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Café para todos

Publicado el 03 noviembre, 2022

El artículo de hoy va a ser un poco diferente ya que no vamos a hablar de metodologías ni de tecnologías, sino de algo menos concreto o práctico, aunque de vez en cuando no viene mal reflexionar sobre aquellas ideas que rondan en nuestra cabeza y que nos pueden ayudar a seguir mejorando como personas y como profesionales.

El tema sobre el que queríamos reflexionar es la razón por la cual en nuestra sociedad se valoran más las respuestas que las preguntas o dicho de otra forma, por qué aceptamos muchas respuestas como válidas sin haber pensando si eso es lo mejor para nosotros o para los que nos rodean.

Por ejemplo en lo que se refiere a valorar más las respuestas que las preguntas lo vemos claramente en el sistema educativo convencional, donde los alumnos aprueban si aportan las respuestas correctas pero no se valora ni se fomenta para nada que sean capaces de formular buenas preguntas. Del otro lado, en lo relativo a aceptar muchas respuestas como válidas vemos situaciones como la vuelta al trabajo presencial en empresas cuyos trabajadores realizan trabajo de oficina, que podrían seguir haciendo de manera remota, pero no se plantean cómo organizar el trabajo para enfocarse en objetivos que se puedan medir y no en tareas que se puedan supervisar.

Como te puedes imaginar, esta forma convencional de aprender y de trabajar, donde son más importantes las respuestas que las preguntas, están mucho más cerca de un modelo taylorista, donde la educación y el trabajo se organizan de manera supuestamente racional para maximizar su eficiencia, pero cometen el error de base de pensar que las personas somos como máquinas cuando aprendemos o trabajamos, lo cual dista mucho de la realidad.

Volviendo a hacernos preguntas, tendríamos que pensar al respecto de por qué todos cuando vamos a la escuela tenemos que aprender las mismas cosas o por qué cuando estamos en una empresa tenemos que trabajar 8 horas al día 5 días a la semana.

Pero como no somos capaces de responder satisfactoriamente a estas preguntas proponiendo modelos alternativos que realmente resulten satisfactorios para mucha gente, preferimos quedarnos como estamos y asumir las grandes limitaciones que para muchas personas suponen estos modelos basados en realidades e ideas que se han mostrado claramente obsoletas.

Por verlo con algunos ejemplos, en el sistema educativo tenemos desde hace años alternativas como el unschooling, el flipping classroom o el learning by doing, pero apenas se utilizan o incluso algunas no están permitidas por las autoridades, porque delegan demasiada responsabilidad en el aprendiz frente al que se ha otorgado el derecho de enseñar lo que considera que procede o es más conveniente.

En el ámbito del trabajo se produce la misma situación, porque por ejemplo desde que Tim Ferris publicó el libro La Semana Laboral de 4 Horas mucha gente ha sido consciente de que para tener éxito a nivel profesional no es necesario trabajar exactamente 8 horas al día 5 días a la semana, lo cual tampoco quiere decir que todo el mundo pueda ser exitoso trabajando muchas menos horas, pero al menos podemos plantearnos que puede haber otras opciones válidas más allá de la socialmente establecida en la era industrial.

Entonces el problema que nos encontramos en este punto es quién tiene la clave para salir de esta situación y evolucionar a un modelo mucho más flexible, adaptativo y personalizable, al que podríamos llamar modelo evolutivo, porque se parece mucho más a una visión de la persona que aprende y que trabaja, como ser vivo y racional, que como la máquina que muchas veces se espera que actúe siguiendo unas instrucciones u órdenes preestablecidas.

En este punto vale la pena recurrir a la filosofía para entender por qué se produce esta situación y especialmente tenemos que referirnos a las ideas de Thomas Hobbes que han tenido una gran influencia en cómo se ha organizado la sociedad occidental en los últimos siglos, especialmente en lo relativo a como se ostenta la autoridad, pero también en cómo se percibe la responsabilidad personal. Porque Hobbes abogaba por una idea mecanicista del ser humano, es decir, como una máquina natural sometida a la sucesión estricta de causas y efectos, teniendo como propiedades naturales el desear y obrar, deliberar y moverse, en función de la primera circunstancia que es el deseo.

