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Descubre el sector Legaltech

Publicado el 01 octubre, 2020

Hoy os traemos un artículo especial, en primer lugar por ser de un tema del que aún no habíamos hablado por aquí y en seguro porque no lo hemos escrito desde el equipo de Futurizable sino por  Juan Carlos Fernández, que es un gran conocedor sobre cómo la tecnología está cambiando el sector legal. Juan Carlos es fundador de la empresa Tecnogados y realiza una importante labor de divulgación sobre la importancia de aplicar la tecnología en el sector legal, como vais a poder comprobar a continuación.

Descubre el sector legaltech

La irrupción de la tecnología está siendo imparable en todos los sectores y como no podría ser de otra manera, también en la prestación de servicios legales. Aun siendo los abogados un sector tradicional, acomodado y apalancado en lo que se refiere a la prestación de servicios y al uso de las nuevas tecnologías, sobre todo en pequeños y medianos despacho, cosa que no ocurre en las grandes firmas legales, donde sí que hay una fuerte adaptación e inversión en tecnología.

Pero sin embargo hemos visto un antes y un después debido al confinamiento provocado por el COVID-19, donde los profesionales del derecho no han tenido más remedio que digitalizarse para poder seguir ofreciendo sus servicios a sus clientes. Esta necesidad también ha llegado al grueso de trabajadores, los cuales se han visto obligados a teletrabajar y, en consecuencia, a incorporar a sus rutinas laborales nuevas herramientas digitales.

Aunque los profesionales del derecho no hayan sabido adaptarse paulatinamente a la digitalización, no ha sucedido de igual manera en el sector empresarial legal, ya que éste lleva durante los últimos años desarrollando tecnologías conocidas como “legaltech”. Dicho anglicismo proviene de la unión de los términos “legal” y “technology”. Y cuya definición podría entenderse como, el uso de la tecnología para la prestación de servicio legales a través de canales y/o herramientas digitales.

Estos servicios legales tienen dos finalidades, la primera es contribuir a los profesionales a ser más eficientes y eficaces, y, la segunda, es la que permite a los usuarios/clientes poder acceder a servicios legales a través de las nuevas tecnologías. Las empresas legaltech suelen incorporar en sus equipos el uso de metodologías ágiles, lo cual se ve reflejado en una buena experiencia de usuario, haciendo que éste prefiera acudir a estas plataformas para la resolución de asuntos de escasa cuantía y/o complejidad, frente a servicios legales tradicionales.

Uno de los nuevos modelos de negocios que han surgido en el entorno web son los que se conocen como “plataforma”, donde el éxito de este modelo de negocio es, por un lado, captar un gran número de cualificados profesionales que presten sus servicios y, por otro, a miles de usuarios demandantes de resolución de asuntos legales. Siendo la función de la plataforma la de facilitar la intermediación entre profesionales y usuarios, y cuyas variedades veremos más adelante.

Es muy amplio abanico de empresas que se agrupan bajo el paraguas del término, por ejemplo las que están relacionadas con la resolución de dudas en asuntos legales, las reclamaciones de usuarios, la venta de modelos de contratos, la obtención de evidencias digitales y los marketplaces jurídicos. Donde la característica principal es que muchas veces detrás del servicio legal no hay un abogado, sino un algoritmo, que se limita a poner a disposición del cliente el resultado del código ejecutado.

El camino en el sector legatech

Como cantaba Joan Manuel Serrat “El camino se hace al andar”, y en este sentido, el sector legaltech lleva muchos pasos dados, y ha incorporado a su modelo de negocio los constantes avances tecnológicos, pero, sin embargo, el sector legal y más en concretamente los abogados no han sabido subirse aún a este tren de de la innovación.

