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Esto no es una crisis, es la explosión de una burbuja

Publicado el 17 noviembre, 2022

Permitidnos que hoy nos volvamos a salir un poco de la temática habitual de tecnología e innovación para volver a hablar de finanzas, aunque sin duda que el tema tiene relación al respecto de las decisiones que tendremos que tomar en las empresas sobre la estrategia a desarrollar en los próximos años.

Lo que queremos tratar hoy aquí surge tras leer una reflexión de David Bonilla en la que relaciona los despidos que se están produciendo en muchas empresas digitales, con una posible crisis de la industria informática, algo que puede ser así cuando consideramos como crisis el fenómeno concreto en el que las empresas recortan sus expectativas de crecimiento y correspondientemente tienen que reducir costes. Pero lo que nos gustaría poner de manifiesto es la razón para que se haya producido esta crisis y por qué debemos tenerlo en cuenta a la hora de tomar decisiones estratégicas, especialmente de inversión.

Para ello lo primero que tenemos que exponer es la diferencia entre crisis y burbuja, porque el argumento principal de este artículo es que lo que estamos observando en el mercado es la explosión de una burbuja y no una crisis en sí misma del sector tecnológico o de la economía en general. Ya que si hablamos de crisis es cierto que lo que se produjo en 2020 por la pandemia sí que fue una crisis, o lo que se está viviendo ahora mismo con la guerra en Europa Oriental también lo es, pero no está tan claro que lo que sucede en la economía en general sea una crisis provocada por los dos fenómenos anteriores o son más bien las consecuencias del pinchazo de una burbuja financiera.

La hipótesis de partida para considerar que esto en general no es una crisis sino la explosión de una burbuja trata de explicar que el crecimiento que han experimentado las empresas tecnológicas y también otros muchos activos, no ha venido determinado por la inversión debido a las expectativas propias de crecimiento de los activos, sino por el exceso de liquidez que ha provocado lo que podríamos denominar como una burbuja crediticia. Dicho de otra forma, como había mucho dinero para invertir, la valoración de los activos ha subido muchísimo y mucho de ese dinero lo han dedicado las empresas a crecer, por ejemplo contratando mucha gente. Un escenario que ahora ha cambiado y esto se ve reflejado en despidos, entre otras cosas.

Y la razón del exceso de liquidez no ha sido otra que la excesiva impresión de dinero por parte de los bancos centrales y la forma en la que se ha repartido ese dinero, que como bien explica el Efecto Cantillon, ha llegado primero a aquellos que más tienen y podían recibir préstamos debido a su capacidad para aportar avales. Pero el problema ha sido que estas personas, muchas de las cuales ya son ricos, en lugar de gastar ese dinero en bienes de consumo lo han invertido en activos financieros, especialmente aquellos más especulativos, como son las acciones de empresas tecnológicas y las criptomonedas.

Siguiendo con el Efecto Cantillon, podemos ver que desde que se empezó a potenciar el acceso al crédito imprimiendo demasiado dinero y con tipos de interés muy bajos, este dinero ha tardado mucho en llegar a los que sí que querían gastarlo, como pudimos ver tras las crisis financiera de 2008 donde se endurecieron muchísimo las condiciones para acceder a los créditos. Y esta es la razón por la que la inflación ha tardado tanto en dispararse, porque durante años los bancos centrales intentaban impulsar la economía imprimiendo dinero pero lo único que lograban era la revalorización de los mercados financieros.

Por lo tanto en el momento en el que los bancos centrales empiezan a preocuparse por controlar la inflación y para ello comienzan a subir los tipos de interés, ya no le vale tanto la pena a la gente endeudarse para invertir, lo que provoca el estallido de la burbuja que llevamos viendo desde comienzos de año. Ahora bien, lo que tenemos que pensar aquí es cómo afecta esto específicamente a los negocios digitales y cómo puede ser su futuro al respecto cuando las aguas vuelvan a su cauce.

El caso de las empresas digitales

Las empresas digitales tienen todo el futuro por delante y esta crisis que están atravesando no es más que una regularización de las valoraciones que habían adquirido en los mercados. Lo que no es lógico es que empresas como Peloton, por mucho que la gente quisiese hacer ejercicio en casa en tiempos de pandemia, llegase a vale más de 50.000 millones de dólares, cuando su facturación no alcanzaba los 4.000 millones de dólares y sobre todo considerando que más allá de dar beneficios, la empresa perdía al año casi 200 millones de dólares.

Así que como te puedes imaginar lo que estamos viendo en estos momentos en el sector digital es un efecto similar al ocurrido en el año 2.000 con la burbuja.com, a diferencia de que en esta ocasión los modelos de negocio de muchas de estas empresas son sólidos, pero lo que no se sostiene son sus valoraciones porque son fruto sobre todo de la especulación provocada por la facilidad para invertir a crédito y no reflejan tanto la expectativa del negocio a largo plazo.

