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Ignorantes bienvenidos

Talento – Aprendizaje – Liderazgo

Es genial la sensación que se siente cuando las cosas cuadran, cuando se cierra el círculo, ese momento en el que se unen los puntos. Porque este comienzo de curso estamos experimentando esa sensación al ver que confluyen en un mismo momento y lugar muchas de las iniciativas que hemos venido desarrollando en Sngular y Futurizable en los últimos años, como son el Observatorio de Talento Autónomo Descentralizado, el Observatorio de Aprendizaje de Alto Rendimiento y el Tech Team Leadership Lab.

Aunque ya tratamos este tema la semana pasada cuando hablamos del Servant Leadership de Sarah Harmon, hoy queremos darle otra vuelta de tuerca para hablar de Conscious Leadership, un término que hemos conocido gracias a Ricardo Forcano, que precisamente está trabajando para ayudar a que esta nueva forma de liderar o característica que tienen que tener los líderes, llegue también a las empresas con las que él trabaja, como es el caso de Sngular.

Aquí es interesante destacar que tanto el Servant Leadership como el Conscious Leadership nos hablan de la humildad como una de las características más destacables de un buen líder, una cualidad que ciertamente no está muy de moda, o que al menos no solemos asociar con los líderes, a los que es habitual asignar otros rasgos como la tenacidad, la elocuencia o la inteligencia.

Conscious Leadership

Ricardo Forcano nos explica qué es y cómo desarrollar un liderazgo consciente:

El nivel de conciencia del equipo de liderazgo ejerce una influencia multiplicadora sobre el resto de la organización, ya que el nivel de conciencia de una organización difícilmente puede ser superior al de su equipo de liderazgo. De manera similar, un aumento en la conciencia del equipo de liderazgo probablemente impulsará la conciencia del resto de la organización. El problema es que en ocasiones los miembros del equipo de liderazgo tienden a ser egocéntricos por haber tenido carreras muy exitosas y estar rodeados de equipos halagadores. Por lo tanto, aquellos líderes que sean capaces de avanzar en trascender sus egos y crecer en su conciencia pueden tener un gran impacto en sus organizaciones. Desde esta perspectiva, desarrollar un liderazgo consciente puede ser una forma muy eficaz de mejorar el funcionamiento de una organización y facilitar el surgimiento de su inteligencia colectiva aumentada . Podemos definir el liderazgo consciente como un tipo de liderazgo que se basa en la autoconciencia (saber quién eres) y la visión sistémica (entender el mundo como un sistema interconectado), que te lleva a trascender tu ego y desarrollar una vocación de servicio a otros.

Como vemos, el concious leadership coincide con el servant leadership en la vocación de servicio, pero no solo eso, sino que también nos habla del awareness como uno de los pilares a desarrollar por un buen líder: reconocer la necesidad de ser consciente de sí mismo y observar el  entorno para asegurarse de que sea adecuado para prosperar, desafiando aquello que no sea adecuado y trabajando para arreglarlo. Esto nos ayudará a conocer nuestras fortalezas y talentos, así como las debilidades y áreas de mejora, lo cual es esencial para nuestro propio crecimiento y desarrollo como líder en servicio. Del mismo modo es importante comprender las fortalezas y debilidades de nuestro equipo, ya sea en su conjunto y de cada una de las personas que lo conforman.

Gracias a esta comprensión sólida de nuestras propias capacidades y las capacidades de nuestro equipo, estaremos en una mejor posición para utilizarlas a nuestro favor y en beneficio de la organización. Sin embargo, la conciencia no debe limitarse solo a las capacidades individuales o del equipo, sino que también tenemos que ser capaces de entender cómo esto afecta a la cultura de la empresa y al clima en el entorno de trabajo, ya que cómo líderes tenemos que ser capaces de adaptarnos, empatizar y responder de manera adecuada a las necesidades que se puedan presentar.

