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Café para todos

Publicado el 03 noviembre, 2022

El artículo de hoy va a ser un poco diferente ya que no vamos a hablar de metodologías ni de tecnologías, sino de algo menos concreto o práctico, aunque de vez en cuando no viene mal reflexionar sobre aquellas ideas que rondan en nuestra cabeza y que nos pueden ayudar a seguir mejorando como personas y como profesionales.

El tema sobre el que queríamos reflexionar es la razón por la cual en nuestra sociedad se valoran más las respuestas que las preguntas o dicho de otra forma, por qué aceptamos muchas respuestas como válidas sin haber pensando si eso es lo mejor para nosotros o para los que nos rodean.

Por ejemplo en lo que se refiere a valorar más las respuestas que las preguntas lo vemos claramente en el sistema educativo convencional, donde los alumnos aprueban si aportan las respuestas correctas pero no se valora ni se fomenta para nada que sean capaces de formular buenas preguntas. Del otro lado, en lo relativo a aceptar muchas respuestas como válidas vemos situaciones como la vuelta al trabajo presencial en empresas cuyos trabajadores realizan trabajo de oficina, que podrían seguir haciendo de manera remota, pero no se plantean cómo organizar el trabajo para enfocarse en objetivos que se puedan medir y no en tareas que se puedan supervisar.

Como te puedes imaginar, esta forma convencional de aprender y de trabajar, donde son más importantes las respuestas que las preguntas, están mucho más cerca de un modelo taylorista, donde la educación y el trabajo se organizan de manera supuestamente racional para maximizar su eficiencia, pero cometen el error de base de pensar que las personas somos como máquinas cuando aprendemos o trabajamos, lo cual dista mucho de la realidad.

Volviendo a hacernos preguntas, tendríamos que pensar al respecto de por qué todos cuando vamos a la escuela tenemos que aprender las mismas cosas o por qué cuando estamos en una empresa tenemos que trabajar 8 horas al día 5 días a la semana.

Pero como no somos capaces de responder satisfactoriamente a estas preguntas proponiendo modelos alternativos que realmente resulten satisfactorios para mucha gente, preferimos quedarnos como estamos y asumir las grandes limitaciones que para muchas personas suponen estos modelos basados en realidades e ideas que se han mostrado claramente obsoletas.

Por verlo con algunos ejemplos, en el sistema educativo tenemos desde hace años alternativas como el unschooling, el flipping classroom o el learning by doing, pero apenas se utilizan o incluso algunas no están permitidas por las autoridades, porque delegan demasiada responsabilidad en el aprendiz frente al que se ha otorgado el derecho de enseñar lo que considera que procede o es más conveniente.

En el ámbito del trabajo se produce la misma situación, porque por ejemplo desde que Tim Ferris publicó el libro La Semana Laboral de 4 Horas mucha gente ha sido consciente de que para tener éxito a nivel profesional no es necesario trabajar exactamente 8 horas al día 5 días a la semana, lo cual tampoco quiere decir que todo el mundo pueda ser exitoso trabajando muchas menos horas, pero al menos podemos plantearnos que puede haber otras opciones válidas más allá de la socialmente establecida en la era industrial.

Entonces el problema que nos encontramos en este punto es quién tiene la clave para salir de esta situación y evolucionar a un modelo mucho más flexible, adaptativo y personalizable, al que podríamos llamar modelo evolutivo, porque se parece mucho más a una visión de la persona que aprende y que trabaja, como ser vivo y racional, que como la máquina que muchas veces se espera que actúe siguiendo unas instrucciones u órdenes preestablecidas.