Entonces, ante este escenario lo que vemos es que esta regularización de los precios supone una gran oportunidad para invertir en un sector que ahora sí puede reflejar valoraciones acordes a su actividad y crecimiento natural, donde no cabe ninguna duda que la sociedad en su conjunto evoluciona hacia una mayor digitalización, lo cual seguirá beneficiando a estas empresas respecto a las del resto de sectores de la economía.

Cuando las DeFi no son Descentralizadas

Con las finanzas descentralizadas, las DeFi, como parte del ecosistema Crypto, lo que ha ocurrido es un poco diferente, porque aunque su crecimiento en valoraciones también ha venido reflejado por la capacidad para acceder al crédito, la realidad es que este sector ha replicado las malas prácticas del sector financiero tradicional a la hora de imprimir más dinero del que se debería, generando una especie de burbuja crediticia al cuadrado.

Lo que han hecho muchos proyectos de DeFi es imprimir Tokens, que se consideraría equivalente a dinero, pero sin ningún tipo de respaldo al respecto de riqueza generada o valor aportado. Del mismo modo que un banco central imprime dinero sin que esto sea un reflejo de que la riqueza de un país crece, porque no aumenta su PIB, por lo que genera una burbuja crediticia, lo que han hecho las empresas DeFi es crear tokens sin que esto se vea acompañado por una utilidad ofrecida más allá de la propia especulación y sobre todo contraviniendo la propia definición de DeFi al no hacerlo de manera verdaderamente descentralizada.

Un ejemplo muy representativo de esto es lo que ha ocurrido en la última semana con el token de FTX y en general con esta empresa dedicada a las finanzas descentralizadas, porque una vez que se ha comprobado que de descentralizado no tenía nada,  porque sus fundadores podían hacer y deshacer a su antojo, todo el castillo de naipes se ha venido abajo. Por esto es tan importante que si se quiere construir un nuevo modelo financiero que realmente no esté a expensas de los intereses particulares, se trabaje especialmente en lo relativo a la descentralización, como se ha hecho especialmente en Bitcoin, que de todo el ecosistema crypto y DeFi es lo único que realmente se ha mantenido descentralizado.

El fiasco del Metaverso

Si nos fijamos en la cotización de Meta, o en la de Decentraland, parece que estamos viendo un nuevo episodio a lo Second Life, porque ya no es solo una cuestión de exceso de expectativas a nivel de negocio, sino sobre todo también en cuanto al uso por parte de la gente o la utilidad ofrecida. ¿Tiene futuro el metaverso? futuro tiene, lo que no tenemos nada claro es cómo de cercano está ese futuro y sobre todo qué falta a nivel de tecnología y usabilidad para que pueda decirse que ofrece las condiciones adecuadas para su masificación.

Lo primero que tenemos que considerar en este punto es cómo de madura está la tecnología necesaria para que la experiencia del usuario del metaverso sea óptima y aquí queda claro que aún hay mucho por hacer. Empezando por la Realidad Virtual que aún tiene muchos problemas en cuanto a las sensaciones que percibe el usuario, por ejemplo en lo relativo a mareos, y siguiendo por la propia necesidad que puedan tener las personas de amplificar la experiencia que ahora tienen cuando usan videojuegos, redes sociales o apps de citas, para tenerlo todo en un mismo lugar.

Luego, por arrojar un poco de optimismo en este ámbito, seguramente va a ser muy interesante todo lo que suceda en el momento en el que la Inteligencia Artificial se incursione en el desarrollo del metaverso, algo que ya ha sucedido en el diseño de videojuegos donde tiene un papel importante, por ejemplo para la creación de escenarios, vestuarios y demás, pero que seguramente tenga un impacto mucho mayor cuando no solo se utilice para diseñar estructuras sino también experiencias.

Así que viendo los grandes avances que se han producido en los últimos meses en el uso de la Inteligencia Artificial para la generación de imágenes, textos, vídeos y música, lo lógico sería pensar que todo eso se va a trasladar poco a poco al metaverso y entonces sí que se marque la diferencia entre un tipo de metaverso que es la suma de muchas cosas a ser algo realmente novedoso y diferencial.

Conclusión

Para avanzar en este tiempo en el que nos ha tocado vivir, y en el que además se vive mejor que nunca, tenemos que ser muy conscientes de las enseñanzas que nos han dejado los filósofos de la antigüedad, a saber:

  • Sócrates con «el solo sé que no sé nada» nos invita a ser conscientes de nuestra ignorancia con el objetivo de desarrollar el afán por aprender, por sentir la necesidad de aprender cada día para ser mejores, porque es a través de las ganas de aprender como iremos descubriendo cómo se van desarrollando los acontecimientos y cómo podemos tomar ventaja de ello.
  • Heráclito con «lo único constante es el cambio» nos introdujo una forma de pensar donde lo importante es la capacidad de adaptación y la flexibilidad, observando lo que ocurre a nuestro alrededor y tomando partido en consecuencia, en lugar de intentar controlar o luchar contra las dinámicas naturales que tienen las personas o se producen en los mercados.

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