Conócete a ti mismo

En la antigua Grecia, el Oráculo de Delfos, antes de plantear cualquier consulta a los dioses, obligaba al viajero a investigar su propia esencia. Este, y no otro, debía ser el punto de partida para comprender el mundo. Del mismo modo el liderazgo consciente nos propone que cual aspirante a alcanzar la sabiduría de los dioses, debemos partir también por hacer el ejercicio de conocernos a nosotros mismos.

Y así nos lo explica Ricardo Forcano: un líder consciente debe trabajar en la búsqueda de su identidad personal: esa identidad personal que lo define a sí mismo, se mantiene estable en el tiempo y se nutre de un entorno cambiante manteniendo su esencia. Esa identidad no depende de mi contexto profesional (ya que mi posición o mi carrera no definen quién soy) ni depende de mis conexiones profesionales (ya que no me defino por quién me reporto o quién me reporta) sino que, en última instancia, conecta con mi yo, con ese yo que queda ahí si dejo mi trabajo. En consecuencia, la primera y principal tarea de un líder es conocerse a sí mismo. El liderazgo consciente sólo puede surgir de saber quién soy, cómo me expreso y cuál es mi entelequia (el propósito intrínseco de mi Ser). Reflexionar sobre mis raíces (de dónde vengo) y mis valores (qué defiendo) me ayudará a comprender quién soy, cuál es mi propósito en la vida y qué tipo de líder quiero llegar a ser.

Ahora bien, ¿cómo se hace eso de conocernos a nosotros mismos? sin duda existen muchas formas de hacerlo y cada uno tiene que encontrar la que mejor le funciona. Algunos expertos en desarrollo personal recomiendan llevar un diario, algo que también recomendaban los filósofos estoicos, ya que nos permitirá reflexionar sobre aquellas cosas que nos van sucediendo en la vida, las cosas buenas y también las cosas malas. Solo por el hecho de escribirlas y dedicar un tiempo a pensar sobre ellas esto tendrá un resultado muy positivo para nosotros.

También la meditación puede resultar de gran utilidad para conocernos a nosotros mismos ya que todos necesitamos tiempo para parar, para respirar pausadamente y para asentar nuestros pensamientos. De esta forma a través de la meditación podremos ir observando nuestros pensamientos según van viniendo a nuestra cabeza y sin llegar a juzgarlos, poder ir formando una mejor conciencia al respecto de lo que nos importa, lo que nos interesa, lo que nos motiva o lo que nos preocupa.

Otras formas de conocerse a uno mismo podrían ser las que han sido desarrolladas como herramientas en el ámbito de la psicología, la sociología o la productividad y algunas de ellas son:

  • DISC es una herramienta creada por el William Marston que clasifica el comportamiento de las personas en cuatro tipos: dominancia (D), influencia (I), estabilidad (S) y cumplimiento (C). Como metodología de evaluación personal es utilizada para mejorar la productividad, la comunicación y el trabajo en equipo.
  • Belbin es una metodología desarrollada para identificar los tipos de roles en un equipo de trabajo, identificando los puntos fuertes y débiles del comportamiento de las personas con las que trabajas.
  • MBTI es una herramienta que permite clasificar los diferentes tipos de personalidad y que es muy utilizado en el ámbito de la psicología y del coaching.

Del mismo modo en el nivel de la organización también es importante que podamos realizar ciertas reflexiones al respecto de nuestra razón de ser, nuestra misión, visión, propósito y valores, algo que en TeamLabs se resume a través del concepto de los  Leading thoughts que son los principios fundacionales y rectores de la organización. En el sustrato filosófico de la organización son los valores practicables que sostenidos en el tiempo permiten construir los modelos mentales y las maneras de entender el trabajo y el mundo.

Ignorantes bienvenidos

Conocerse a sí mismo implica ser consciente, entre otras cosas, de nuestras fortalezas y debilidades. Lo de «solo se que no se nada» de Sócrates, lo explica perfectamente en una sola frase, ya que proviene de una de las personas más sabias de la antigüedad, posiblemente una de las primeras en ser consciente de la importancia de reconocer las limitaciones a la hora de iniciar un proceso de aprendizaje, ya que nada puede entrar en una mente que ya se cree llena de conocimiento.