Por lo tanto frente a esta visión de que las personas somos máquinas que aprendemos o máquinas que trabajamos, es lógico que haya mucha gente que piense que la mejor forma de organizar eficientemente el sistema educativo o el mercado de trabajo sea dando instrucciones, como se hace con una máquina, en lugar de pidiendo responsabilidad y facilitando la autonomía, como debería hacerse con las personas.

Esta situación ha llegado a ser tan extrema que algunos científicos aseguran que todo lo que ocurren en el ser humano es cuestión de química, que son las hormonas y otras sustancias químicas las que nos gobiernan, rechazando incluso que esto nos deje algún tipo de margen para actuar de la forma que comúnmente se ha denominado como racional. Y aunque es cierto que en nuestra actitud influyen infinidad de aspectos químicos y físicos, tanto internos como externos, por lo que no debemos destacar la influencia que por ejemplo tiene sobre nosotros nuestra propia microbiota, el error es reducirlo todo al extremo de que somos como máquinas con un manual de instrucciones del que algún día conoceremos todas las claves de su funcionamiento.

Por suerte la vida nos va a poniendo a cada uno en nuestro lugar y cada vez que se produce un descubrimiento, por ejemplo de cómo funciona el cerebro, este nos lleva a ser conscientes de todo lo que aún os falta por conocer, hasta el punto de pensar que sabemos mucho menos de lo que realmente nos queda aún por descubrir. Así por ejemplo vemos cómo cuando estudiamos al cerebro cómo una máquina gobernada por la química, poco a poco nos vamos dando cuenta de que hay otros fenómenos muy relevantes que pueden determinar su funcionamiento, como es el caso de la mecánica cuántica, ya que cada vez parece estar más claro de que ciertas funciones cerebrales no están determinadas exclusivamente por reacciones químicas sino que también influyen en ellas determinados fenómenos cuánticos que aún no conocemos.

Este es solo un ejemplo de la falacia del conocimiento, porque reducir el cerebro a una máquina química nos puede llevar a cometer el error de pensar que podemos controlarlo simplemente sabiendo que sustancia suministrarle, por ejemplo para mejorar su capacidad para aprender, cuando la realidad es muchísimo más compleja de lo que parece a primera vista y por eso debemos evitar la arrogancia de pensar que todo se puede controlar por el mero hecho de creer que es posible.

A esta situación que nos lleva la realidad en la que vivimos en la que cada vez sabemos más sobre muchas cosas, podríamos llamarla inflación del conocimiento, porque frente a la manera de pensar que nos lleva a considerar que cuanto más sabemos mayor control podemos tener sobre las cosas y sobre las personas, la realidad nos devuelve como contrapartida que aún nos queda muchísimo por descubrir y mucho más por entender.

De esta forma lo que hasta ahora hemos denominado como sociedad del conocimiento debería pasar a llamarse como sociedad del desconocimiento, algo de lo que nos habló Félix Lozano en la presentación de la nueva era de TeamLabs y que representa muy bien la importancia que tiene saber hacer las preguntas en lugar de tener las respuestas.

Lo malo es que hablar de desconocimiento suena peyorativo y de hecho es terrible que haya aún mucha gente que no quiera aprender, que se acomode en la ignorancia, pero por otro lado los que amamos aprender y consideramos que la vida es un viaje de aprendizaje, tenemos que partir de la idea de que gracias al desconocimiento, o de la ignorancia, evitamos el error de basar nuestra estrategia en respuestas preconcebidas en lugar de en las preguntas que nos ayudan a avanzar.

