales, a huir del populismo, a tener su propio criterio. Que lean a los clásicos, que se suban a hombros de gigantes, que minimicen su exposición a las fake news, a la dopamina de los likes que nos tiene enganchados y que dediquen más tiempo a pensar por si mismos que a estar expuestos a lo que piensan aquellos que les quieren controlar.
  5. Cambiemos la manera de enseñar, dejemos de dar clase y pasemos a trabajar por proyectos. Que los alumnos decidan qué problemas quieren resolver y descubran que necesitan recurrir a las matemáticas, a la física, a la lengua, a los idiomas, a la historia … y en general a las materias que ahora se estudian de manera inconexa, pero que tan necesarias resultan cuando realmente existe una motivación por aprender para resolver un problema y no una obligación por aprobar un examen.
  6. Construyamos una plataforma educativa, una comunidad de aprendizaje, un mundo virtual, lo que sea que permita que los niños y jóvenes se conecten, interactúen con el conocimiento, compartan lo que aprenden, discutan sobre sus problemas, expongan sus ideas, critiquen lo que no les parece bien, expliquen sus propias solucionen, pidan ayuda, se ofrezcan para ayudar y valoren lo que es importante para ellos. Todo ello dinamizado por los mentores que ahora llamamos profesores.
  7. Demos a los profesores el protagonismo que se merecen, tratémosles como héroes, al igual que hacemos con los profesionales sanitarios y deberíamos hacer con los científicos, veamos a los educadores como los responsables de que las próximas generaciones afronten con garantías de éxito los nuevos retos de la humanidad. Depositamos en ellos la educación de nuestros hijos, confiemos también en ellos para crear un nuevo modelo educativo que realmente cumpla su función.
  8. Invirtamos en ello. Esto no va a surgir por generación espontánea, alguien tendrá que impulsarlo y quien decida hacerlo va a necesitar ayuda. Muchos han cambiado el mundo con sus ideas, muchos han salvado a millones de personas solo con proponérselo, pero siempre se puede colaborar para que las buenas ideas se expandan más rápido y lleguen antes a más gente. Es el momento de invertir en lo que realmente importa, lo que puede mejorar el mundo, como es la educación.
  9. Formemos parte de ello. No dejemos que las autoridades e instituciones educativas asuman todo el control en este proceso, nosotros también podemos formar parte de ello, desde nuestras casas, nuestros trabajos, nuestras empresas, las organizaciones de toda índole de las que formamos parte, podemos aportar mucho, podemos aportar nuestra visión sobre cómo funciona el mundo, no nos mantengamos al margen porque tenemos mucho que aportar y mucho que perder si no lo hacemos.

Vivimos un momento único en la historia y tenemos que aprovecharlo para mejorar significativamente el sistema educativo. Si nos limitamos a pasar las clases a Internet, habremos cambiado solo la forma pero no el fondo. Tenemos que darle la vuelta a la jerarquía en el aula, tenemos que traspasar al control de su educación a los propios alumnos. Es una decisión difícil de tomar ya que muchos alumnos no estarán preparados para tener ese control sin que eso suponga un perjuicio para ellos, pero podemos hacerlo de manera progresiva, hasta que cada alumno vaya asumiendo la responsabilidad sobre su propio aprendizaje.

¿Cómo aprendía la gente cuando la educación no era obligatoria? tenemos que despertar en los niños y jóvenes el interés por aprender y cuando esa chispa se haya encendido, dejar que sean ellos los que mantengan viva su propia hoguera del conocimiento.

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