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Aprender a programar en un Bootcamp

Publicado el 13 junio, 2019

Vivimos en un mundo de grandes contrastes, donde mucha gente trabaja día a día por encontrar o crear un poco de orden y otra mucha gente simplemente se deja llevar o incluso colabora con la entropía, añadiendo aún más complejidad al sistema. Cuando empiezas a intentar entender un poco cómo funciona nuestro cerebro, te das cuenta de por qué ocurre esta situación: las personas somos una caja de sorpresas, nuestra mente puede funcionar de miles de formas diferentes y llevarnos a situaciones completamente surrealistas. Esto que, así leído, puede sonar muy extraño, es la conclusión a la que llego al estar leyendo el libro ‘Focus’, de Daniel Goleman.

Pero hoy no hemos venido a hablar de psicología ni de neurociencia, sino de aprender a programar, algo que a mí me ha dado pie a pensar en esa situación anteriormente comentada, en la que nos encontramos con que hay una brecha entre las necesidades del mercado de contar con profesionales que se dediquen a programar frente al interés de muchas personas por aprovechar esta oportunidad.

Un caso que refleja muy bien esta experiencia personal de Andrew Callahan, en un artículo dedicado a explicar la historia de los bootcamps:

«Cuando estábamos poniendo en marcha nuestra propia startup de software, nos resultó casi imposible encontrar desarrolladores que trabajasen para nosotros. Era más fácil convencer a los inversores de que nos dieran dinero que convencer a los desarrolladores de que nos quitaran dinero en forma de salario. El software se está comiendo el mundo, y como resultado hay un apetito creciente y aparentemente insaciable por el talento técnico. Al mismo tiempo, la cantidad de nuevos graduados en ciencias de la computación y visas H1B emitidas no se mantiene. Además, el sistema educativo se centra en gran medida en la teoría y no enseña las habilidades prácticas que la industria exige».

Lo que está ocurriendo entonces es que frente a muchas otras profesiones de alta cualificación en donde el modelo estándar consiste en realizar una carrera universitaria para poder dedicarse posteriormente a una profesión, o como mucho realizar estudios de formación profesional. En el caso de la profesión de desarrollador de software el autoaprendizaje se vuelve tan necesario que hace que mucha gente se plantee la necesidad de estudiar por largos periodos de tiempo, en lugar de empezar a poner en práctica cuanto antes lo aprendido en cursos de pequeña duración, como son los bootcamps. Un problema añadido a esto es que las tecnologías relacionadas con la programación cambian y evolucionan tan rápido que los planes de estudio de las universidades son incapaces de responder adecuadamente, por lo que muchos estudiantes ven que tienen que aprender tecnologías y lenguajes que están obsoletos y nunca podrían utilizar a nivel profesional. Por lo tanto, frente a la opción de estudiar una carrera durante años, donde habrá una parte de conceptos informáticos y teoría de computación que sí que puede ser muy valiosa, pero donde lo que falla es la parte más relacionada con la puesta en práctica, tiene todo el sentido buscar modelos más flexibles que permitan a la gente formarse en tecnologías concretas que pueden empezar a utilizar desde el primer momento.

Lo que las empresas están percibiendo en relación con la formación que ofrecen los Bootcamps se ve muy bien reflejado en esta entrevista a José Martín-Corral, recruiter en Carto:

«Los cursos de programación tipo Bootcamp permiten acceder al mundo del desarrollo a gente que de otra manera no se lo habría planteado y que ve más fácil hacer un curso de nueve semanas que una formación profesional o una carrera. El nivel adquirido pasados cinco o diez años es el de alguien salido de una carrera. Un curso no te prepara igual que dos, cuatro o cinco años de formación pero sí les da las herramientas necesarias para empezar a trabajar. La experiencia trabajando es muchísimo más valiosa que cualquier curso».

Del lado de los estudiantes o alumnos también vale la pena conocer experiencias como la de Fran Bosquet, que tras realizar un bootcamp en Ironhack trabaja ahora como desarrollador en una startup de Palo Alto llamada Joined:

«Hay muy buenas razones para enrolarse en un bootcamp. Como antiguo alumno de Ironhack podría mencionar la enorme red de contactos que formas, los conocimientos que adquieres, los amigos que haces y, en general, la fantástica experiencia que vives. Pero mentiría si negara que mi razón principal, si volviese atrás en el tiempo y tuviera que volver a tomar la decisión, seguiría siendo la misma: entrar en el mercado laboral de la programación».