Aprender a transitar la incertidumbre, es de lo que nos hablaba también Félix Lozano, como el remedio a ese engaño que supone pensar que tenemos las respuestas, en lugar de desarrollar la habilidad de explorar nuevas opciones, de experimentar nuevas formas de hacer las cosas, de ver el error como parte del aprendizaje y el obstáculo como parte del camino. Porque cuando aprendes a ver los problemas como oportunidades se derriban muchos prejuicios y se abren muchas puertas a una nueva forma de hacer las cosas.

¿Cómo puedo aprovechar esto a mi favor?

Ahora ya dejamos de filosofar y vamos a proponer algunas ideas prácticas para enfocar esta nueva forma de pensar:

  • Dale la vuelta: si alguien te hace una pregunta, no le des una respuesta, sino hazle una pregunta, como si fueras gallego. Qué mejor forma de entender realmente lo que te está preguntando y por qué lo está haciendo, que entablar una conversación. Si te preguntan y das una respuesta, se acabó la conversación. Si te preguntan y haces una pregunta, se inicia un diálogo y un proceso de entendimiento fundamental para llegar conjuntamente a obtener la mejor respuesta posible.
  • Haz lo contrario: como comentamos hace un tiempo convertirse en un «optimistic contrarian» puede ser una forma muy buena de progresar personalmente y profesionalmente, porque como dice la canción: solo los peces muertos siguen la corriente, o dicho de otra forma, dejarse llevar por lo que hace la masa es una de las mejores formas de navegar a la deriva. Así que cuando veas que todo el mundo sigue la corriente, te debes preguntar qué camino debes tomar tú en su lugar.
  • Explora la incertidumbre: exponte a nuevas experiencias, a nuevas personas, elige el camino menos transitado, ponte en situaciones incómodas, aprende lo que nadie quiere aprender, trabaja en lo que nadie quiere trabajar, aprende como si no hubiera un mañana, estudia filosofía, psicología, neurociencia o física cuántica, porque las respuestas no están en los libros de texto, la Wikipedia está aún por escribir.
  • Exponte a los estresores naturales: la naturaleza tiene mucho que enseñarnos, porque siempre nos hace más preguntas que las respuestas que nos ofrece. El Universo es tan vasto y complejo que el hombre nunca acabará de entenderlo en su totalidad. Si lo que nos hizo progresar como especie fue luchar contra la naturaleza hasta encontrar la comodidad, ahora nos hemos pasado de la raya, no solo por destruir la naturaleza sino por el exceso de comodidad ante todo, lo cual nos ha acabado amuermando.
  • Aprende como un niño: otra idea de Félix Lozano, los niños nacen con una capacidad infinita para aprender, pero la estructura social en la que les hacemos vivir poco a poco va coartando esa capacidad de aprender porque nos empeñamos en que memoricen las respuestas en lugar de dejarles que se sigan haciendo preguntas y vayan obteniendo las respuestas por sí mismos en ese fantástico proceso de aprendizaje que implica caerse una y otra vez hasta que aprendes a caminar. Volvamos a la infancia, cambiemos experiencia por experimentación.
  • Observa e imita: la humanidad no ha llegado tan lejos exclusivamente por su capacidad de innovación, sino sobre todo por su capacidad de observar lo que le rodea e imitar aquello que resulta exitoso, porque lo cierto es que hay muchas cosas que tenemos comprobado que funcionan, que conocemos perfectamente que ofrecen una utilidad y que vale la pena aprovechar. Con esta idea de hacerse preguntas y transitar la incertidumbre no se trata de empezar de cero todo el tiempo, porque podemos aprender muchísimo de lo que otros han aprendido en los miles de años de evolución del ser humano.

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Más talento y menos trabajo

Publicado el 07 marzo, 2019

«Oye, niño, ¿y tú qué quieres ser de mayor?». Nos resulta bastante obsoleta esta pregunta. Abogado, médico, bombero, astronauta, arquitecto… Las profesiones vocacionales pueden seguir teniendo sentido durante mucho tiempo, pero cada vez tendrán menos que ver con el concepto de trabajo y tomará más protagonismo el de talento. Un trabajo se aprende y se practica, pero el talento está más relacionado con factores intrínsecos como la genética, nuestra forma de ser, además del ambiente en el que nos desarrollamos, las cosas que nos motivan en nuestro entorno y la influencia que recibimos de las personas cercanas.

