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Aprender a programar en un Bootcamp

Publicado el 13 junio, 2019

Vivimos en un mundo de grandes contrastes, donde mucha gente trabaja día a día por encontrar o crear un poco de orden y otra mucha gente simplemente se deja llevar o incluso colabora con la entropía, añadiendo aún más complejidad al sistema. Cuando empiezas a intentar entender un poco cómo funciona nuestro cerebro, te das cuenta de por qué ocurre esta situación: las personas somos una caja de sorpresas, nuestra mente puede funcionar de miles de formas diferentes y llevarnos a situaciones completamente surrealistas. Esto que, así leído, puede sonar muy extraño, es la conclusión a la que llego al estar leyendo el libro ‘Focus’, de Daniel Goleman.

Pero hoy no hemos venido a hablar de psicología ni de neurociencia, sino de aprender a programar, algo que a mí me ha dado pie a pensar en esa situación anteriormente comentada, en la que nos encontramos con que hay una brecha entre las necesidades del mercado de contar con profesionales que se dediquen a programar frente al interés de muchas personas por aprovechar esta oportunidad.

Un caso que refleja muy bien esta experiencia personal de Andrew Callahan, en un artículo dedicado a explicar la historia de los bootcamps:

«Cuando estábamos poniendo en marcha nuestra propia startup de software, nos resultó casi imposible encontrar desarrolladores que trabajasen para nosotros. Era más fácil convencer a los inversores de que nos dieran dinero que convencer a los desarrolladores de que nos quitaran dinero en forma de salario. El software se está comiendo el mundo, y como resultado hay un apetito creciente y aparentemente insaciable por el talento técnico. Al mismo tiempo, la cantidad de nuevos graduados en ciencias de la computación y visas H1B emitidas no se mantiene. Además, el sistema educativo se centra en gran medida en la teoría y no enseña las habilidades prácticas que la industria exige».

Lo que está ocurriendo entonces es que frente a muchas otras profesiones de alta cualificación en donde el modelo estándar consiste en realizar una carrera universitaria para poder dedicarse posteriormente a una profesión, o como mucho realizar estudios de formación profesional. En el caso de la profesión de desarrollador de software el autoaprendizaje se vuelve tan necesario que hace que mucha gente se plantee la necesidad de estudiar por largos periodos de tiempo, en lugar de empezar a poner en práctica cuanto antes lo aprendido en cursos de pequeña duración, como son los bootcamps. Un problema añadido a esto es que las tecnologías relacionadas con la programación cambian y evolucionan tan rápido que los planes de estudio de las universidades son incapaces de responder adecuadamente, por lo que muchos estudiantes ven que tienen que aprender tecnologías y lenguajes que están obsoletos y nunca podrían utilizar a nivel profesional. Por lo tanto, frente a la opción de estudiar una carrera durante años, donde habrá una parte de conceptos informáticos y teoría de computación que sí que puede ser muy valiosa, pero donde lo que falla es la parte más relacionada con la puesta en práctica, tiene todo el sentido buscar modelos más flexibles que permitan a la gente formarse en tecnologías concretas que pueden empezar a utilizar desde el primer momento.

Lo que las empresas están percibiendo en relación con la formación que ofrecen los Bootcamps se ve muy bien reflejado en esta entrevista a José Martín-Corral, recruiter en Carto:

«Los cursos de programación tipo Bootcamp permiten acceder al mundo del desarrollo a gente que de otra manera no se lo habría planteado y que ve más fácil hacer un curso de nueve semanas que una formación profesional o una carrera. El nivel adquirido pasados cinco o diez años es el de alguien salido de una carrera. Un curso no te prepara igual que dos, cuatro o cinco años de formación pero sí les da las herramientas necesarias para empezar a trabajar. La experiencia trabajando es muchísimo más valiosa que cualquier curso».

Del lado de los estudiantes o alumnos también vale la pena conocer experiencias como la de Fran Bosquet, que tras realizar un bootcamp en Ironhack trabaja ahora como desarrollador en una startup de Palo Alto llamada Joined:

«Hay muy buenas razones para enrolarse en un bootcamp. Como antiguo alumno de Ironhack podría mencionar la enorme red de contactos que formas, los conocimientos que adquieres, los amigos que haces y, en general, la fantástica experiencia que vives. Pero mentiría si negara que mi razón principal, si volviese atrás en el tiempo y tuviera que volver a tomar la decisión, seguiría siendo la misma: entrar en el mercado laboral de la programación».

Ahora, de cara a conocer de primera mano cómo funcionan los Bootcamps y cómo preparan a sus alumnos para responder a las necesidades del mercado, os dejamos con la entrevista que hemos realizado a María López-Obrero, de Wild Code School.