En este punto vale la pena recurrir a la filosofía para entender por qué se produce esta situación y especialmente tenemos que referirnos a las ideas de Thomas Hobbes que han tenido una gran influencia en cómo se ha organizado la sociedad occidental en los últimos siglos, especialmente en lo relativo a como se ostenta la autoridad, pero también en cómo se percibe la responsabilidad personal. Porque Hobbes abogaba por una idea mecanicista del ser humano, es decir, como una máquina natural sometida a la sucesión estricta de causas y efectos, teniendo como propiedades naturales el desear y obrar, deliberar y moverse, en función de la primera circunstancia que es el deseo.

Por lo tanto frente a esta visión de que las personas somos máquinas que aprendemos o máquinas que trabajamos, es lógico que haya mucha gente que piense que la mejor forma de organizar eficientemente el sistema educativo o el mercado de trabajo sea dando instrucciones, como se hace con una máquina, en lugar de pidiendo responsabilidad y facilitando la autonomía, como debería hacerse con las personas.

Esta situación ha llegado a ser tan extrema que algunos científicos aseguran que todo lo que ocurren en el ser humano es cuestión de química, que son las hormonas y otras sustancias químicas las que nos gobiernan, rechazando incluso que esto nos deje algún tipo de margen para actuar de la forma que comúnmente se ha denominado como racional. Y aunque es cierto que en nuestra actitud influyen infinidad de aspectos químicos y físicos, tanto internos como externos, por lo que no debemos destacar la influencia que por ejemplo tiene sobre nosotros nuestra propia microbiota, el error es reducirlo todo al extremo de que somos como máquinas con un manual de instrucciones del que algún día conoceremos todas las claves de su funcionamiento.

Por suerte la vida nos va a poniendo a cada uno en nuestro lugar y cada vez que se produce un descubrimiento, por ejemplo de cómo funciona el cerebro, este nos lleva a ser conscientes de todo lo que aún os falta por conocer, hasta el punto de pensar que sabemos mucho menos de lo que realmente nos queda aún por descubrir. Así por ejemplo vemos cómo cuando estudiamos al cerebro cómo una máquina gobernada por la química, poco a poco nos vamos dando cuenta de que hay otros fenómenos muy relevantes que pueden determinar su funcionamiento, como es el caso de la mecánica cuántica, ya que cada vez parece estar más claro de que ciertas funciones cerebrales no están determinadas exclusivamente por reacciones químicas sino que también influyen en ellas determinados fenómenos cuánticos que aún no conocemos.

Este es solo un ejemplo de la falacia del conocimiento, porque reducir el cerebro a una máquina química nos puede llevar a cometer el error de pensar que podemos controlarlo simplemente sabiendo que sustancia suministrarle, por ejemplo para mejorar su capacidad para aprender, cuando la realidad es muchísimo más compleja de lo que parece a primera vista y por eso debemos evitar la arrogancia de pensar que todo se puede controlar por el mero hecho de creer que es posible.

A esta situación que nos lleva la realidad en la que vivimos en la que cada vez sabemos más sobre muchas cosas, podríamos llamarla inflación del conocimiento, porque frente a la manera de pensar que nos lleva a considerar que cuanto más sabemos mayor control podemos tener sobre las cosas y sobre las personas, la realidad nos devuelve como contrapartida que aún nos queda muchísimo por descubrir y mucho más por entender.

De esta forma lo que hasta ahora hemos denominado como sociedad del conocimiento debería pasar a llamarse como sociedad del desconocimiento, algo de lo que nos habló Félix Lozano en la presentación de la nueva era de TeamLabs y que representa muy bien la importancia que tiene saber hacer las preguntas en lugar de tener las respuestas.

Lo malo es que hablar de desconocimiento suena peyorativo y de hecho es terrible que haya aún mucha gente que no quiera aprender, que se acomode en la ignorancia, pero por otro lado los que amamos aprender y consideramos que la vida es un viaje de aprendizaje, tenemos que partir de la idea de que gracias al desconocimiento, o de la ignorancia, evitamos el error de basar nuestra estrategia en respuestas preconcebidas en lugar de en las preguntas que nos ayudan a avanzar.