El no dejarse arrastrar por la corriente digital, puede hacer que profesionales cualificados hasta ahora, pierdan competencias y, en consecuencia, reduzcan el número de clientes y la calidad de la prestación del servicio, arriesgándose a que les pase lo que se cuenta en la fábula de Spencer Johnson “¿Quién se ha llevado mi queso?”, cuya conclusión, no es otra, que la necesidad de adaptación a los tiempos que toca vivir. Haciendo un símil entre el queso y el mundo digital actual, claramente no queda otro camino al sector legal que digitalizarse, ya que una gran parte de la porción del queso se juega en la liga tecnológica, en lo que respecta, a la captación de potenciales clientes, como a la irrupción de nuevos profesionales con fuertes competencias digitales.

A falta de diferenciación y/o especialización, existe una feroz competencia en el océano rojo de la prestación de servicios jurídicos, por lo que las armas con las que pueden luchar los profesionales son ahora herramientas digitales y el uso de aplicaciones legaltech, con el fin de mejorar la calidad del servicio y llegar a esos valiosos leads del mundo digital. Donde los usuarios cada vez buscan más la reducción de costes y la especialización del profesional, en contraprestación de la ubicación física del profesional, ya que la tecnología les permite acortar distancias. Los despachos también tienen que incorporar metodologías y herramientas de marketing “MarTech” que les acerque a sus clientes digitales, apostando por una buena estrategia SEO, a medio plazo, y no quemar sus presupuestos de publicidad basados en la inmediatez del SEM y su posterior volatilidad.

El camino hacia la digitalización de empresas legales ha ido de la mano de lo que se conoce las “Big 4” (Deloitte, EY, KPMG y PWC), las cuales han cambiado el paradigma en el enfoque de la prestación de servicios legales, pivotando hacia un modelo orientado al mundo de los negocios. Y, ante el éxito de sus números, ha obligado a sus competidores a implementar propuestas y soluciones similares.

Afortunadamente, con la reducción de los costes de la digitalización de los sectores profesionales, se ha conseguido democratizar el sector legal, haciendo que medianos y pequeños despachos, puedan jugar en las grandes ligas sin reducir la calidad de sus servicios, ofreciendo a sus clientes agilidad e inmediatez frente a la lentitud de las grandes corporaciones, y la prestación de servicios online frente a reuniones presenciales en grandes despachos, que repercuten en elevados costes de mantenimiento de oficinas y, en consecuencia, altas minutas.

Echando la vista atrás y buscando lo que podría entenderse como el origen del mundo legaltech, habría que remontarse a finales de la década de los años setenta y a la compañía norteamericana LexisNexis, que fue la empresa pionera en ser proveedora de servicios legales, introduciendo el terminal telefónico conocido como “UBIQ”, el cual permitía conectar a los despachos con enormes bases de datos legales y de jurisprudencia de las bibliotecas de los Estados Unidos, ahora al acceso de cualquier profesional, pero en aquella época sólo al alcance de grandes firmas.

Pero no fue hasta la aparición de Internet cuando el volumen y el acceso a la información se hizo asequible para todo el sector legal, pasando del uso de las desactualizadas bases del conocimiento, almacenadas en disquetes o en CDs-ROM, a un mundo de contenidos actualizados gracias a la tecnología de la red.

¿De cuánta inversión hablamos en el sector legaltech?, según la valoración de Law Society de Reino Unido, el capital invertido en el año 2019 ascendió a casi 16 billones de dólares.

¿Cuáles son las iniciativas legaltech actuales?

En cuanto a variedad de proyectos legaltech, el año pasado se contabilizaron más de 140, sólo en territorio español y repartidos en diferentes categorías.

Marketplaces, pero en este caso, especializados en la venta de servicios legales, como por ejemplo ElAbogado, TuAppAbogado,…; siendo las características de estas plataformas similares a las de cualquier otra, donde, por un lado, la plataforma tiene que contar con un gran número de profesionales, normalmente abogados y/o pequeños despachos, indexados por ubicación y/o especialidad y, por otra parte, la plataforma debe de llegar a un gran volumen de usuarios/clientes demandantes de algún servicio legal.