Durante muchísimo tiempo se le ha dado mucho más valor en la sociedad al trabajo que al talento, por eso la formación se concentra en inculcarnos conocimiento, pero muy poco en desarrollar nuestras habilidades. En esta nueva era digital en la que vivimos, en la sociedad del conocimiento, hace mucho que dejamos atrás cambios tan importantes como el que se produjo con la revolución industrial, en la que millones de personas dejaron de vivir en el campo, dedicados a la agricultura, para habitar en las ciudades trabajando en las fábricas. Esto que para los países occidentales ocurrió hace décadas, está sucediendo ahora también a nivel global, como podemos ver en este gráfico:

La siguiente etapa en este camino de evolución de la humanidad puede estar en un nuevo modelo de sociedad en la que el trabajo, tal y como ahora lo conocemos, cada vez sea menos importante para las personas, ya que pasará a estar mayoritariamente ejecutado por las máquinas. Unas máquinas que han sido programadas por personas para llevar a cabo las labores que hasta ahora realizaban ellas de forma mecánica.

En el año 2017 la revista médica BMJ Open publicó un estudio de carácter global en el que se mostraba que las consultas médicas de atención primaria duran de media menos de 5 minutos para la mitad de la población mundial, oscilando entre los 48 segundos en Bangladesh y los 22,5 minutos en Suecia. Como os podéis imaginar, si el trabajo de un médico consiste en atender a pacientes durante 8 horas al día en turnos de 5 minutos, claramente hay algo que falla en la forma en la que se concibe el trabajo a nivel sanitario, por poner un ejemplo.

Siguiendo con el tema de la salud, hace tiempo que se vienen haciendo pruebas con Inteligencia Artificial en las que se demuestra que una máquina puede resultar significativamente más eficiente en tareas como el análisis de imágenes para, por ejemplo, la detección del cáncer. Y como este, cada vez vamos a conocer más casos en los que las máquinas se imponen en determinados puestos hasta el momento limitados a las personas. Es tan simple como que ahora, en algún lugar del mundo, hay un programador especializado en Machine Learning que está trabajando para que esto ocurra.

Ante este escenario se hace cada vez más necesario un cambio en la estrategia con la que abordamos el tema del trabajo: ha llegado la hora de comenzar a enfocarnos en el talento.

Empecemos por la educación

Mucha gente piensa que cambiar la mentalidad de las personas cuando son adultas es mucho más complicado que cuando se encuentran en la infancia y están en las primeras etapas del aprendizaje. La realidad es que las transformaciones que se están produciendo en la sociedad debido al impacto de la tecnología son tan importantes que no podemos esperar a intervenir únicamente en la educación de la infancia y la juventud. Tendremos que hacerlo también con los adultos para poder fomentar el cambio de mentalidad que se necesita para afrontar con mejores garantías el futuro al que nos encaminamos.

«Nunca dejé que la escuela interfiriera con mi educación» Mark Twain.

En lo que al modelo educativo se refiere nos encontramos con que llevamos ya bastantes años hablando de la necesidad de cambio y adaptación a las necesidades reales de la sociedad o del mercado de trabajo, pero la realidad parece mostrar que estas transformaciones no se están produciendo con la suficiente intensidad y velocidad. Seguramente será porque los planes educativos con los que ahora contamos se siguen enfocando en el aprendizaje de materias y en la adquisición de conocimiento, pero muy poco en las habilidades, las destrezas y en el fomento del talento con el que cuenta cada persona para que pueda ser aquello en lo que destaque en el futuro.