Un ejemplo más reciente de esto y muy representativo de esto, lo encontramos en la idea anti biblioteca de Marcos Vazquez de Fitness Revolucionario, que es uno de los mejores divulgadores sobre salud, deporte, nutrición y filosofía de vida de habla hispana y sin embargo es totalmente consciente de que aún le queda mucho por aprender, como muestra esta reflexión por su parte:

Los libros que compro más los que me regalan superan con creces los que puedo leer. Cuando me agobio por todos los libros pendientes de leer pienso en el concepto de la anti biblioteca. Se refiere a nuestra colección de libros no leídos y que quizás nunca leamos. Visualizar todos los libros que nos quedan por leer nos recuerda que nos queda mucho por aprender. Tener una gran anti biblioteca nos hace más humildes intelectualmente y menos categóricos en nuestras afirmaciones. Muchos de nuestros problemas vienen de sobrevalorar lo que sabemos y subestimar lo que desconocemos. La anti biblioteca es el antídoto contra el exceso de confianza causado por un poco de conocimiento.

Algo similar lo he podido vivir personalmente en la inauguración del nuevo curso de TeamLabs que cumple ahora 10 años desde su puesta en marcha y donde el equipo de mentores que participamos en los diferentes programas de aprendizaje tuvimos la suerte de escuchar las palabras de Felix Lozano al respecto de todo lo que nos queda aún por aprender en este camino de reinvención de la universidad, en este propósito que nos hemos marcado de lograr que las universidades y las escuelas se conviertan en laboratorios de aprendizaje.

Todo eso que nos queda aún por aprender nos hace tener que reconocer que somos unos ignorantes, porque lo que sabemos es mucho menos que lo que no sabemos, porque no tenemos las respuestas, pero sí que nos hacemos un montón de preguntas, porque lo que estamos queriendo hacer se encuentra completamente en el terreno de lo inexplorado, es mucha la incertidumbre y son pocas las certezas que tenemos al respecto, más allá de las ganas de lograr la misión que nos hemos propuesto.

Y gracias a esta forma de ver las cosas logramos alejarnos de uno de los males de todos aquellos que se dedican al estudio para posteriormente intentar aplicar lo aprendido, lo que el premio Nobel de economía Friedrich Hayek denominó la pretensión del conocimiento que se explica así: para que el hombre no haga más mal que bien en sus esfuerzos por mejorar el orden social, deberá aprender que aquí, como en todos los demás campos donde prevalece la complejidad esencial organizada, no puede adquirir todo el conocimiento que permitirá el dominio de los acontecimientos. En consecuencia, tendrá que usar el conocimiento que pueda alcanzar, no para moldear los resultados como el artesano moldea sus obras, sino para cultivar el crecimiento mediante la provisión del ambiente adecuado, a la manera en que el jardinero actúa con sus plantas. En el sentimiento de excitación generado por el poderío siempre creciente engendrado por el adelanto de las ciencias físicas, y que tienta al hombre, existe el peligro de que éste, «embriagado de éxito», para usar una frase característica del comunismo inicial, trate de someter al control de una voluntad humana no sólo nuestro ambiente natural sino también el ambiente humano. En realidad, el reconocimiento de los límites insuperables de su conocimiento debiera enseñar al estudioso de la sociedad una lección de humildad que lo protegiera en contra de la posibilidad de convertirse en cómplice de la tendencia fatal de los hombres a controlar la sociedad, una tendencia que no sólo los convierte en tiranos de sus semejantes sino que puede llevarlos a destruir una civilización no diseñada por ningún cerebro, alimentada de los esfuerzos libres de millones de individuos.