Ahora, de cara a conocer de primera mano cómo funcionan los Bootcamps y cómo preparan a sus alumnos para responder a las necesidades del mercado, os dejamos con la entrevista que hemos realizado a María López-Obrero, de Wild Code School.

Para trabajar como programador las empresas cada vez están dando menos importancia a los títulos y más al conocimiento. ¿Cómo preparáis en Wild Code School a vuestros alumnos para que logren los conocimientos reales que son necesarios para trabajar como desarrollar en una empresa?

La preparación que hacemos en Wild Code School es muy intensiva, precisamente con ese objetivo que indicas. Para mejorar su conocimiento y habilidades técnicas, nuestros alumnos empiezan a trabajar en proyectos desde el primer día. A veces se sorprenden porque quieren primero escuchar teoría pero, desde nuestra experiencia, esto no es siempre lo más eficiente. Es clave darles un proyecto sobre el que trabajar y con el que aprenden desde el principio a medida que construyen. Por supuesto, cuentan con instrucciones y con la ayuda de los formadores.

La formación dura cinco meses (o diez en el curso part-time), por lo que tendrán que realizar tres proyectos, uno de ellos real y que consiste en crear un prototipo para una empresa externa. Se reunirán con esa empresa como si fueran clientes de verdad, tendrán que organizarse internamente para cumplir plazos y finalmente tendrán que entregar un proyecto terminado de calidad.

En segundo lugar, nos aseguramos que desde el principio incorporan en su trabajo semanal la metodología Agile-SCRUM. Realizamos rituales como stand-up diarias, retrospectivas… Así, garantizamos que aprenden a organizarse su tiempo de forma eficiente, acostumbrándose al trabajo de un equipo de desarrolladores en el mundo real.

Por último, y quizá lo más importante para ellos, es que les inculcamos un alto nivel de autoexigencia y autoaprendizaje. En la escuela estamos para guiarles, para aclarar sus dudas a medida que profundizan… pero su aprendizaje aquí solo dura unos meses y luego tienen que salir al mundo laboral, donde tendrán que ser profesionales con recursos. Por ello, les insistimos e incluso empujamos para que cojan las riendas de su propio aprendizaje, ya que la capacidad de adaptación y reciclaje es de lo más valorado por las empresas tecnológicas.

¿Cuáles son las principales necesidades que os transmiten las empresas sobre la formación que esperan que tengan los candidatos para trabajar como desarrolladores?

Depende mucho de la empresa, pero hay algunas necesidades comunes, no siempre de naturaleza técnica.

Diría que la necesidad más común es la de que los candidatos tengan capacidad de aprendizaje y sean autónomos. Muchas empresas forman a los estudiantes cuando los contratan y son conscientes de que son junior, por lo que esta es una habilidad importante.

En cuanto a necesidades técnicas, las empresas pedirán unas u otras, dependiendo del stack que ellas mismas utilicen. En este momento, hay gran demanda de programadores que conozcan React, o Vue.js para el front, o Node.js para el back, por lo que nos encontramos con esta petición a menudo.

Otra necesidad común es que los candidatos sean versátiles. Por esta razón, alguien que conozca tanto el back como el front-end es mucho más atractivo para las empresas. Son profesionales adaptables que pueden realizar labores tanto en una como en otra parte, unificar el trabajo de sus compañeros, o especializarse. Por eso en nuestro programa le damos tanta importancia al full stack.

¿En tu opinión cuáles son las principales diferencias al respecto de la formación sobre programación que se recibe en una universidad y la que ofrece una escuela de bootcamps como Wild Code School?

Aunque hay muchas consideraciones, la principal diferencia es la especificidad. Un bootcamp es intensivo y enseña habilidades técnicas muy actualizadas y aplicables inmediatamente.

En la universidad, te formas durante cuatro o cinco años con más profundidad, pero en gran medida sobre una base teorética. El objetivo de la carrera es dar a los estudiantes conocimientos científicos en el campo informático. La programación se estudia con el propósito de entender otras áreas (sistemas operativos, algoritmos, machine learning, interacción humano-máquina… ). Desde luego, una carrera te dará una mayor base y comprensión de los sistemas, pero no te dará necesariamente conocimientos actualizados en programación.

Las empresas buscan diferentes perfiles, desde desarrolladores que puedan solucionar problemas específicos desde el principio, a ingenieros que se ocupen de la innovación, la arquitectura y la investigación dentro de la empresa. En función de eso, demandará profesionales formados de una y otra forma.

Para construir un edificio, no hace falta que todos los implicados estudien arquitectura.