Educar con la Inteligencia Artificial

Mientras seguimos en la búsqueda de esos nuevos modelos educativos que potencien el talento de las personas, también va a ser necesario empezar a considerar de qué forma podemos aprovechar la Inteligencia Artificial, sobre todo, aunque también otras tecnologías como la Realidad Virtual en el corto plazo o la Neurotecnología, más a largo plazo.

En lo que a Inteligencia Artificial se refiere, nos dirigimos a un futuro en el que los humanos amplificaremos nuestra inteligencia gracias a la tecnología. Al igual que han hecho los jugadores de ajedrez desde que Deep Blue venció a Gary Kasparov, empezar a trabajar junto a una Inteligencia Artificial nos puede ayudar a aprender más y mejor. Esto puede servirnos para más adelante pasar a un siguiente nivel, cuando ya seamos capaces de conectar nuestra mente con esa máquina dotada de inteligencia que se convertirá en nuestro asistente o complemento de cara al aprendizaje.

Sin duda, esto puede sonar muy futurista, pero también puede parecer cosa del futuro que en los colegios se enseñe Inteligencia Artificial, algo que ya es una realidad en China. Han introducido desde los primeros años de educación en la escuela una asignatura de IA, gracias a la cual los niños se pueden ir familiarizando con esta tecnología, que muy pronto empezarán a utilizar como consumidores, pero sobre todo a nivel profesional. La apuesta del gobierno chino por el desarrollo de esta tecnología es decidida y se refleja en iniciativas como esta. ¿No os parece que noticias como esta deberían hacernos pensar que en nuestras escuelas también podríamos empezar a trabajar con estos avances para mejorar la forma en la que aprenden los alumnos y para que cuando accedan al mercado laboral estén mejor preparados?

Por suerte en España se está empezando a trabajar también en este ámbito, con iniciativas como el Simposio de IA en Educación de la Fundación Maecenas que reúne a especialistas en IA con profesionales de la educación para trabajar en cómo la Inteligencia Artificial puede ayudarnos a mejorar en este ámbito.

Enseñar filosofía

Cuando hablamos de un futuro en el que la Inteligencia Artificial tenga tanta relevancia, mucha gente puede asustarse y realmente puede ser un problema si se pone en práctica de manera equivocada, enfocando todo ese desarrollo en la propia tecnología sin tener en cuenta los factores humanos. La manera de contrarrestar esta posible situación futura es por medio de la enseñanza de la filosofía y las humanidades.

Es fundamental que en el proceso educativo se trate la filosofía como una herramienta que nos puede ayudar a ser mejores personas y mejores profesionales. Porque ahora es una asignatura que se aprende y se olvida, pero la mayoría de las veces no produce ningún impacto en la vida de los estudiantes, más allá del aburrimiento y alguna que otra noche sin dormir para poder aprobar el examen del día siguiente.

En la escuela hay muchas cosas que no se enseñan o a las que no se les da la suficiente importancia, por ejemplo aspectos relacionados con la salud o con las finanzas. Está claro que esto se debe trabajar más en la familia, pero la escuela puede ser también un lugar de apoyo para aspectos que van a resultar tan importantes en la vida de las personas en su futuro. Y en lo que a filosofía se refiere, la escuela es un lugar ideal para leer las obras de los filósofos más influyentes. Y, por cierto, no sólo los occidentales: la filosofía oriental es muy poco tratada en nuestras escuelas y sin embargo es muy recomendable para entender cómo funciona el mundo y las personas.

Leer filosofía y, sobre todo, debatir sobre ella en el aula puede resultar muy valioso para la educación y la formación de los profesionales del futuro, que se van a enfrentar a retos en su trabajo equivalentes al que supuso en su momento el cambio desde el modelo productivo basado en la agricultura al industrial. Estas transformaciones son tan profundas que no pueden afrontarse exclusivamente desde el ámbito personal. Por este motivo resulta valioso «subirse a hombros de gigantes» para poder entender lo que nos sucede.