Aprender a transitar la incertidumbre, es de lo que nos hablaba también Félix Lozano, como el remedio a ese engaño que supone pensar que tenemos las respuestas, en lugar de desarrollar la habilidad de explorar nuevas opciones, de experimentar nuevas formas de hacer las cosas, de ver el error como parte del aprendizaje y el obstáculo como parte del camino. Porque cuando aprendes a ver los problemas como oportunidades se derriban muchos prejuicios y se abren muchas puertas a una nueva forma de hacer las cosas.

¿Cómo puedo aprovechar esto a mi favor?

Ahora ya dejamos de filosofar y vamos a proponer algunas ideas prácticas para enfocar esta nueva forma de pensar:

  • Dale la vuelta: si alguien te hace una pregunta, no le des una respuesta, sino hazle una pregunta, como si fueras gallego. Qué mejor forma de entender realmente lo que te está preguntando y por qué lo está haciendo, que entablar una conversación. Si te preguntan y das una respuesta, se acabó la conversación. Si te preguntan y haces una pregunta, se inicia un diálogo y un proceso de entendimiento fundamental para llegar conjuntamente a obtener la mejor respuesta posible.
  • Haz lo contrario: como comentamos hace un tiempo convertirse en un «optimistic contrarian» puede ser una forma muy buena de progresar personalmente y profesionalmente, porque como dice la canción: solo los peces muertos siguen la corriente, o dicho de otra forma, dejarse llevar por lo que hace la masa es una de las mejores formas de navegar a la deriva. Así que cuando veas que todo el mundo sigue la corriente, te debes preguntar qué camino debes tomar tú en su lugar.
  • Explora la incertidumbre: exponte a nuevas experiencias, a nuevas personas, elige el camino menos transitado, ponte en situaciones incómodas, aprende lo que nadie quiere aprender, trabaja en lo que nadie quiere trabajar, aprende como si no hubiera un mañana, estudia filosofía, psicología, neurociencia o física cuántica, porque las respuestas no están en los libros de texto, la Wikipedia está aún por escribir.
  • Exponte a los estresores naturales: la naturaleza tiene mucho que enseñarnos, porque siempre nos hace más preguntas que las respuestas que nos ofrece. El Universo es tan vasto y complejo que el hombre nunca acabará de entenderlo en su totalidad. Si lo que nos hizo progresar como especie fue luchar contra la naturaleza hasta encontrar la comodidad, ahora nos hemos pasado de la raya, no solo por destruir la naturaleza sino por el exceso de comodidad ante todo, lo cual nos ha acabado amuermando.
  • Aprende como un niño: otra idea de Félix Lozano, los niños nacen con una capacidad infinita para aprender, pero la estructura social en la que les hacemos vivir poco a poco va coartando esa capacidad de aprender porque nos empeñamos en que memoricen las respuestas en lugar de dejarles que se sigan haciendo preguntas y vayan obteniendo las respuestas por sí mismos en ese fantástico proceso de aprendizaje que implica caerse una y otra vez hasta que aprendes a caminar. Volvamos a la infancia, cambiemos experiencia por experimentación.
  • Observa e imita: la humanidad no ha llegado tan lejos exclusivamente por su capacidad de innovación, sino sobre todo por su capacidad de observar lo que le rodea e imitar aquello que resulta exitoso, porque lo cierto es que hay muchas cosas que tenemos comprobado que funcionan, que conocemos perfectamente que ofrecen una utilidad y que vale la pena aprovechar. Con esta idea de hacerse preguntas y transitar la incertidumbre no se trata de empezar de cero todo el tiempo, porque podemos aprender muchísimo de lo que otros han aprendido en los miles de años de evolución del ser humano.