En este vertical, vemos que el modelo de negocio puede variar de una plataforma a otra, unas ingresan por que el abogado aparezca en las primeras posiciones de sus listados de profesionales destacando su perfil, otras, sin embargo, lo que hacen es que ponen en contacto al cliente con varios profesionales (no más de tres normalmente) y es éste, el cliente, el que finalmente elige al profesional. El mero hecho de poder llegar a contactar con el cliente tiene un pequeño coste para el abogado y en ningún momento la plataforma asegura la contratación.

En este modelo de negocio ha venido existiendo un cierto debate debido a que el chocaba directamente con lo regulado en el Código Deontológico de la Abogacía Española, que estuvo vigente hasta el año 2019, y en el cual no se permitía lo que se conoce como pago por captación de clientela. Afortunadamente, el actual Código zanjó esta polémica, permitiendo adaptarse a una realidad social, por lo que su actual regulación admite el pago por captación de clientela, siempre que se informe al usuario.

Como en todos los modelos de negocio de plataformas de internet la escalabilidad y tracción del negocio va a depender de dos factores, el primero, que exista un gran volumen de usuarios/clientes demandantes de servicios legales y, segundo, que exista un gran número y variedad de especialidades de profesionales repartidos por todo el territorio nacional. El cliente acude a este tipo de plataformas buscando servicios a precios más accesibles, especialización y agilidad en la contratación. Y, para el abogado es otro canal de captación de clientela, asunto a tener muy presente, ya que es un hecho notorio las altas barreras de entrada que existen en el ejercicio de la abogacía, y donde la plataforma da la confianza necesaria al cliente para que éste pueda decidirse por la contratación.

Otras de las modalidades de servicios legaltech son los relativos a reclamaciones, siendo la plataforma Reclamador la más conocida, donde usuarios buscan empresas nicho especialistas, como, por ejemplo, en reclamaciones a aerolíneas, bancos, cobro de impagos, … Permitiendo al usuario reducir la cuantía de costes en la prestación de servicios, así como una facilitar una mayor rapidez y agilidad respecto a los trámites necesarios. Uno de los elementos diferenciadores es que los usuarios no tienen que abonar el pago completo del servicio y únicamente pagan éste si el resultado de la reclamación haya sido satisfactorio.

Otra modalidad de legaltech son las que se conocen como terceros de confianza, empresas que se dedican a certificar hechos que se producen en el entorno digital, aquí podemos apuntar a varias empresas Coloriuris, eGarante, …; solucionando uno de los problemas de la red como es la volatilidad de contenidos y/o mensajes. Aquí distinguimos dos sectores, los que, por un lado, se dedican a la obtención de evidencias digitales y donde el fin de la prestación del servicio es la acreditación de un hecho que se ha producido en el mundo digital, haciendo el software de la aplicación de tercero imparcial, objetivo y sin interés en el proceso. Y, por otra parte, aquellas empresas que se encargan de certificar comunicaciones digitales.

Las características de ambos modelos son el uso de firmas electrónicas y sellos de tiempo, permitiendo garantizar la integridad y autenticidad de la obtención del contenido, así como datar en el tiempo la fecha en la que se realizó. Esta modalidad permite poder certificar los contenidos de páginas web, de redes sociales, foros y conversaciones de mensajería en aplicaciones bidireccionales. Normalmente la prestación se realiza bajo dos modalidades, la primera, es mediante la captación del código fuente y las capturas de las pantallas que se están certificando, y la segunda, con la grabación de un vídeo de lo que se está visionando en la pantalla del dispositivo, donde el usuario puede acceder a las imágenes, vídeos o conversaciones que quiere certificar. Posteriormente, se emite un Informe donde se certifica el contenido con el cálculo de la firma HASH, a la vez que se inserta un sello de tiempo.

En este sentido, podemos destacar la entrada de nuevos players, como, por ejemplo, la startup Visualeo, la cual permite al usuario obtener fotografías/vídeos a través de su APP, geolocalizando las coordenadas GPS de la toma de los fotogramas e insertándoles la fecha/hora en la que se tomaron. Con esta información se genera un Informe cuyo código HASH es insertado en la red blockchain, permitiendo hacer la inmutabilidad de la red la función de registro público sobre la integridad y autenticidad del contenido. Pero, sin embargo, el valor diferencial de la plataforma es que puedes solicitar que un visualizador de su red nacional pueda obtener por ti imágenes/vídeos del estado o la situación de lugares y/o objetos.

