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¿Se ha perdido la maestría?

Publicado el 01 December, 2022

Cuando pienso en maestría lo primero que se me viene a la cabeza es un solo de guitarra de Angus Young en un concierto de AC/DC. Da igual la edad que tenga, el dinero que gane o que lleve corbata con pantalones cortos, si hay una muestra inequívoca de maestría es su manera de tocar la guitarra. Si no te gusta el Rock o Angus te parece demasiado macarra, observa cómo toca el piano Hania Rani, o piensa en tu músico favorito para reflexionar al respecto de por qué algunos artistas ganan tanto dinero y son admirados por tanta gente.

¿Se ha perdido la maestría?

En un músico es sencillo observar la maestría, como una gran habilidad y destreza para enseñar o realizar algo, pero ¿puede ocurrir lo mismo con otras profesiones? ¡sin duda!

En este punto me gustaría hablarte de Joe Kramer, a quién conocí gracias al libro Fluir de Mihaly Csikszentmihalyi que nos presenta a Joe como un hombre de sesenta y pocos años, que trabaja como soldador en una fábrica al sur de Chicago donde montaban vagones de ferrocarril. Unas doscientas personas trabajaban con Joe en tres estructuras enormes, oscuras, parecidas a hangares, donde las planchas de acero que pesan varias toneladas se manejan suspendidas en unas vías del techo, y se sueldan entre chorros de chispas a las plataformas del vagón. En el verano es un horno, en el invierno los vientos helados de la pradera aúllan en su interior. El sonido del choque del metal es siempre tan intenso que hay que gritar en la oreja de una persona para hacerse entender. Joe vino a Estados Unidos cuando tenía cinco años de edad; dejó la escuela después del cuarto grado. Había trabajado en este taller durante treinta años, pero nunca quiso llegar a ser capataz. Rechazó varios ascensos, argumentando que le gustaba ser un simple soldador y que se sentía más cómodo si no era el jefe de nadie. Aunque está en el escalafón más bajo de la jerarquía en la planta de montaje, todos conocen a Joe, y todos están de acuerdo en decir que él es la persona más importante de toda la fabrica. El director afirma que si hubieran cinco personas más como Joe, su planta sería la más eficiente en el negocio. Sus compañeros trabajadores decían que sin Joe tendrían que cerrar el taller al momento. La razón de su fama era simple: Joe aparentemente dominaba cada fase de todas las operaciones realizadas en la planta y era capaz de ponerse en el puesto de cualquiera si era necesario hacerlo. Además, podía arreglar cualquier avería de la maquinaria, desde las enormes grúas mecánicas a los minúsculos monitores electrónicos. Pero lo qué más sorprendía a la gente era que Joe no sólo podía desempeñar estas tareas, sino que realmente disfrutaba cuando le llamaban para hacerlas. Cuando se le preguntó cómo había aprendido a reparar instrumentos y motores complejos sin tener ningún tipo de preparación para ello, Joe dio una respuesta muy especial. Desde su niñez se había sentido fascinado por las máquinas de todo tipo. Especialmente por cualquier cosa que no funcionase adecuadamente: «Como cuando se averió la tostadora de mi madre. Me pregunté: “si yo fuese esa tostadora y no funcionase ¿qué provocaría el fallo?”». Encontró la avería y la arregló. Desde entonces siempre ha usado este método de identificación empática para aprender acerca de los sistemas mecánicos y reparar cada vez máquinas más complejas. Y la fascinación del descubrimiento no le ha abandonado nunca; ahora que ya está cerca de la jubilación, Joe todavía disfruta trabajando todos los días.

¿Te sientes identificado con Angus, Hania o Joe? a mi la verdad es que me encantaría alcanzar ese nivel de maestría en lo que hago y aunque me guste mucho mi trabajo, la verdad es que me veo muy lejos de ello. Es cierto que cuando te dedicas a la innovación o la divulgación es mucho más difícil cuantificar o valorar el nivel de maestría que cuando estás especializado en tocar la guitarra, el piano o soldar estructuras de acero, pero eso no quita para que muchas veces piense que debería estar más concentrado en leer y escribir en lugar de andar vagando de reunión en reunión o distraído consultando el correo electrónico o husmeando en las redes sociales.

¿Se puede medir la maestría?

Levantarse temprano, trabajar duro, encontrar petróleo. J. Paul Getty

Partiendo de la base de que todas las comparaciones son odiosas, sí que es cierto que cuando te fijas en las personas que destacan por la maestría en su trabajo o en la actividad que realizan, llama la atención el tiempo que han tenido que dedicar para lograrlo y mantenerse a ese nivel, algo que no encaja mucho con el criterio que seguimos la gran mayoría de los profesionales de trabajar 8 horas al día 5 días a la semana. Y vaya por delante que no estoy defendiendo la idea de que haya que matarse a trabajar, como promulga el mismísimo Elon Musk, pero sí que pienso que lo que nos falta a muchos profesionales es concentración, ni más ni menos.

No creo que alcanzar la maestría sea cuestión de echarle más horas, ni de enfocarnos en hacer una sola cosa, pero sí que me parece necesario que veamos nuestro trabajo como una práctica continuada y deliberada que debería estar enfocada en la aportación de valor y no en la generación de actividad. Aquí no cabe duda de que tener un propósito o una vocación ayudará muchísimo, aunque eso no quita para tener que dedicarle luego el tiempo que sea necesario.