No nos olvidemos del arte

¿No os parece curioso que los expertos en Inteligencia Artificial estén dedicando tanto empeño en enseñar a las máquinas a crear arte? Música, pintura, cine… Si seguimos las noticias sobre los avances en Machine Learning descubriremos casos como el del software que es capaz de pintar obras como si se tratase de un discípulo de Rembrandt o el cuadro creado por una máquina que ha llegado a ser subastado por la prestigiosa Sotheby’s.

Si los que están desarrollando la Inteligencia Artificial se preocupan por enseñarles a crear arte, ¿no deberíamos trabajar más este aspecto desde la educación? No solo en el colegio, donde sí que se trabaja bastante este tema. ¿Por qué dejamos de desarrollar las habilidades artísticas cuando terminamos el colegio? Aquellos que cultivan esta habilidad pueden enfrentarse mejor a los retos que le surjan a nivel profesional, gracias al desarrollo de la creatividad y a la mayor sensibilidad que proporciona el haberse dedicado a las actividades artísticas.

Que la educación nunca acabe

Otro error que podemos estar cometiendo como sociedad, en lo relativo al modelo educativo, es considerar que la educación es algo que comienza en la escuela y acaba en la universidad, o más bien que es algo que ocurre exclusivamente en esas instituciones. El día que se fomente que el aprendizaje y la formación son algo que debe formar parte de nuestra vida a lo largo de todo nuestro desarrollo, estaremos ganando mucho como personas y como profesionales.

Esto de pasarse la vida aprendiendo y formándose es algo que tienen muy bien interiorizado los científicos. Su trabajo sería imposible sin dedicar una parte de su tiempo a aprender los descubrimientos y técnicas que van realizando otros compañeros de profesión, ya que es sobre esto sobre lo que a su vez construyen sus propias investigaciones. En las profesiones técnicas también es muy patente esta necesidad de estar aprendiendo siempre nuevas tecnologías, lenguajes o metodologías, para poder afrontar los retos cada vez más exigentes que exige el desarrollo tecnológico.

Pero ¿qué ocurre con el resto de profesiones? Pensemos, por ejemplo, en los profesores, que estudiaron una carrera en la que adquirieron muchos conocimientos, que luego demostraron a través de una oposición y que finalmente acaban enseñando a otras personas. ¿No debería un profesor dedicarse a aprender cada vez más para poder enseñar mejor? No cabe duda de que muchos así lo hacen, pero seguro que la mayoría se limitan a contar con la base necesaria para desarrollar su profesión. Si queremos que las cosas mejoren a nivel de educación, esto ahora ya no es una buena opción. Por suerte, desde que tenemos internet, con las plataformas de elearning como Coursera y Udemy, disponemos de un abanico infinito de posibilidades para seguir aprendiendo, de manera que podamos seguir mejorando como personas y profesionales.

Pero ¿por qué no se proponen los colegios y universidades seguir vinculados con sus alumnos en su futuro profesional? Cuando yo dejé mi colegio de toda la vida, nunca nadie me escribió o me llamó para ofrecerme seguir vinculado de alguna forma en lo que a educación se refiere. Simplemente alguien decidió que ya no me necesitaba como «cliente». Lo mismo en la universidad. ¿Por qué no se desarrollan planes de carrera en el largo plazo de manera que podamos seguir formándonos en estas instituciones a lo largo de toda nuestra vida profesional?

Especialmente ahora que muchas universidades tienen problemas para sobrevivir por la falta de alumnos. Sería una forma fantástica de seguir generando negocio gracias a la formación continua de profesionales, no sólo a través de posgrados o doctorados, sino de cursos específicos que ayuden a seguir mejorando en la profesión, ampliando y mejorando lo que se supone que se aprendió en la carrera.

¿Por qué tener un único trabajo?