Esa lección de humildad de la que habla Hayek es la que recibimos en el momento en el que nos confesamos como unos ignorantes, no porque no sepamos nada, sino porque conscientes de todo lo que nos queda aún por aprender no nos atrevemos a dar lecciones a nadie ni a imponer a los demás nuestra forma de pensar. De esta forma evitaremos la fatal arrogancia que manifiestan aquellos que se creen con la autoridad de decir otros lo que deben pensar o lo que deben hacer, en lugar de hablarles de lo que han aprendido y poner de manifiesto las dudas que tienen aún al respecto de cómo funcionan las cosas.

Por suerte la complejidad con la que funciona el mundo se encarga de que cada vez seamos más conscientes de que desconocemos mucho más de lo que sabemos, de que vivimos en la incertidumbre y de que lo importante en este punto es ser capaz de navegar por esa tempestad, en lugar de intentar controlarla.

El reto de la medición del impacto y el valor aportado

Reconocer lo que no sabemos y tener la humildad necesaria para afrontar un nuevo proceso de aprendizaje, por duro e infructuoso que pueda resultar, es fundamental para los que nos dedicamos a la innovación, ya que tenemos un reto muy importante por delante demostrar el impacto que estamos logrando y el valor que aportamos al cliente o al mercado. Porque el que se dedica a vender manzanas o tornillos, tiene muy clara la propuesta de valor y le resulta sencillo conocer la satisfacción que tienen sus clientes, pero cuando se trata de desarrollar nuevos productos o servicios esto resulta bastante más complicado.

Por ejemplo en Sngular, que nos dedicamos sobre todo al desarrollo de software para empresas, tenemos que confiar en que lo que nos pide el cliente o lo que decidimos conjuntamente que hay que desarrollar, realmente va a cumplir con unas expectativas o cubrir unas necesidades de un cliente final. Otras veces al tratarse de software a nivel interno tenemos que ver cómo esto mejora la eficiencia de la empresa o reduce algunos de los problemas que pueda tener.

Es por esto por lo que en el ámbito de las metodologías ágiles, que nacen con la necesidad de mejorar la forma en la que gestionamos proyectos y nos organizamos en equipo, también se insiste mucho en la importancia de maximizar la entrega de valor y hacerlo de manera rápida para poder validar con el cliente que realmente el producto que se está desarrollando realmente cumple con sus expectativas.

A partir de aquí es cuando comienza a complicarse la cosa porque cumplir con la expectativa del cliente no siempre significa que realmente estemos logrando aportar valor, por ejemplo si el producto tiene que ser utilizado por un cliente final. Esto puede ocurrir cuando la empresa para la que estamos trabajando tiene clientes cautivos, que están insatisfechos con el servicio que reciben de la empresa, pero no pueden o no quieren cambiarse de proveedor o si lo hacen tampoco están seguros de ir a mejorar.

Algo parecido lo encontramos en relación con el impacto ambiental, porque una vez que hemos llegado a la conclusión de que es importante reducir el impacto que realizamos con nuestra actividad en el entorno, aunque sea por el mero hecho de no molestar al resto de seres vivos con los que convivimos, lo siguiente que tenemos que pensar es cómo de molesta, nociva o contaminante está resultando nuestra actividad en relación con el valor que nos está aportando a nosotros o a otras personas.

Un ejemplo lo encontramos en las baterías de las vehículos eléctricos, porque una vez que habíamos llegado a la conclusión que era mejor tener un vehículo que no necesita quemar combustible con los efectos de contaminación de la atmósfera que eso supone, empezamos a ver que la fabricación de las baterías tiene otros inconvenientes a nivel de contaminación, por lo que se hace necesario desarrollar modelos o criterios que nos permitan tomar mejores decisiones al respecto del impacto generado.

Y aquí es donde nos quedamos por ahora, porque está resultando un viaje apasionante esto de ir descubriendo cada vez más cosas en relación con el talento, el aprendizaje y el liderazgo, a lo que habrá que ir añadiendo con el tiempo también el impacto/valor.

 

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