El segundo modelo de negocio viene a solucionar otro de los riesgos en el mundo digital, como es la acreditación de comunicaciones digitales como puede ser la certificación de recepción de correos electrónicos o la firma de documentos digitales. En este sentido aparecen legaltech, las cuales se encargan de verificar la identidad digital de quien es la persona/s que firma/n un documento/contrato digital o la envía una comunicación electrónica.

La metodología suele ser igual en todas variando la modalidad de firma utilizada. El destinatario recibe un mensaje con un enlace al documento y una vez abierto y pasado por todas las páginas se le ofrece la posibilidad de firmarlo, bien simulando la firma caligráfica con el dedo sobre la pantalla del dispositivo o con la grabación de un audio de voz o vídeo, donde quede constancia del acuerdo. La empresa se encarga de certificar estos procesos, generando un Informe con toda su trazabilidad y con plena validez legal, poniéndolo a disposición del cliente que contrató el servicio, por si fuese pertinente presentarlo como prueba en un proceso judicial.

Otra solución interesante es la certificación, en lo que respecta al envío y apertura de correos electrónicos, evitando que el destinatario pueda alegar que no recibió el comunicado o que el mismo fue directamente al buzón de SPAM. Estas soluciones permiten detectar la fecha en la que el usuario lee el mensaje e incluso si el destinatario hizo clic sobre el enlace del correo o la descarga del fichero adjunto, destacando empresas como Signaturit o LegalPay. En este mismo sentido, también existe un nicho de negocio, como la empresa Notificados que viene a modernizar y agilizar servicios tradicionales como son las comunicaciones certificadas tipo burofax.

Todas estas soluciones vienen a ayudar a probar hechos que se producen en el entorno digital, por cierto, cada día más usuales debido a la digitalización de la sociedad y donde las legaltech tienen mucho que aportar en lo que respecta a la obtención de evidencias y su posterior incorporación como fuentes de prueba a procesos judiciales en cualquier orden, penal, civil, laboral o administrativo. Como no podría ser de otra manera, la actual regulación permite la aportación de esta modalidad probática a los procesos y para ello podemos basarnos en lo regulado en la Ley de Enjuiciamiento Civil, la cual nos permite incorporar al proceso evidencias digitales, con el único requisito de que la información sea pertinente para el proceso, por lo que podríamos llegar a ver en los juzgados pruebas donde la información dimanara de un dispositivo conectado al Internet of Things o datos de centralitas de vehículos autónomos con información de fecha y hora, localización del vehículo, imágenes de las cámaras, velocidad, …; en definitiva un apasionante nicho para el ejercicio de la abogacía y para abogados con perfiles tecnológicos.

Por último, también podríamos considerar una variedad de servicios legaltech, la aparición de nuevos modelos de despachos distribuidos, como LawYou, donde gracias a la tecnología permite incorporar a sus filas abogados independientes y conectarlos a su red, permitiendo ofrecer servicios que por ellos mismos de forma independiente no estarían a su alcance. El modelo de ingreso de estas plataformas está en el pago por suscripción de sus profesionales, ofreciendo a estos accesos a sus bases datos, servicios de captación de clientela, resolución de consultas con el equipo de profesionales e incluso el uso de sus propias herramientas de gestión.

Movimiento legaltech

El auge del movimiento legaltech ha ido de la mano del aumento de la celebración de congresos y cumbres, enfocados a un vertical como son la innovación y el fomento del uso de la tecnología aplicada al ámbito legal.

Como novedad, podríamos destacar que cada vez es más usual ver en este tipo de eventos, como discurre paralelamente al maratón de conferencias otra liga del nuevo movimiento legaltech como son los “Hackathones”. Competiciones entre equipos multidisciplinares abogados, programadores, diseñadores, …; que durante el tiempo que dura el Congreso tienen la función de desarrollar un producto o solución digital que mejore o resuelva un problema relacionado con el ámbito legal, y cuyo premio suele ser una ayuda económica para que se pueda seguir desarrollando el prototipo.