¿Cómo de fácil es que una persona con una carrera universitaria en la que no hay buenas salidas profesionales se recicle para convertirse en programador donde sí que hay mucho trabajo?

En este momento hay mucha necesidad de perfiles técnicos, en concreto desarrolladores, por lo que ahora es fácil reciclarse y cada vez existen más programas con este fin. Todo dependerá de la capacidad, la motivación y el tiempo disponible que tenga cada uno. No es fácil, desde luego. Un bootcamp supone una inversión de tiempo y, sobre todo, de esfuerzo considerable. De ahí su nombre, que viene del entrenamiento militar… Pero sí, es posible. La velocidad y calidad con que uno se forme dependerá mucho de su propia motivación y del tiempo que le dedique a la práctica. Aproximadamente un 13 % de desarrolladores declara haberse formado por cuenta propia, pero no todo el mundo tiene esa capacidad. Es ahí donde entra el rol de los bootcamps, donde se ofrece apoyo y sobre todo guía.

¿Qué se hace específicamente en una escuela como Wild Code School para ayudar a los alumnos a encontrar trabajo?

Esta es mi pregunta favorita, porque es precisamente parte de lo que implica mi trabajo. Tomamos varias acciones. El primer paso es revisar el CV de los alumnos y perfiles profesionales como LinkedIn. Les ayudo a pulirlos y a que sean adecuados para la nueva profesión que han escogido. Tras una primera revisión, realizo sesiones de coaching individuales con ellos. Es importante saber sus preferencias: ¿qué tipo de empresas les atraen? ¿Qué sector? ¿Quieren quedarse en Madrid o se plantean mudarse a otra ciudad? ¿Les gusta más el front o el back-end? En esas sesiones individuales, les asesoro también sobre soft skills en las que trabajar. Les doy pequeños ejercicios que practican conmigo, desde cómo responder a una preguntas en una entrevista de trabajo, a cómo hablar en público, mejorar su inglés…

Una vez tenemos sus perfiles depurados y aclaramos sus preferencias, empezamos a buscar trabajo contactando con empresas dentro o fuera de nuestra red de contactos. Muchas de esas empresas, además, nos envían con asiduidad ofertas de trabajo que divulgamos entre los alumnos actuales y los ya graduados. Por ello, contamos con una bolsa de trabajo a la que pertenecen de por vida.

Además, al tener escuelas por toda Europa, mis compañeros en otras ciudades pueden ayudar a los alumnos del campus de Madrid a encontrar trabajo fuera. Lo bonito de Wild Code School es que somos una comunidad muy cohesionada que piensa en términos globales.

¿Podrías decirnos cómo es el perfil tipo de alumno de vuestro bootcamp?

Los perfiles son muy diversos, pero diría que en un gran porcentaje contamos con profesionales que en un momento dado han decidido cambiar de carrera. También hay personas desempleadas, recién graduados, o emprendedores que quieren poner en pie su proyecto tecnológico.

¿Qué pasa con el tema las mujeres programadoras? ¿Realmente es tan complicado despertar las vocaciones tecnológicas entre las mujeres?

Sí que es complicado, al menos de momento. Este es un problema de la educación que recibimos. A las chicas siempre se nos ha concebido en profesiones relacionadas con el cuidado de los demás (Medicina, Enfermería) y de Humanidades (Derecho, idiomas…). Nosotras mismas nos lo creemos desde pequeñas y nos convencemos sin saberlo de que la tecnología no es para nosotras. Es curioso, pero yo lo veo en el día a día. En mi red de contactos profesionales, en el apartado “desarrollador” o “ingeniero” el 90 % son hombres. En cambio, el 90 % en RRHH son mujeres… Esto habla por sí solo.

Otra cosa que hemos notado en nuestra experiencia con los estudiantes, es que los chicos son mucho más echados para adelante a la hora de tomar riesgos. Creen más en sus propios recursos a la hora de enfrentarse a algo nuevo, como un puesto de trabajo o proyecto. Las chicas, en cambio, tendemos a pensar que no estamos preparadas, o que necesitamos un poco más de tiempo para estarlo. O nos da más miedo equivocarnos. Esto implica que muchas menos chicas se lanzan a retos como aceptar una oferta de trabajo de más responsabilidad, cambiar de carrera, decantarse por una profesión tecnológica, etc.

En Wild Code School contamos con un 30 % de chicas estudiando en nuestras escuelas en Europa. En Madrid, donde concedimos becas a mujeres, el porcentaje es aún mayor. Creo que iniciativas así son importantes, pero no lo son todo. Hay que fomentar el cambio desde los colegios y las familias, hay que hacer visibles ejemplos de mujeres que trabajan en este ámbito y que las niñas que aún se están formando vean libre este camino.