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Ignorantes bienvenidos

Publicado el 29 septiembre, 2022

Talento – Aprendizaje – Liderazgo

Es genial la sensación que se siente cuando las cosas cuadran, cuando se cierra el círculo, ese momento en el que se unen los puntos. Porque este comienzo de curso estamos experimentando esa sensación al ver que confluyen en un mismo momento y lugar muchas de las iniciativas que hemos venido desarrollando en Sngular y Futurizable en los últimos años, como son el Observatorio de Talento Autónomo Descentralizado, el Observatorio de Aprendizaje de Alto Rendimiento y el Tech Team Leadership Lab.

Aunque ya tratamos este tema la semana pasada cuando hablamos del Servant Leadership de Sarah Harmon, hoy queremos darle otra vuelta de tuerca para hablar de Conscious Leadership, un término que hemos conocido gracias a Ricardo Forcano, que precisamente está trabajando para ayudar a que esta nueva forma de liderar o característica que tienen que tener los líderes, llegue también a las empresas con las que él trabaja, como es el caso de Sngular.

Aquí es interesante destacar que tanto el Servant Leadership como el Conscious Leadership nos hablan de la humildad como una de las características más destacables de un buen líder, una cualidad que ciertamente no está muy de moda, o que al menos no solemos asociar con los líderes, a los que es habitual asignar otros rasgos como la tenacidad, la elocuencia o la inteligencia.

Conscious Leadership

Ricardo Forcano nos explica qué es y cómo desarrollar un liderazgo consciente:

El nivel de conciencia del equipo de liderazgo ejerce una influencia multiplicadora sobre el resto de la organización, ya que el nivel de conciencia de una organización difícilmente puede ser superior al de su equipo de liderazgo. De manera similar, un aumento en la conciencia del equipo de liderazgo probablemente impulsará la conciencia del resto de la organización. El problema es que en ocasiones los miembros del equipo de liderazgo tienden a ser egocéntricos por haber tenido carreras muy exitosas y estar rodeados de equipos halagadores. Por lo tanto, aquellos líderes que sean capaces de avanzar en trascender sus egos y crecer en su conciencia pueden tener un gran impacto en sus organizaciones. Desde esta perspectiva, desarrollar un liderazgo consciente puede ser una forma muy eficaz de mejorar el funcionamiento de una organización y facilitar el surgimiento de su inteligencia colectiva aumentada . Podemos definir el liderazgo consciente como un tipo de liderazgo que se basa en la autoconciencia (saber quién eres) y la visión sistémica (entender el mundo como un sistema interconectado), que te lleva a trascender tu ego y desarrollar una vocación de servicio a otros.

Como vemos, el concious leadership coincide con el servant leadership en la vocación de servicio, pero no solo eso, sino que también nos habla del awareness como uno de los pilares a desarrollar por un buen líder: reconocer la necesidad de ser consciente de sí mismo y observar el  entorno para asegurarse de que sea adecuado para prosperar, desafiando aquello que no sea adecuado y trabajando para arreglarlo. Esto nos ayudará a conocer nuestras fortalezas y talentos, así como las debilidades y áreas de mejora, lo cual es esencial para nuestro propio crecimiento y desarrollo como líder en servicio. Del mismo modo es importante comprender las fortalezas y debilidades de nuestro equipo, ya sea en su conjunto y de cada una de las personas que lo conforman.

Gracias a esta comprensión sólida de nuestras propias capacidades y las capacidades de nuestro equipo, estaremos en una mejor posición para utilizarlas a nuestro favor y en beneficio de la organización. Sin embargo, la conciencia no debe limitarse solo a las capacidades individuales o del equipo, sino que también tenemos que ser capaces de entender cómo esto afecta a la cultura de la empresa y al clima en el entorno de trabajo, ya que cómo líderes tenemos que ser capaces de adaptarnos, empatizar y responder de manera adecuada a las necesidades que se puedan presentar.

Conócete a ti mismo

En la antigua Grecia, el Oráculo de Delfos, antes de plantear cualquier consulta a los dioses, obligaba al viajero a investigar su propia esencia. Este, y no otro, debía ser el punto de partida para comprender el mundo. Del mismo modo el liderazgo consciente nos propone que cual aspirante a alcanzar la sabiduría de los dioses, debemos partir también por hacer el ejercicio de conocernos a nosotros mismos.