En esta misma dirección también han irrumpido las grandes firmas, sumándose al carro de desarrollo de sus propias soluciones legaltech, donde, por un lado, han incorporado a su plantilla perfiles técnicos que desarrollen sus herramientas y, por otra parte, la creación de programas de aceleración, en el que se pone al servicio de las startups seleccionadas asesoramiento legal y un equipo de expertos, con el fin de que la empresa/proyecto se consolide.

Por último, hay que destacar la aparición de asociaciones en este vertical, en España tenemos Legal Hackers, donde sus asociados son abogados y técnicos, y cuyo valor diferencial es la combinación de perfiles tan dispares.

Dónde estamos y hacia dónde vamos

El confinamiento ha sido la mecha que ha prendido la llama de la digitalización de muchos sectores, también el legal. Los abogados han pasado de reuniones presenciales con sus clientes al uso de plataformas de videoconferencia como Teams, Skype, Zoom y otras muchas. Y, han pasado de firmar hojas de encargos y contratos en soporte papel a exigirles a sus clientes la incorporación de la firma electrónica.

Pero la digitalización también acarrea nuevas complicaciones en lo que respecta a la seguridad de la información, ya que hasta ahora la información y datos se encontraban en sus discos locales y ahora han pasado a estar en prestadores de servicios en la nube. Y, debido a la categoría de datos que estos profesionales almacenan, cualquier brecha de privacidad y/o seguridad, puede dar lugar a sanciones y graves daños de imagen del despacho, por lo que también han incorporado metodologías de cifrado de información.

Además, en los despachos de tamaño medio se ha ido un paso más lejos, empezando a utilizar herramientas y/o SAAS para la automatización de procesos y gestión de clientes, software de control del tiempo por cliente o incluso utilidades para diseñar campañas de marketing, mailing o de gestión de calendario editorial para las publicaciones de sus propios artículos del blog.

Veremos como la evolución de las legaltech en los próximos años nos permitirá incorporar avances como son el big data y el machine learning, con relación a la explotación del gran volumen de bases de datos jurídicas, donde todavía a día de hoy, los resultados de las bases legales se basan en criterio de búsquedas por palabras, y donde esperemos que en breve llegue soluciones como Watson de IBM, cuyo resultado se basará en algoritmos predictivos y el uso de lenguaje natural.

Conclusiones

La constante irrupción de los imparables avances tecnológicos, así como la democratización del uso de la tecnología, hará que surjan nuevos proyectos legaltech, y la de adaptación de los profesionales del sector jurídico, evitando que la deriva tecnológica les haga naufragar como le sucedió a Kodak y Nokia, por ejemplo.

La globalización unida a la digitalización está haciendo que lleguen nuevos players internacionales con nuevas soluciones legales a nuestro país, esto no sólo afecta a las grandes firmas, ya que el modelo de negocio de algunos de estos está orientado a la escalabilidad y a la recurrencia de servicios orientados a pequeños clientes. Motivo éste por lo que el sector legal tiene que adaptarse e implementar similares soluciones digitales que sus competidores, permitiéndoles ser más eficaces y eficientes, y en consecuencia dar un mejor servicio a sus clientes.

El sector legal no tiene que olvidar a los potenciales clientes Millennials, consumidores digitales que no van a los bancos pero que tienen cuenta bancaria y que suelen contratar servicios profesionales a través de internet. Donde sus prioridades son la reducción de costes, la especialización del profesional y la agilidad a la hora de la contratación de la prestación.

Tal ha sido la irrupción de la digitalización, por la pandemia, que incluso la Administración de Justicia ha celebrado sus primeros juicios telemáticos, ¿quién nos lo hubiera dicho hace un año?, y tal ha sido el grado de satisfacción del sector jurídico, que quien sabe si no han venido para quedarse en asuntos leves.