Y para terminar con este artículo os dejamos un par de recomendaciones de cara a descubrir los principales Bootcamps de programación que se realizan en el mundo, a través de los comparadores Switchup y Coursereport.

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Más talento y menos trabajo

Publicado el 07 marzo, 2019

«Oye, niño, ¿y tú qué quieres ser de mayor?». Nos resulta bastante obsoleta esta pregunta. Abogado, médico, bombero, astronauta, arquitecto… Las profesiones vocacionales pueden seguir teniendo sentido durante mucho tiempo, pero cada vez tendrán menos que ver con el concepto de trabajo y tomará más protagonismo el de talento. Un trabajo se aprende y se practica, pero el talento está más relacionado con factores intrínsecos como la genética, nuestra forma de ser, además del ambiente en el que nos desarrollamos, las cosas que nos motivan en nuestro entorno y la influencia que recibimos de las personas cercanas.

Durante muchísimo tiempo se le ha dado mucho más valor en la sociedad al trabajo que al talento, por eso la formación se concentra en inculcarnos conocimiento, pero muy poco en desarrollar nuestras habilidades. En esta nueva era digital en la que vivimos, en la sociedad del conocimiento, hace mucho que dejamos atrás cambios tan importantes como el que se produjo con la revolución industrial, en la que millones de personas dejaron de vivir en el campo, dedicados a la agricultura, para habitar en las ciudades trabajando en las fábricas. Esto que para los países occidentales ocurrió hace décadas, está sucediendo ahora también a nivel global, como podemos ver en este gráfico:

La siguiente etapa en este camino de evolución de la humanidad puede estar en un nuevo modelo de sociedad en la que el trabajo, tal y como ahora lo conocemos, cada vez sea menos importante para las personas, ya que pasará a estar mayoritariamente ejecutado por las máquinas. Unas máquinas que han sido programadas por personas para llevar a cabo las labores que hasta ahora realizaban ellas de forma mecánica.

En el año 2017 la revista médica BMJ Open publicó un estudio de carácter global en el que se mostraba que las consultas médicas de atención primaria duran de media menos de 5 minutos para la mitad de la población mundial, oscilando entre los 48 segundos en Bangladesh y los 22,5 minutos en Suecia. Como os podéis imaginar, si el trabajo de un médico consiste en atender a pacientes durante 8 horas al día en turnos de 5 minutos, claramente hay algo que falla en la forma en la que se concibe el trabajo a nivel sanitario, por poner un ejemplo.

Siguiendo con el tema de la salud, hace tiempo que se vienen haciendo pruebas con Inteligencia Artificial en las que se demuestra que una máquina puede resultar significativamente más eficiente en tareas como el análisis de imágenes para, por ejemplo, la detección del cáncer. Y como este, cada vez vamos a conocer más casos en los que las máquinas se imponen en determinados puestos hasta el momento limitados a las personas. Es tan simple como que ahora, en algún lugar del mundo, hay un programador especializado en Machine Learning que está trabajando para que esto ocurra.

Ante este escenario se hace cada vez más necesario un cambio en la estrategia con la que abordamos el tema del trabajo: ha llegado la hora de comenzar a enfocarnos en el talento.

Empecemos por la educación

Mucha gente piensa que cambiar la mentalidad de las personas cuando son adultas es mucho más complicado que cuando se encuentran en la infancia y están en las primeras etapas del aprendizaje. La realidad es que las transformaciones que se están produciendo en la sociedad debido al impacto de la tecnología son tan importantes que no podemos esperar a intervenir únicamente en la educación de la infancia y la juventud. Tendremos que hacerlo también con los adultos para poder fomentar el cambio de mentalidad que se necesita para afrontar con mejores garantías el futuro al que nos encaminamos.

«Nunca dejé que la escuela interfiriera con mi educación» Mark Twain.

En lo que al modelo educativo se refiere nos encontramos con que llevamos ya bastantes años hablando de la necesidad de cambio y adaptación a las necesidades reales de la sociedad o del mercado de trabajo, pero la realidad parece mostrar que estas transformaciones no se están produciendo con la suficiente intensidad y velocidad. Seguramente será porque los planes educativos con los que ahora contamos se siguen enfocando en el aprendizaje de materias y en la adquisición de conocimiento, pero muy poco en las habilidades, las destrezas y en el fomento del talento con el que cuenta cada persona para que pueda ser aquello en lo que destaque en el futuro.