Dejando un poco el tema de la educación para avanzar hacia el tema del trabajo, hay aspectos relacionados con el modo en el que enfocamos nuestra vida profesional que deberíamos empezar a cambiar para adaptarnos a los cambios que se van a producir como consecuencia del avance tecnológico. Podría empezar a estar obsoleto el modelo actual de trabajo que nos «obliga» a dedicarnos a una única labor 8 horas al día, 5 días a la semana, 20 días al mes y más de 200 días al año. Seguramente sería más motivador un modelo en el que podamos compaginar varios trabajos o proyectos, cambiar de actividad de vez en cuando y desarrollar varias habilidades. Aunque el foco sea algo muy importante para lograr la excelencia a nivel profesional, por otro lado estar siempre haciendo lo mismo puede resultar tedioso y acabar con nuestra creatividad.

Es cierto que en muchos puestos es habitual cambiar de actividad con mucha frecuencia, sobre todo si tenemos cierta responsabilidad, tenemos que coordinar las tareas de otras personas o nuestro rol depende de los proyectos que tengamos que desarrollar. Pero, en cualquier caso, a lo largo de los años puede notarse ese agotamiento. Cambiar de trabajo es una opción, lo cual hace unos años era muy poco habitual. Sin embargo, que una persona tenga varios trabajos a lo largo de su vida es ahora lo más normal.

Esa posibilidad de tener un trabajo alternativo o secundario puede aportarnos una frescura en nuestro camino laboral que haga que seamos más felices en nuestra profesión y, en general, en nuestra vida. Por eso cada vez se habla más del concepto de Side Project, una forma de avanzar o mejorar en temas profesionales que incluso puede ayudar también a la empresa a la que nos dedicamos. Es el famoso 20% del tiempo que dedican los trabajadores de Google a proyectos personales, que luego pueden convertirse en nuevos negocios de la empresa. Aquí se incluye también la actividad secundaria que realizan muchos profesionales que, además, son profesores, conferenciantes o escritores, entre muchas otras opciones.

Más talento y menos trabajo

Volvamos al título de este artículo para profundizar en la idea de darle más valor al talento que al trabajo. Cuando hablamos de trabajo nos referimos a dedicar una serie de horas al día a llevar a cabo una labor dentro de una empresa o de cualquier tipo de organización por la cual recibimos una remuneración. ¿No os parece que no tiene mucho sentido que todas las personas tengamos que trabajar exactamente ocho horas al día? ¿Es que todos los profesionales somos iguales en lo que se refiere a nuestra capacidad para sacar adelante labores, a nuestra productividad y a la creatividad? Al igual que hace tiempo en el ámbito educativo se viene hablando de que cada persona tiene un ritmo y forma de aprendizaje, con el trabajo debería ocurrir lo mismo.

En un futuro no muy lejano, en el que las personas cada vez tendremos que realizar menos tareas rutinarias porque habrá un software o robot que lo hará de una manera más eficiente que nosotros, lo que marcará la diferencia en relación con el trabajo será el talento, no el tiempo que dediquemos a nuestras tareas profesionales ni la experiencia que tengamos realizando determinadas labores. Entonces tomará mucha más relevancia la creatividad, la improvisación, la capacidad para resolver problemas y la forma en la que entendamos las necesidades de las personas, de los clientes o de nuestros compañeros de trabajo.

Por lo tanto, es importante que comencemos a darle más valor a todos estos aspectos, en lugar de a otros que hasta hace poco se consideraban prioritarios, como tener cierta titulación o experiencia. Cada vez adoptarán más valor las denominadas habilidades blandas, mientras que las otras poco a poco van a ir quedando en segundo plano.

Llegados a este punto muchos os podéis estar preguntando, me gusta este planteamiento, pero ¿cómo puedo comenzar a aplicarlo en mi trabajo o en mi empresa? Por suerte comenzamos a contar con herramientas que pueden resultarnos de gran utilidad en este proceso, como son las metodologías ágiles y especialmente una metodología de gestión del talento llamada OKR, de la que os hablaremos en próximos artículos de Futurizable.

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