Y, por último, no podemos terminar la publicación sin hacer alusión a una frase clásica de Darwin, pero que se ajusta al contenido del artículo como es: que no es la especie más fuerte la que sobrevive, sino la que mejor se adapta al cambio; y en el siglo XXI el cambio es hacia el mundo digital.

Entrevista a Laura Fauqueur

Laura Fauqueur es otra gran experta en legaltech y a través de esta entrevista nos aporta una visión complementaria a la introducción al tema que acabamos de conocer.

¿Por qué estamos hablando ahora de Legaltech? ¿Qué ha cambiado en el sector legal para que ahora la digitalización y la tecnología sea un factor diferencial?

Yo desde luego hace mucho que estoy hablando de legaltech… ¡la diferencia es que ahora la gente me escuchan, jajaja… Ahora en serio: el sector legal está cambiando mucho, y si bien esta transformación se había iniciado tiempo antes de la pandemia, la situación de los últimos meses lo ha precipitado todo.

Pero no estoy del todo de acuerdo con que la digitalización y la tecnología sean un factor diferencial hoy en día. Puede que antes sí, lo haya sido, pero ahora ya no es más que un factor de supervivencia, un factor casi higiénico.

El sector jurídico tardó mucho en evolucionar tecnológicamente por un número de razones sobre las que no nos vamos a detener ahora (por ejemplo, el escaso apoyo institucional, cierta sensación de “inmunidad” frente a la revolución digital por ser trabajadores del conocimiento, una visión conservadora de la justicia, etc.) y urgía una intensa transformación.

Sin embargo, lamento que se esté ahora queriendo utilizar la tecnología como mero parche para problemas urgentes (que no siempre los más importantes) y que no se plantee como una vía de cambio más profundo, y más necesario ahora que nunca.

Si no desarrollamos la creatividad para utilizar y crear legaltech, no servirá de nada. No se trata de buscar cómo hacer lo de siempre, pero en digital. Se trata de buscar mejorar la justicia de verdad y desde la raíz.

¿Cómo definirías Legaltech?

La legaltech es toda tecnología específicamente creada para el ámbito jurídico. Engloba tanto la tecnología que apoya la labor de los juristas, como la que les sustituye. Algunos anglosajones hacen la distinción llamando a la primera “legaltech” (tech de apoyo) y a la segunda, “law tech” (tech de sustitución).

Yo creo que ambas acepciones caben en una misma definición de legaltech, pues la separación entre herramienta para jurista y para usuario final (justiciable) no siempre existe.

Pensemos por ejemplo en una herramienta de automatización de contratos, que permite generar contratos, almacenarlos, recordar vencimiento, hacer plantillas, trabajar colaborativamente, enlazar con procesos de firma digital, etc.: servirá tanto a un abogado para gestionar sus contratos para sus clientes, como al cliente del mismo, que podrá contratar la plataforma para utilizarla de forma interna, e incluso descargarse un modelo de contrato para no necesitar la ayuda de un abogado externo.

Existen muchas categorías de legaltech y ojalá aparezcan más en los próximos años. Por citar algunas, aparte de lo anterior – las herramientas de gestión de contratos – también están las de gestión de asuntos procesales, de management de despachos, de ayuda para M&A, de procesamiento de documentación, de análisis y a veces incluso ya de predicción de jurisprudencia de los tribunales, los directorios, con o sin rating, para que los clientes encuentren abogados y viceversa, las de evidencias certificadas, las de secretariado mercantil (celebración de juntas de accionistas, etc.), de reclamaciones online, de mediación, etc.

En tu opinión ¿Qué debe tener una iniciativa en el ámbito legal para considerarse Legaltech?

Debe ser, obviamente, tecnológica, y a la vez vinculada al mundo jurídico, bien porque su cliente es de este mundo, bien porque su producto es jurídico. Para mí, para ser considerada como legaltech, una solución debe resolver un problema de los usuarios de la justicia o de los profesionales de esta.

A la inversa, está claro que Office, siendo la tecnología más utilizada por los juristas, no es una solución legaltech. Es, por oposición a la legaltech, una tech “generalista” que tiene cabida en cualquier actividad.