Educar con la Inteligencia Artificial

Mientras seguimos en la búsqueda de esos nuevos modelos educativos que potencien el talento de las personas, también va a ser necesario empezar a considerar de qué forma podemos aprovechar la Inteligencia Artificial, sobre todo, aunque también otras tecnologías como la Realidad Virtual en el corto plazo o la Neurotecnología, más a largo plazo.

En lo que a Inteligencia Artificial se refiere, nos dirigimos a un futuro en el que los humanos amplificaremos nuestra inteligencia gracias a la tecnología. Al igual que han hecho los jugadores de ajedrez desde que Deep Blue venció a Gary Kasparov, empezar a trabajar junto a una Inteligencia Artificial nos puede ayudar a aprender más y mejor. Esto puede servirnos para más adelante pasar a un siguiente nivel, cuando ya seamos capaces de conectar nuestra mente con esa máquina dotada de inteligencia que se convertirá en nuestro asistente o complemento de cara al aprendizaje.

Sin duda, esto puede sonar muy futurista, pero también puede parecer cosa del futuro que en los colegios se enseñe Inteligencia Artificial, algo que ya es una realidad en China. Han introducido desde los primeros años de educación en la escuela una asignatura de IA, gracias a la cual los niños se pueden ir familiarizando con esta tecnología, que muy pronto empezarán a utilizar como consumidores, pero sobre todo a nivel profesional. La apuesta del gobierno chino por el desarrollo de esta tecnología es decidida y se refleja en iniciativas como esta. ¿No os parece que noticias como esta deberían hacernos pensar que en nuestras escuelas también podríamos empezar a trabajar con estos avances para mejorar la forma en la que aprenden los alumnos y para que cuando accedan al mercado laboral estén mejor preparados?

Por suerte en España se está empezando a trabajar también en este ámbito, con iniciativas como el Simposio de IA en Educación de la Fundación Maecenas que reúne a especialistas en IA con profesionales de la educación para trabajar en cómo la Inteligencia Artificial puede ayudarnos a mejorar en este ámbito.

Enseñar filosofía

Cuando hablamos de un futuro en el que la Inteligencia Artificial tenga tanta relevancia, mucha gente puede asustarse y realmente puede ser un problema si se pone en práctica de manera equivocada, enfocando todo ese desarrollo en la propia tecnología sin tener en cuenta los factores humanos. La manera de contrarrestar esta posible situación futura es por medio de la enseñanza de la filosofía y las humanidades.

Es fundamental que en el proceso educativo se trate la filosofía como una herramienta que nos puede ayudar a ser mejores personas y mejores profesionales. Porque ahora es una asignatura que se aprende y se olvida, pero la mayoría de las veces no produce ningún impacto en la vida de los estudiantes, más allá del aburrimiento y alguna que otra noche sin dormir para poder aprobar el examen del día siguiente.

En la escuela hay muchas cosas que no se enseñan o a las que no se les da la suficiente importancia, por ejemplo aspectos relacionados con la salud o con las finanzas. Está claro que esto se debe trabajar más en la familia, pero la escuela puede ser también un lugar de apoyo para aspectos que van a resultar tan importantes en la vida de las personas en su futuro. Y en lo que a filosofía se refiere, la escuela es un lugar ideal para leer las obras de los filósofos más influyentes. Y, por cierto, no sólo los occidentales: la filosofía oriental es muy poco tratada en nuestras escuelas y sin embargo es muy recomendable para entender cómo funciona el mundo y las personas.

Leer filosofía y, sobre todo, debatir sobre ella en el aula puede resultar muy valioso para la educación y la formación de los profesionales del futuro, que se van a enfrentar a retos en su trabajo equivalentes al que supuso en su momento el cambio desde el modelo productivo basado en la agricultura al industrial. Estas transformaciones son tan profundas que no pueden afrontarse exclusivamente desde el ámbito personal. Por este motivo resulta valioso «subirse a hombros de gigantes» para poder entender lo que nos sucede.

No nos olvidemos del arte

¿No os parece curioso que los expertos en Inteligencia Artificial estén dedicando tanto empeño en enseñar a las máquinas a crear arte? Música, pintura, cine… Si seguimos las noticias sobre los avances en Machine Learning descubriremos casos como el del software que es capaz de pintar obras como si se tratase de un discípulo de Rembrandt o el cuadro creado por una máquina que ha llegado a ser subastado por la prestigiosa Sotheby’s.