Pero volvamos a Angus Young para explicarlo mejor. Cuando en un concierto está tocando la guitarra su actitud refleja que para él lo más importante es cómo está reaccionando el público, no el número de notas o acordes que está siendo capaz de tocar, el tiempo que está durando cada canción o el número de canciones que van a tocar en el concierto. Del mismo modo Joe Kramer cuando está en su trabajo estará pensando en la calidad de sus soldaduras y lo peligroso que sería que esas soldaduras fallasen, poniendo en riesgo incluso la vida de personas.

Los artesanos son otro buen ejemplo de maestría, especialmente aquellos que han logrado que los productos que fabrican perduren a lo largo del tiempo, viva representación del efecto Lindy, que explica que cuanto más tiempo sobrevive una tecnología o una moda, más tiempo va a perdudar en el futuro. Pero en este caso también tenemos que ser conscientes de que la maestría debería considerar la percepción por parte del cliente al respecto de lo que se está haciendo, lo cual hace que algos artesanos sean capaces de reinventarse para ofrecer al mercado algo que no pase de moda. Un ejemplo de ello, por si no sabes a qué me refiero es el fabricante de capas Seseña, que puede presumir de ser capaz de tener éxito vendiendo una prenda de ropa que la mayoría de la gente pensaría que ha quedad anticuada.

Así se alcanza la maestría

Vaya por delante que es un poco pretencioso ponernos a dar consejos aquí sobre cómo alcanzar la maestría, pero para que este artículo pueda aportar algo de valor y no quedarse en meras observaciones, al respecto de si se está perdiendo la maestría y cómo saber si la hemos alcanzado, vamos a intentar aportar algunas ideas que pueden servirnos para avanzar por este camino que tanto vale la pena recorrer.

  1. Foco: qué duda cabe que los maestros están enfocados en su trabajo, ya sea en el arte o el deporte es difícil encontrar gente que es muy buena en varias actividades, aunque sin duda existen excepciones, pero esa capacidad de estar tremendamente enfocado en una cosa ayuda enormemente a entrar en el flujo necesario para lograr la maestría.
  2. Consejo: la mayoría de la gente que ha llegado a ser muy buena haciendo algo ha tenido un maestro en el que inspirarse, además de que esa persona le haya podido acompañar como mentor a lo largo de todo el proceso de aprendizaje, hasta que el propio aprendiz se ha convertido a su vez en maestro de otros.
  3. Aceptar el error: cuando pretendes alcanzar la maestría en una actividad tienes que estar preparado para fracasar de manera reiterada y entender que esto es parte del camino hacia el éxito, de hecho si no cometes muchos errores quizás es que no te estás exponiendo lo suficiente a las experiencias de aprendizaje necesarias para mejorar.
  4. Disfruta la incertidumbre: ya que resulta tan difícil saber de antemano si podremos llegar a convertirnos en maestro en la actividad que queremos desarrollar, la incertidumbre va a convertirse en nuestra compañera de viaje y por lo tanto no solo tenemos que aprender a convivir con ella sino incluso disfrutar de su presencia.
  5. Aprende a desaprender: mucho cuidado con los sesgos de los que tan bien equipados venimos desde el nacimiento, porque pueden resultar muy valiosos para sobrevivir frente a una situación de peligro, pero son nuestro peor enemigo cuando se trata de avanzar en un proceso de mejora continua hasta alcanzar la excelencia.
  6. Cuídate: porque muchas veces cuando estás tan enfocado o en flujo puedes olvidarte de que para rendir adecuadamente es importante estar bien físicamente y por eso es tan importante preocuparse por tener un equilibrio en las actividades principales para sentirse bien, como la alimentación, el ejercicio físico, las relaciones sociales y el descanso.
  7. Abúrrete: qué mal queda decir que te aburres o cuando se lo escuchas a alguien, pero hemos llegado al punto de llenar tanto nuestra vida de cosas y de actividades que no dejamos espacio ni tiempo para que surja la magia. Una magia que puede llegar en el momento que menos esperas, aunque desde luego mucho mejor si te encuentra trabajando.
  8. No pienses: decía Sófocles que “no hay vida más bella que la de un hombre que no piensa; no pensar, ése es un mal verdaderamente llevadero”. Aunque esto hay que explicarlo porque entiendo que no se trata de que nunca pienses, sino de que al menos haya ratos en que no estés pensando, que dejes de lado las rumiaciones y simplemente te concentres en lo que estás haciendo.
  9. Ríete: sobre todo de ti mismo, aunque también con otros, ya que la alegría siempre va a ser un gran aliado para ayudarnos a mejorar en nuestro trabajo.  Cuando te ríes de ti mismo no solo estás aceptando el error sino que estás teniendo la humildad suficiente para entender que aún tienes mucho camino por recorrer, que siempre se puede dar un paso más para mejorar y en esas ganas de estar siempre aprendiendo es donde reside la clave del éxito.

¿Y tú cómo enfocas esto de la maestría? ¿Tienes un plan para alcanzarla o te conformas con ser uno más del montón? ¿Has reflexionado al respecto de tu propósito a nivel profesional? ¿Dedicas tiempo cada día a mejorar en tu trabajo? ¿Quién es ese maestro que te inspira y te hace ser consciente de todo lo que aún tienes por mejorar?

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