Por ello no deben confundirse los términos “transformación digital” y “legaltech”. Existen despachos y juristas muy digitalizados que apenas utilizan legaltech, pero sí mucha tech.

¿En qué consiste tu trabajo en el sector Legaltech?

Por una parte, soy consultora y facilitadora. Ayudo a personas, despachos de abogados, instituciones, departamentos jurídicos de empresas y redes internacionales profesionales de despachos y de expertos a crear y llevar a cabo su transformación, que no es solo digital. Trabajo con design thinking para llevar a cabo estos encargos y está dando muy buenos resultados. Entre otras utilidades, esta metodología es muy útil a la hora de detectar puntos de mejora, desarrollar soluciones creativas, e inventar una legaltech centrada en su usuario y de forma ágil.

Por otra parte, dirijo el Máster en Legaltech del CEU IAM que lanza en Octubre su 2ª edición. Se trata del primer máster executive presencial sobre la materia en español, donde ya se ha formado una primera promoción de brillantes juristas que ahora mismo están entre los profesionales mejor preparados para enfrentar esta nueva etapa del derecho.

Finalmente, aparte de estas 2 actividades principales, llevo tiempo realizando cierta labor de divulgación de la legaltech y de la cultura del cambio que implica, a través de diversas iniciativas, charlas, conferencias, hackathones, talleres, etc. También pertenezco al movimiento Legal Hackers que tiene su comunidad y sus capítulos repartidos en el mundo entero, y por ello cofunde con amigos el “chapter” de Legal Hackers en Madrid en 2015.

¿Cómo pueden las startups Legaltech transformar el sector legal?

¡De muchas maneras! Las carencias del mundo jurídico son muchas y muy conocidas (lentitud, lenguaje jurídico poco claro, burocracia, atomización de los despachos de abogados, falta de eficiencia en los procesos, etc.), por lo que lanzar una solución legaltech que resuelva cualquiera de estos retos es buena idea…

Pero ojo: si bien existen todavía necesidades sin cubrir para las que sería preciso crear herramientas, algunas categorías de legaltech están ya muy saturadas de proveedores. A este mercado aún le falta madurez y consolidación. Por ello, el reto actual para la buena evolución (y explosión) del sector legaltech es lograr atraer inversiones reales. Es muy importante que se beneficie de tantas inversiones como otros sectores, pues el mercado es amplio y la necesidad es muy real.

Si aquí me leen algunos inversores, os pido que por favor os intereséis por este sector, pues tiene un gran potencial… 😜

¿Puedes hablarnos de algunas iniciativas destacadas del Legaltech?

Podría hablarte de muchas, pero no quiero hacer publicidad por unos u otros y olvidarme de otros muchos… así que animo a los lectores de Futurizable que quieran ahondar más en este campo a visitar webs como la guía legaltech de mis grandes amigos de Derecho Práctico o el mapa legaltech de los también amigos de Legaltechies. Encontrarán ahí un montón de empresas y soluciones operativas que están cambiando la prestación de servicios jurídicos.

Una iniciativa que no quiero dejar de mencionar antes de irme, aunque no sea exactamente legaltech, es la de los juicios virtuales o telemáticos. En efecto, debido al estado de alarma y posteriores restricciones para la celebración “física” de juicios, así como a la avalancha de asuntos que está llegando a los tribunales y viene a amontonarse encima de la pila ya muy alta de asuntos pendientes de la era pre-pandémica, unas de las únicas vías para aligerar y agilizar la justicia es continuar y ampliar la celebración de juicios online.

Gracias al esfuerzo que están realizando muchos jueces, fiscales, letrados de la administración de justicia, abogados, etc., se están celebrando muchísimos juicios en línea, con buenos resultados, aunque muy mejorables por supuesto.

Estoy convencida de que la normalización de este tipo de actuaciones (que hace tan solo un año parecía ciencia ficción en España), va a tener un fortísimo impacto en la legaltech y su alcance, y en la transformación digital de los profesionales del sector, que auguro veremos en los próximos meses.

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