Y así nos lo explica Ricardo Forcano: un líder consciente debe trabajar en la búsqueda de su identidad personal: esa identidad personal que lo define a sí mismo, se mantiene estable en el tiempo y se nutre de un entorno cambiante manteniendo su esencia. Esa identidad no depende de mi contexto profesional (ya que mi posición o mi carrera no definen quién soy) ni depende de mis conexiones profesionales (ya que no me defino por quién me reporto o quién me reporta) sino que, en última instancia, conecta con mi yo, con ese yo que queda ahí si dejo mi trabajo. En consecuencia, la primera y principal tarea de un líder es conocerse a sí mismo. El liderazgo consciente sólo puede surgir de saber quién soy, cómo me expreso y cuál es mi entelequia (el propósito intrínseco de mi Ser). Reflexionar sobre mis raíces (de dónde vengo) y mis valores (qué defiendo) me ayudará a comprender quién soy, cuál es mi propósito en la vida y qué tipo de líder quiero llegar a ser.

Ahora bien, ¿cómo se hace eso de conocernos a nosotros mismos? sin duda existen muchas formas de hacerlo y cada uno tiene que encontrar la que mejor le funciona. Algunos expertos en desarrollo personal recomiendan llevar un diario, algo que también recomendaban los filósofos estoicos, ya que nos permitirá reflexionar sobre aquellas cosas que nos van sucediendo en la vida, las cosas buenas y también las cosas malas. Solo por el hecho de escribirlas y dedicar un tiempo a pensar sobre ellas esto tendrá un resultado muy positivo para nosotros.

También la meditación puede resultar de gran utilidad para conocernos a nosotros mismos ya que todos necesitamos tiempo para parar, para respirar pausadamente y para asentar nuestros pensamientos. De esta forma a través de la meditación podremos ir observando nuestros pensamientos según van viniendo a nuestra cabeza y sin llegar a juzgarlos, poder ir formando una mejor conciencia al respecto de lo que nos importa, lo que nos interesa, lo que nos motiva o lo que nos preocupa.

Otras formas de conocerse a uno mismo podrían ser las que han sido desarrolladas como herramientas en el ámbito de la psicología, la sociología o la productividad y algunas de ellas son:

  • DISC es una herramienta creada por el William Marston que clasifica el comportamiento de las personas en cuatro tipos: dominancia (D), influencia (I), estabilidad (S) y cumplimiento (C). Como metodología de evaluación personal es utilizada para mejorar la productividad, la comunicación y el trabajo en equipo.
  • Belbin es una metodología desarrollada para identificar los tipos de roles en un equipo de trabajo, identificando los puntos fuertes y débiles del comportamiento de las personas con las que trabajas.
  • MBTI es una herramienta que permite clasificar los diferentes tipos de personalidad y que es muy utilizado en el ámbito de la psicología y del coaching.

Del mismo modo en el nivel de la organización también es importante que podamos realizar ciertas reflexiones al respecto de nuestra razón de ser, nuestra misión, visión, propósito y valores, algo que en TeamLabs se resume a través del concepto de los  Leading thoughts que son los principios fundacionales y rectores de la organización. En el sustrato filosófico de la organización son los valores practicables que sostenidos en el tiempo permiten construir los modelos mentales y las maneras de entender el trabajo y el mundo.

Ignorantes bienvenidos

Conocerse a sí mismo implica ser consciente, entre otras cosas, de nuestras fortalezas y debilidades. Lo de «solo se que no se nada» de Sócrates, lo explica perfectamente en una sola frase, ya que proviene de una de las personas más sabias de la antigüedad, posiblemente una de las primeras en ser consciente de la importancia de reconocer las limitaciones a la hora de iniciar un proceso de aprendizaje, ya que nada puede entrar en una mente que ya se cree llena de conocimiento.