Para trabajar como programador las empresas cada vez están dando menos importancia a los títulos y más al conocimiento. ¿Cómo preparáis en Wild Code School a vuestros alumnos para que logren los conocimientos reales que son necesarios para trabajar como desarrollar en una empresa?

La preparación que hacemos en Wild Code School es muy intensiva, precisamente con ese objetivo que indicas. Para mejorar su conocimiento y habilidades técnicas, nuestros alumnos empiezan a trabajar en proyectos desde el primer día. A veces se sorprenden porque quieren primero escuchar teoría pero, desde nuestra experiencia, esto no es siempre lo más eficiente. Es clave darles un proyecto sobre el que trabajar y con el que aprenden desde el principio a medida que construyen. Por supuesto, cuentan con instrucciones y con la ayuda de los formadores.

La formación dura cinco meses (o diez en el curso part-time), por lo que tendrán que realizar tres proyectos, uno de ellos real y que consiste en crear un prototipo para una empresa externa. Se reunirán con esa empresa como si fueran clientes de verdad, tendrán que organizarse internamente para cumplir plazos y finalmente tendrán que entregar un proyecto terminado de calidad.

En segundo lugar, nos aseguramos que desde el principio incorporan en su trabajo semanal la metodología Agile-SCRUM. Realizamos rituales como stand-up diarias, retrospectivas… Así, garantizamos que aprenden a organizarse su tiempo de forma eficiente, acostumbrándose al trabajo de un equipo de desarrolladores en el mundo real.

Por último, y quizá lo más importante para ellos, es que les inculcamos un alto nivel de autoexigencia y autoaprendizaje. En la escuela estamos para guiarles, para aclarar sus dudas a medida que profundizan… pero su aprendizaje aquí solo dura unos meses y luego tienen que salir al mundo laboral, donde tendrán que ser profesionales con recursos. Por ello, les insistimos e incluso empujamos para que cojan las riendas de su propio aprendizaje, ya que la capacidad de adaptación y reciclaje es de lo más valorado por las empresas tecnológicas.

¿Cuáles son las principales necesidades que os transmiten las empresas sobre la formación que esperan que tengan los candidatos para trabajar como desarrolladores?

Depende mucho de la empresa, pero hay algunas necesidades comunes, no siempre de naturaleza técnica.

Diría que la necesidad más común es la de que los candidatos tengan capacidad de aprendizaje y sean autónomos. Muchas empresas forman a los estudiantes cuando los contratan y son conscientes de que son junior, por lo que esta es una habilidad importante.

En cuanto a necesidades técnicas, las empresas pedirán unas u otras, dependiendo del stack que ellas mismas utilicen. En este momento, hay gran demanda de programadores que conozcan React, o Vue.js para el front, o Node.js para el back, por lo que nos encontramos con esta petición a menudo.

Otra necesidad común es que los candidatos sean versátiles. Por esta razón, alguien que conozca tanto el back como el front-end es mucho más atractivo para las empresas. Son profesionales adaptables que pueden realizar labores tanto en una como en otra parte, unificar el trabajo de sus compañeros, o especializarse. Por eso en nuestro programa le damos tanta importancia al full stack.

¿En tu opinión cuáles son las principales diferencias al respecto de la formación sobre programación que se recibe en una universidad y la que ofrece una escuela de bootcamps como Wild Code School?

Aunque hay muchas consideraciones, la principal diferencia es la especificidad. Un bootcamp es intensivo y enseña habilidades técnicas muy actualizadas y aplicables inmediatamente.

En la universidad, te formas durante cuatro o cinco años con más profundidad, pero en gran medida sobre una base teorética. El objetivo de la carrera es dar a los estudiantes conocimientos científicos en el campo informático. La programación se estudia con el propósito de entender otras áreas (sistemas operativos, algoritmos, machine learning, interacción humano-máquina… ). Desde luego, una carrera te dará una mayor base y comprensión de los sistemas, pero no te dará necesariamente conocimientos actualizados en programación.

Las empresas buscan diferentes perfiles, desde desarrolladores que puedan solucionar problemas específicos desde el principio, a ingenieros que se ocupen de la innovación, la arquitectura y la investigación dentro de la empresa. En función de eso, demandará profesionales formados de una y otra forma.

Para construir un edificio, no hace falta que todos los implicados estudien arquitectura.

¿Cómo de fácil es que una persona con una carrera universitaria en la que no hay buenas salidas profesionales se recicle para convertirse en programador donde sí que hay mucho trabajo?