Si los que están desarrollando la Inteligencia Artificial se preocupan por enseñarles a crear arte, ¿no deberíamos trabajar más este aspecto desde la educación? No solo en el colegio, donde sí que se trabaja bastante este tema. ¿Por qué dejamos de desarrollar las habilidades artísticas cuando terminamos el colegio? Aquellos que cultivan esta habilidad pueden enfrentarse mejor a los retos que le surjan a nivel profesional, gracias al desarrollo de la creatividad y a la mayor sensibilidad que proporciona el haberse dedicado a las actividades artísticas.

Que la educación nunca acabe

Otro error que podemos estar cometiendo como sociedad, en lo relativo al modelo educativo, es considerar que la educación es algo que comienza en la escuela y acaba en la universidad, o más bien que es algo que ocurre exclusivamente en esas instituciones. El día que se fomente que el aprendizaje y la formación son algo que debe formar parte de nuestra vida a lo largo de todo nuestro desarrollo, estaremos ganando mucho como personas y como profesionales.

Esto de pasarse la vida aprendiendo y formándose es algo que tienen muy bien interiorizado los científicos. Su trabajo sería imposible sin dedicar una parte de su tiempo a aprender los descubrimientos y técnicas que van realizando otros compañeros de profesión, ya que es sobre esto sobre lo que a su vez construyen sus propias investigaciones. En las profesiones técnicas también es muy patente esta necesidad de estar aprendiendo siempre nuevas tecnologías, lenguajes o metodologías, para poder afrontar los retos cada vez más exigentes que exige el desarrollo tecnológico.

Pero ¿qué ocurre con el resto de profesiones? Pensemos, por ejemplo, en los profesores, que estudiaron una carrera en la que adquirieron muchos conocimientos, que luego demostraron a través de una oposición y que finalmente acaban enseñando a otras personas. ¿No debería un profesor dedicarse a aprender cada vez más para poder enseñar mejor? No cabe duda de que muchos así lo hacen, pero seguro que la mayoría se limitan a contar con la base necesaria para desarrollar su profesión. Si queremos que las cosas mejoren a nivel de educación, esto ahora ya no es una buena opción. Por suerte, desde que tenemos internet, con las plataformas de elearning como Coursera y Udemy, disponemos de un abanico infinito de posibilidades para seguir aprendiendo, de manera que podamos seguir mejorando como personas y profesionales.

Pero ¿por qué no se proponen los colegios y universidades seguir vinculados con sus alumnos en su futuro profesional? Cuando yo dejé mi colegio de toda la vida, nunca nadie me escribió o me llamó para ofrecerme seguir vinculado de alguna forma en lo que a educación se refiere. Simplemente alguien decidió que ya no me necesitaba como «cliente». Lo mismo en la universidad. ¿Por qué no se desarrollan planes de carrera en el largo plazo de manera que podamos seguir formándonos en estas instituciones a lo largo de toda nuestra vida profesional?

Especialmente ahora que muchas universidades tienen problemas para sobrevivir por la falta de alumnos. Sería una forma fantástica de seguir generando negocio gracias a la formación continua de profesionales, no sólo a través de posgrados o doctorados, sino de cursos específicos que ayuden a seguir mejorando en la profesión, ampliando y mejorando lo que se supone que se aprendió en la carrera.

¿Por qué tener un único trabajo?

Dejando un poco el tema de la educación para avanzar hacia el tema del trabajo, hay aspectos relacionados con el modo en el que enfocamos nuestra vida profesional que deberíamos empezar a cambiar para adaptarnos a los cambios que se van a producir como consecuencia del avance tecnológico. Podría empezar a estar obsoleto el modelo actual de trabajo que nos «obliga» a dedicarnos a una única labor 8 horas al día, 5 días a la semana, 20 días al mes y más de 200 días al año. Seguramente sería más motivador un modelo en el que podamos compaginar varios trabajos o proyectos, cambiar de actividad de vez en cuando y desarrollar varias habilidades. Aunque el foco sea algo muy importante para lograr la excelencia a nivel profesional, por otro lado estar siempre haciendo lo mismo puede resultar tedioso y acabar con nuestra creatividad.

Es cierto que en muchos puestos es habitual cambiar de actividad con mucha frecuencia, sobre todo si tenemos cierta responsabilidad, tenemos que coordinar las tareas de otras personas o nuestro rol depende de los proyectos que tengamos que desarrollar. Pero, en cualquier caso, a lo largo de los años puede notarse ese agotamiento. Cambiar de trabajo es una opción, lo cual hace unos años era muy poco habitual. Sin embargo, que una persona tenga varios trabajos a lo largo de su vida es ahora lo más normal.