Un ejemplo más reciente de esto y muy representativo de esto, lo encontramos en la idea anti biblioteca de Marcos Vazquez de Fitness Revolucionario, que es uno de los mejores divulgadores sobre salud, deporte, nutrición y filosofía de vida de habla hispana y sin embargo es totalmente consciente de que aún le queda mucho por aprender, como muestra esta reflexión por su parte:

Los libros que compro más los que me regalan superan con creces los que puedo leer. Cuando me agobio por todos los libros pendientes de leer pienso en el concepto de la anti biblioteca. Se refiere a nuestra colección de libros no leídos y que quizás nunca leamos. Visualizar todos los libros que nos quedan por leer nos recuerda que nos queda mucho por aprender. Tener una gran anti biblioteca nos hace más humildes intelectualmente y menos categóricos en nuestras afirmaciones. Muchos de nuestros problemas vienen de sobrevalorar lo que sabemos y subestimar lo que desconocemos. La anti biblioteca es el antídoto contra el exceso de confianza causado por un poco de conocimiento.

Algo similar lo he podido vivir personalmente en la inauguración del nuevo curso de TeamLabs que cumple ahora 10 años desde su puesta en marcha y donde el equipo de mentores que participamos en los diferentes programas de aprendizaje tuvimos la suerte de escuchar las palabras de Felix Lozano al respecto de todo lo que nos queda aún por aprender en este camino de reinvención de la universidad, en este propósito que nos hemos marcado de lograr que las universidades y las escuelas se conviertan en laboratorios de aprendizaje.

Todo eso que nos queda aún por aprender nos hace tener que reconocer que somos unos ignorantes, porque lo que sabemos es mucho menos que lo que no sabemos, porque no tenemos las respuestas, pero sí que nos hacemos un montón de preguntas, porque lo que estamos queriendo hacer se encuentra completamente en el terreno de lo inexplorado, es mucha la incertidumbre y son pocas las certezas que tenemos al respecto, más allá de las ganas de lograr la misión que nos hemos propuesto.

Y gracias a esta forma de ver las cosas logramos alejarnos de uno de los males de todos aquellos que se dedican al estudio para posteriormente intentar aplicar lo aprendido, lo que el premio Nobel de economía Friedrich Hayek denominó la pretensión del conocimiento que se explica así: para que el hombre no haga más mal que bien en sus esfuerzos por mejorar el orden social, deberá aprender que aquí, como en todos los demás campos donde prevalece la complejidad esencial organizada, no puede adquirir todo el conocimiento que permitirá el dominio de los acontecimientos. En consecuencia, tendrá que usar el conocimiento que pueda alcanzar, no para moldear los resultados como el artesano moldea sus obras, sino para cultivar el crecimiento mediante la provisión del ambiente adecuado, a la manera en que el jardinero actúa con sus plantas. En el sentimiento de excitación generado por el poderío siempre creciente engendrado por el adelanto de las ciencias físicas, y que tienta al hombre, existe el peligro de que éste, «embriagado de éxito», para usar una frase característica del comunismo inicial, trate de someter al control de una voluntad humana no sólo nuestro ambiente natural sino también el ambiente humano. En realidad, el reconocimiento de los límites insuperables de su conocimiento debiera enseñar al estudioso de la sociedad una lección de humildad que lo protegiera en contra de la posibilidad de convertirse en cómplice de la tendencia fatal de los hombres a controlar la sociedad, una tendencia que no sólo los convierte en tiranos de sus semejantes sino que puede llevarlos a destruir una civilización no diseñada por ningún cerebro, alimentada de los esfuerzos libres de millones de individuos.