En este momento hay mucha necesidad de perfiles técnicos, en concreto desarrolladores, por lo que ahora es fácil reciclarse y cada vez existen más programas con este fin. Todo dependerá de la capacidad, la motivación y el tiempo disponible que tenga cada uno. No es fácil, desde luego. Un bootcamp supone una inversión de tiempo y, sobre todo, de esfuerzo considerable. De ahí su nombre, que viene del entrenamiento militar… Pero sí, es posible. La velocidad y calidad con que uno se forme dependerá mucho de su propia motivación y del tiempo que le dedique a la práctica. Aproximadamente un 13 % de desarrolladores declara haberse formado por cuenta propia, pero no todo el mundo tiene esa capacidad. Es ahí donde entra el rol de los bootcamps, donde se ofrece apoyo y sobre todo guía.

¿Qué se hace específicamente en una escuela como Wild Code School para ayudar a los alumnos a encontrar trabajo?

Esta es mi pregunta favorita, porque es precisamente parte de lo que implica mi trabajo. Tomamos varias acciones. El primer paso es revisar el CV de los alumnos y perfiles profesionales como LinkedIn. Les ayudo a pulirlos y a que sean adecuados para la nueva profesión que han escogido. Tras una primera revisión, realizo sesiones de coaching individuales con ellos. Es importante saber sus preferencias: ¿qué tipo de empresas les atraen? ¿Qué sector? ¿Quieren quedarse en Madrid o se plantean mudarse a otra ciudad? ¿Les gusta más el front o el back-end? En esas sesiones individuales, les asesoro también sobre soft skills en las que trabajar. Les doy pequeños ejercicios que practican conmigo, desde cómo responder a una preguntas en una entrevista de trabajo, a cómo hablar en público, mejorar su inglés…

Una vez tenemos sus perfiles depurados y aclaramos sus preferencias, empezamos a buscar trabajo contactando con empresas dentro o fuera de nuestra red de contactos. Muchas de esas empresas, además, nos envían con asiduidad ofertas de trabajo que divulgamos entre los alumnos actuales y los ya graduados. Por ello, contamos con una bolsa de trabajo a la que pertenecen de por vida.

Además, al tener escuelas por toda Europa, mis compañeros en otras ciudades pueden ayudar a los alumnos del campus de Madrid a encontrar trabajo fuera. Lo bonito de Wild Code School es que somos una comunidad muy cohesionada que piensa en términos globales.

¿Podrías decirnos cómo es el perfil tipo de alumno de vuestro bootcamp?

Los perfiles son muy diversos, pero diría que en un gran porcentaje contamos con profesionales que en un momento dado han decidido cambiar de carrera. También hay personas desempleadas, recién graduados, o emprendedores que quieren poner en pie su proyecto tecnológico.

¿Qué pasa con el tema las mujeres programadoras? ¿Realmente es tan complicado despertar las vocaciones tecnológicas entre las mujeres?

Sí que es complicado, al menos de momento. Este es un problema de la educación que recibimos. A las chicas siempre se nos ha concebido en profesiones relacionadas con el cuidado de los demás (Medicina, Enfermería) y de Humanidades (Derecho, idiomas…). Nosotras mismas nos lo creemos desde pequeñas y nos convencemos sin saberlo de que la tecnología no es para nosotras. Es curioso, pero yo lo veo en el día a día. En mi red de contactos profesionales, en el apartado “desarrollador” o “ingeniero” el 90 % son hombres. En cambio, el 90 % en RRHH son mujeres… Esto habla por sí solo.

Otra cosa que hemos notado en nuestra experiencia con los estudiantes, es que los chicos son mucho más echados para adelante a la hora de tomar riesgos. Creen más en sus propios recursos a la hora de enfrentarse a algo nuevo, como un puesto de trabajo o proyecto. Las chicas, en cambio, tendemos a pensar que no estamos preparadas, o que necesitamos un poco más de tiempo para estarlo. O nos da más miedo equivocarnos. Esto implica que muchas menos chicas se lanzan a retos como aceptar una oferta de trabajo de más responsabilidad, cambiar de carrera, decantarse por una profesión tecnológica, etc.

En Wild Code School contamos con un 30 % de chicas estudiando en nuestras escuelas en Europa. En Madrid, donde concedimos becas a mujeres, el porcentaje es aún mayor. Creo que iniciativas así son importantes, pero no lo son todo. Hay que fomentar el cambio desde los colegios y las familias, hay que hacer visibles ejemplos de mujeres que trabajan en este ámbito y que las niñas que aún se están formando vean libre este camino.

Y para terminar con este artículo os dejamos un par de recomendaciones de cara a descubrir los principales Bootcamps de programación que se realizan en el mundo, a través de los comparadores Switchup y Coursereport.

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