Esa posibilidad de tener un trabajo alternativo o secundario puede aportarnos una frescura en nuestro camino laboral que haga que seamos más felices en nuestra profesión y, en general, en nuestra vida. Por eso cada vez se habla más del concepto de Side Project, una forma de avanzar o mejorar en temas profesionales que incluso puede ayudar también a la empresa a la que nos dedicamos. Es el famoso 20% del tiempo que dedican los trabajadores de Google a proyectos personales, que luego pueden convertirse en nuevos negocios de la empresa. Aquí se incluye también la actividad secundaria que realizan muchos profesionales que, además, son profesores, conferenciantes o escritores, entre muchas otras opciones.

Más talento y menos trabajo

Volvamos al título de este artículo para profundizar en la idea de darle más valor al talento que al trabajo. Cuando hablamos de trabajo nos referimos a dedicar una serie de horas al día a llevar a cabo una labor dentro de una empresa o de cualquier tipo de organización por la cual recibimos una remuneración. ¿No os parece que no tiene mucho sentido que todas las personas tengamos que trabajar exactamente ocho horas al día? ¿Es que todos los profesionales somos iguales en lo que se refiere a nuestra capacidad para sacar adelante labores, a nuestra productividad y a la creatividad? Al igual que hace tiempo en el ámbito educativo se viene hablando de que cada persona tiene un ritmo y forma de aprendizaje, con el trabajo debería ocurrir lo mismo.

En un futuro no muy lejano, en el que las personas cada vez tendremos que realizar menos tareas rutinarias porque habrá un software o robot que lo hará de una manera más eficiente que nosotros, lo que marcará la diferencia en relación con el trabajo será el talento, no el tiempo que dediquemos a nuestras tareas profesionales ni la experiencia que tengamos realizando determinadas labores. Entonces tomará mucha más relevancia la creatividad, la improvisación, la capacidad para resolver problemas y la forma en la que entendamos las necesidades de las personas, de los clientes o de nuestros compañeros de trabajo.

Por lo tanto, es importante que comencemos a darle más valor a todos estos aspectos, en lugar de a otros que hasta hace poco se consideraban prioritarios, como tener cierta titulación o experiencia. Cada vez adoptarán más valor las denominadas habilidades blandas, mientras que las otras poco a poco van a ir quedando en segundo plano.

Llegados a este punto muchos os podéis estar preguntando, me gusta este planteamiento, pero ¿cómo puedo comenzar a aplicarlo en mi trabajo o en mi empresa? Por suerte comenzamos a contar con herramientas que pueden resultarnos de gran utilidad en este proceso, como son las metodologías ágiles y especialmente una metodología de gestión del talento llamada OKR, de la que os hablaremos en próximos artículos de Futurizable.

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El futuro de la educación pasa por la personalización

Publicado el 10 noviembre, 2017

Si queremos aprovechar al máximo las utilidades que nos ofrecen las tecnologías exponenciales para construir un futuro próspero para la humanidad, en el que seamos capaces de hacer desaparecer los problemas actuales, como pueden ser las enfermedades incurables, el deterioro del medio ambiente y el calentamiento global del planeta, debemos profundizar en las razones por las que aunque tenemos multitud de recursos y tecnologías a nuestra disposición, no estamos siendo capaces de usarlas en todo su potencial para mejorar esos problemas.  Sigue leyendo -> «El futuro de la educación pasa por la personalización»

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Reflexiones sobre el futuro de la educación

Publicado el 13 agosto, 2017

Colaboración de José Navalpotro, CEO de Fundación Maecenas, para el libro Futurizable

La Educación debe adaptar sus objetivos a la sociedad en la que los individuos que se benefician de ella se desarrollan. Si esto no es así, la Escuela se queda sin sentido social. José Navalpotro

Un tipo valiente este Javier. Poner sobre la mesa un libro de estas características, es retrotraerse a la época de Julio Verne, y proponer al lector una visión del mundo que viene con unos inevitables tintes de futuro que para muchos de nosotros puede ser difícil de entender, creer y asumir. Sigue leyendo -> «Reflexiones sobre el futuro de la educación»

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Las tecnologías más relevantes para el futuro de la humanidad