Esa lección de humildad de la que habla Hayek es la que recibimos en el momento en el que nos confesamos como unos ignorantes, no porque no sepamos nada, sino porque conscientes de todo lo que nos queda aún por aprender no nos atrevemos a dar lecciones a nadie ni a imponer a los demás nuestra forma de pensar. De esta forma evitaremos la fatal arrogancia que manifiestan aquellos que se creen con la autoridad de decir otros lo que deben pensar o lo que deben hacer, en lugar de hablarles de lo que han aprendido y poner de manifiesto las dudas que tienen aún al respecto de cómo funcionan las cosas.

Por suerte la complejidad con la que funciona el mundo se encarga de que cada vez seamos más conscientes de que desconocemos mucho más de lo que sabemos, de que vivimos en la incertidumbre y de que lo importante en este punto es ser capaz de navegar por esa tempestad, en lugar de intentar controlarla.

El reto de la medición del impacto y el valor aportado

Reconocer lo que no sabemos y tener la humildad necesaria para afrontar un nuevo proceso de aprendizaje, por duro e infructuoso que pueda resultar, es fundamental para los que nos dedicamos a la innovación, ya que tenemos un reto muy importante por delante demostrar el impacto que estamos logrando y el valor que aportamos al cliente o al mercado. Porque el que se dedica a vender manzanas o tornillos, tiene muy clara la propuesta de valor y le resulta sencillo conocer la satisfacción que tienen sus clientes, pero cuando se trata de desarrollar nuevos productos o servicios esto resulta bastante más complicado.

Por ejemplo en Sngular, que nos dedicamos sobre todo al desarrollo de software para empresas, tenemos que confiar en que lo que nos pide el cliente o lo que decidimos conjuntamente que hay que desarrollar, realmente va a cumplir con unas expectativas o cubrir unas necesidades de un cliente final. Otras veces al tratarse de software a nivel interno tenemos que ver cómo esto mejora la eficiencia de la empresa o reduce algunos de los problemas que pueda tener.

Es por esto por lo que en el ámbito de las metodologías ágiles, que nacen con la necesidad de mejorar la forma en la que gestionamos proyectos y nos organizamos en equipo, también se insiste mucho en la importancia de maximizar la entrega de valor y hacerlo de manera rápida para poder validar con el cliente que realmente el producto que se está desarrollando realmente cumple con sus expectativas.

A partir de aquí es cuando comienza a complicarse la cosa porque cumplir con la expectativa del cliente no siempre significa que realmente estemos logrando aportar valor, por ejemplo si el producto tiene que ser utilizado por un cliente final. Esto puede ocurrir cuando la empresa para la que estamos trabajando tiene clientes cautivos, que están insatisfechos con el servicio que reciben de la empresa, pero no pueden o no quieren cambiarse de proveedor o si lo hacen tampoco están seguros de ir a mejorar.

Algo parecido lo encontramos en relación con el impacto ambiental, porque una vez que hemos llegado a la conclusión de que es importante reducir el impacto que realizamos con nuestra actividad en el entorno, aunque sea por el mero hecho de no molestar al resto de seres vivos con los que convivimos, lo siguiente que tenemos que pensar es cómo de molesta, nociva o contaminante está resultando nuestra actividad en relación con el valor que nos está aportando a nosotros o a otras personas.

Un ejemplo lo encontramos en las baterías de las vehículos eléctricos, porque una vez que habíamos llegado a la conclusión que era mejor tener un vehículo que no necesita quemar combustible con los efectos de contaminación de la atmósfera que eso supone, empezamos a ver que la fabricación de las baterías tiene otros inconvenientes a nivel de contaminación, por lo que se hace necesario desarrollar modelos o criterios que nos permitan tomar mejores decisiones al respecto del impacto generado.

Y aquí es donde nos quedamos por ahora, porque está resultando un viaje apasionante esto de ir descubriendo cada vez más cosas en relación con el talento, el aprendizaje y el liderazgo, a lo que habrá que ir añadiendo con el tiempo también el impacto/valor.

 

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