Publicado el 20 enero, 2017

Si el siglo XX estuvo marcado por tecnologías como las telecomunicaciones y la informática, en el siglo XXI, gracias a invenciones como Internet, estamos ampliando significativamente el rango de posibilidades al respecto de cómo la tecnología se integra en nuestras vidas, hasta el punto de convertirnos en una especie evolucionada de los seres humanos. Cuando cada vez haya más personas que se propongan una integración de la tecnología dentro de su cuerpo, para convertirse en cyborgs o cuando muchas personas decidan dejar de habitar en la Tierra, para explorar el espacio, el género humano habrá dado un nuevo salto en su evolución, que le llevará a afrontar retos y buscar oportunidades, que hasta ahora tan sólo formaban parte de la ciencia ficción. Los sueños de los autores futuristas comienzan a hacerse realidad en el momento en el que muchas tecnologías se vuelven exponenciales, saliendo del laboratorio para comenzar a aplicarse en todo tipo de situaciones de nuestra vida cotidiana. De esta forma las tecnologías que hasta hace poco estaban restringidas al ámbito científico, espacial o militar, llegan ahora a nuestras vidas con aplicaciones tan concretas como el uso de nanotecnología para crear productos que repelen el agua en los limpiaparabrisas de los coches o el uso de robots y drones para el reparto de productos a domicilio. Sigue leyendo -> «Las tecnologías más relevantes para el futuro de la humanidad»

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Ya está todo inventado

Publicado el 25 noviembre, 2016

Cuenta una leyenda urbana, que en el año 1899 el director de la Oficina de Patentes de los Estados Unidos dimitió de su cargo y recomendó cerrar dicha oficina, porque pensaba que todo lo que podía ser inventado ya estaba inventado. Es probable que esta historia sea únicamente una buena forma de representar a todos aquellos que en algún momento han menospreciado la capacidad de innovación del ser humano, o de los que incluso deciden no apoyar las nuevas invenciones porque consideran que no son beneficiosas para la humanidad.

En Futurizable cada semana damos a conocer un buen número de iniciativas tecnológicas que están ayudando a resolver los grandes problemas que tiene nuestro mundo y en esta ocasión vamos a mostrar aquellos inventos más novedosos que se están introduciendo en los principales sectores de la economía:  Sigue leyendo -> «Ya está todo inventado»

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Niños decididos a acabar con el cáncer

Publicado el 29 julio, 2016

La charla más vista de la historia de TED es una obra maestra realizada por Ken Robinson, que ha sido vista más de 40 millones de veces y en la que explica por qué piensa que las escuelas matan la creatividad. En mi opinión Ken Robinson cuando realizó esta charla en 2006 fue demasiado políticamente correcto, porque también podía haber dicho que las escuelas son máquinas diseñadas para educar personas mediocres. Estoy convencido de que las escuelas son muy necesarias, porque los niños deben dedicar una parte de su tiempo a trabajar, guiados por la figura de un profesor y colaborando con otros niños, pero también pienso que el sistema educativo actual prepara a los niños para vivir en un mundo que ya no existe, un mundo que forma parte del pasado. Esta es la razón por la que existe un gran fracaso escolar y por la que estos jóvenes cuando llegan al mercado laboral se encuentran con una situación de paro que ya resulta endémica. A todo esto hay que sumar el gran deterioro que se está produciendo en el mercado laboral debido a la baja productividad que existe en las empresas, que se han quedado ancladas en el siglo pasado, que no son capaces de afrontar con éxito la transformación digital tan necesaria, sobreviviendo a costa de pagar sueldos inferiores a los que se cobraban hace 30 años. Sigue leyendo -> «Niños decididos a acabar con el cáncer»

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Por qué debemos enseñar a los niños a programar

Publicado el 20 mayo, 2016

Programar o ser programado, es el provocador título que utiliza el escritor Douglas Rushkoff en uno de sus libros, para hacernos reflexionar sobre la importancia de ser capaces de controlar la tecnología, en el mundo digital en el que vivimos y sobre la necesidad de aprender a programar, para no estar a merced de las decisiones de los que van a programar todo aquello que vamos a utilizar en el futuro, porque todo, o casi todo, lo que vamos a usar, o consumir, va a ser digital y va a estar programado de alguna u otra forma. Para muchas personas será ya tarde para aprender a programar debido a su edad o preparación académica, igual que muchas personas no han llegado a aprender inglés, porque no lo estudiaron en el colegio y no lo necesitaron, porque no tuvieron nunca que viajar al extranjero. Al igual que en estos momentos, en plena globalización, el inglés resulta fundamental para cualquier estudiante que quiere lograr una carrera exitosa en su vida, la programación será una habilidad fundamental para aquellos que quieran ser relevantes en la era digital que ahora comienza.  Sigue leyendo -> «Por qué debemos enseñar a los niños a programar»

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